Cuando Holanda quiso recrear la naturaleza salvaje

Como si de una reserva salvaje de un país lejano se tratase, la película “De Nieuwe Wildernis” arranca con la imagen bucólica de una manada de ungulados pastando apaciblemente al amanecer. Premiado con un Gouden Kalf en 2014, el galardón de cinematografía más importante de Holanda, el largometraje dio a conocer al gran público un espacio natural único en Holanda: Oostvaardersplassen. En un territorio dos veces mayor que la provincia de Haarlem, donde hace cincuenta años había mar, hoy habitan una treintena de especies de aves y miles de ciervos, caballos Konik y toros de Heck, en estado salvaje. Pero lo que parece un milagro de la naturaleza es para muchos un experimento fallido de grandes proporciones, algo que no tenía que haber pasado.

Todo comenzó en 1968, cuando los holandeses le ganaron terreno al Zuiderzee y crearon el Flevopolder, la isla artificial más grande del mundo, según afirman con orgullo en la página web de la región. Bajo el nivel del mar y protegida por diques, en esta nueva provincia se construyeron ciudades como Lelystad, se destinaron kilómetros cuadrados de terreno a la actividad agrícola y se decidió crear una reserva natural para proteger casi 6.000 hectáreas de pantano, hierba y arbusto bajo, hábitat de decenas de especies de aves. Así nació el parque nacional Oostvaardersplassen, un espacio natural y artificial a la vez, que sin la mano del hombre nunca habría existido. La intervención humana en este lugar no se quedó ahí, ya que a mediados de los ochenta, las autoridades de la región que gestionaban el área decidieron introducir mamíferos de gran tamaño, como los toros de Heck, procedentes de Alemania; los caballos Konik, una raza desdomesticada originaria de Polonia y similar al tarpán, especie autóctona de los Países Bajos siglos atrás; y ciervos. La idea era que estos mamíferos herbívoros mantuvieran el paisaje abierto al pastar la hierba disponible, evitando que creciera bosque y maleza que impidiera a los gansos grisáceos alimentarse del carrizo. Desde entonces el área se ha convertido en un paraíso para las aves, y hoy ostenta el sello Natura 2000 que concede la Unión Europea y que garantiza la protección de sus 31 especies de aves, sobre todo acuáticas, como el cisne salvaje, el águila calva o distintas variedades de garzas. Mientras, el número de mamíferos no ha dejado de crecer y décadas después de introducirlos, la situación se ha ido de las manos: entre diciembre de 2017 y marzo de 2018, de los 5.230 animales que vivían en la reserva, la mayoría ciervos, más de la mitad (57%), murieron, muchos de hambre ya que el pasto disponible era insuficiente y ocho de cada diez por la acción de los guardabosques quienes los sacrificaron. Sin depredadores, la muerte se producía tras meses de ayuno, algo que creó una gran conmoción entre los visitantes, quienes a menudo veían ciervos o caballos extremadamente delgados y moribundos en lo que estaba previsto ser un paseo por la naturaleza holandesa más bucólica.

Lo sucedido en 2017 no es excepcional, ya que la sobrepoblación existe en el lugar desde principios de este siglo. Dos informes con recomendaciones publicados en 2005 y 2010 advertían del problema y aconsejaban, por un lado, abrir un corredor a áreas cercanas (Horsterwold) para dar más espacio a los animales y por otro, sacrificar a los que estuvieran en mal estado de salud para evitarles el sufrimiento. Pero el corredor no se llevó a cabo y la acción de los guardabosques no fue suficiente para controlar el número. Tras el episodio de hace dos años, y siguiendo las recomendaciones de un tercer informe elaborado por una comisión independiente y publicado en 2018, el Gobierno y las autoridades locales han decidido reducir de forma activa a más de la mitad la población de caballos, toros y ciervos, hasta los 1.100, con el fin de garantizar que disponen de alimento suficiente también durante el invierno. Pero la polémica está servida: internet se ha llenado de imágenes de caballos en los huesos y de cervatillos muertos a orillas del pantano y las reseñas de la reserva natural en Google están protagonizadas por holandeses encolerizados que se preguntan cómo puede pasar esto en Holanda. Mientras, desde Staatsbosbeheer, entidad privada que gestiona los parques naturales del país, aseguran que los animales ya no padecen hambre, porque se les sacrifica antes, y que con esta nueva medida se espera controlar la situación y que la fauna en Oostvaardersplassen vuelva a equilibrarse en pocos años.

Naturaleza salvaje y artificial

El informe de la comisión Van Geel reconoce que “el área de Oostvaardersplassen es un ecosistema incompleto: está cercado y los animales no pueden migrar libremente en busca de alimento, por lo que sólo puede garantizarse su bienestar a través de una gestión controlada, con el requisito previo de que no se produzca sufrimiento innecesario”.

