En busca de la fauna salvaje holandesa

Puede ser desde una colmena de afanadas abejas hasta una manada de ungulados: a los que vivimos en las regiones más urbanizadas de uno de los países más densamente poblados del mundo, estas estampas de naturaleza salvaje nos resultan de ciencia ficción. Pero lo cierto es que los Países Bajos es también uno de los países pioneros en “rewilding” o en cómo dejar que la naturaleza recupere su estado salvaje. No exento de controversias, como las suscitadas en torno al parque nacional Oostvaardersplassen, este proceso implica, paradójicamente, una intervención humana a gran escala, con el fin de lograr el equilibrio adecuado – nunca perfecto – del ecosistema que se pretende recuperar. Desde hace varias décadas, Holanda se ha puesto en marcha y ha reintroducido especies como el castor o el ciervo, quienes han encontrado en el parque Biesbosch o el Hoge Veluwe su hábitat natural. Y con la noticia, en 2019, de los primeros lobeznos nacidos en estado salvaje al este del país, la fantasía empieza a hacer el resto y algunos ya imaginan unos Países Bajos habitados por linces, chacales y alces. Pero volviendo a la cruda realidad, a pesar de no ser este un país de fauna exuberante, existen espacios naturales donde poder disfrutar de la naturaleza menos intervenida, y en la que el visitante, si tiene suerte, podrá toparse con jabalíes, corzos, castores, ciervos o focas. Los “big five“, como les denomina la organización estatal de protección de los espacios naturales (Staatsbosbeheer), han vuelto para quedarse. Y nosotros hemos ido en su búsqueda.

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