Este control recae en los guardabosques, encargados de cazar a los animales entre septiembre y abril, al amanecer o al caer la tarde, en horas en las que todavía no hay paseantes o ciclistas por la zona. Así lo explica Hans-Erik Kuypers, portavoz de Staatsbosbeheer en el parque natural, quien defiende que, si bien está cercado, el espacio reproduce la naturaleza en todos sus procesos, y su biodiversidad mejorará al reducir el número de mamíferos grandes y al reestructurar toda la zona, tal y como está previsto hacerse en los próximos años. El objetivo es mejorar el hábitat para las aves incrementando además el número de ranas, conejos, liebres, ratones y otras especies que han disminuido al desaparecer gran parte de la vegetación joven porque los mamíferos grandes la pisotean o se alimentan de ella. “Aún así, necesitamos a estos mamíferos porque con ellos aumenta la variedad de otras especies aquí: sus excrementos, por ejemplo, son una fuente de nutrientes enorme para muchos pájaros” explica Kuypers, mientras acerca el 4×4 a un manada de caballos y otra de ciervos, sobre las que vuelan todo tipo de aves. Para él, la decisión de introducir estos animales en los ochenta fue acertada, “y aunque siempre se puede discutir sobre el número, no cabe duda de que ha beneficiado a la biodiversidad de la zona”. Todo lo contrario opinan desde la asociación ciudadana, fundada a principios de 2018, para protestar por la gestión de Oostvaardersplassen, y que meses después logró reunir 123.000 firmas en una petición al Congreso para solicitar que los animales dejen de sufrir y mueran de hambre. “Debemos ser realistas: Holanda es un país demasiado pequeño para reproducir vida salvaje, porque para tener mamíferos como estos en libertad es necesario disponer de mucho más espacio. Es idóneo para aves, pero un experimento así, aquí, es un error, y les ha salido realmente mal” afirma Patrick van Veen, biólogo experto en comportamiento animal y miembro de la asociación.

Hans- Erik Kuypers, uno de los guardabosques de la reserva, durante la visita de Gaceta Holandesa a Oostvaardersplassen. Foto: Alicia Fernández Solla

De un lado y otro, ambas partes están de acuerdo en que, ahora mismo, lo más urgente es reducir el número de ungulados. Pero mientras desde Staatsbosbeheer no cuestionan la solución aprobada por las autoridades, de cazar a los ciervos y los toros y trasladar a otras reservas a los caballos Konik, para Van Veen existen opciones intermedias. Por un lado, desde su organización abogan por la anticoncepción de los toros y los caballos a través de una inyección, “una técnica muy utilizada y que da buenos resultados”; por sacrificar sólo a los ciervos machos y por proporcionar alimentación suplementaria cuando sea necesario. “Reducir el número cazándoles es la medida más tradicional y barata, pero se podrían probar otras” señala Van Veen. Hasta la fecha, los animales han sido alimentados en pocas ocasiones, en los años 90, en 2010 y tras el duro invierno de 2017, “cuando tuvimos que reaccionar después de la conmoción que provocó en la gente el verlos tan delgados por la falta de alimento” explica Kuypers, quien afirma que lo volverían a hacer si se dieran las mismas circunstancias. Mientras los ciervos se cazan y su carne se vende, y con mucho éxito, a través de la web www.koopeenhert.nl (compra un ciervo), los caballos Konik sobrantes han sido trasladados este año a otras reservas fuera de Holanda: 150 a un parque nacional en Bielorrusia, de más de 300.000 hectáreas y en el cual habitan estos caballos como especie autóctona y 29 a la provincia española de Burgos. En total, un 70 por ciento de los ciervos serán sacrificados y un 26 por ciento de los caballos trasladados. Según Joke Bijl, portavoz de Staatsbosbeheer, con esta medida se espera que el número se reduzca de una vez para después aplicar un control continuado, ya que, aunque afirma que la muerte debe ser vista como parte del ciclo de la vida, reconoce que “en este parque tan abierto todo se ve, y los toros y caballos están muy cercanos a nosotros los humanos por lo que es comprensible que la gente se sienta especialmente sensibilizada con ellos”.

Del norte de Holanda a Atapuerca

No es por casualidad que uno de los destinos elegidos para trasladar a los caballos Konik sea una finca particular de la provincia española de Burgos, cerca de Atapuerca. Allí, un grupo de biólogos, naturalistas y emprendedores han puesto en marcha un proyecto para dar a conocer la prehistoria a los visitantes mientras recrean la vida salvaje del paleolítico, en la que habitaban especies similares a estos Konik, así como bisontes europeos y toros de Heck. Seis meses después de que llegaran a España, la prensa holandesa informó del mal estado de salud de algunos de ellos, que al parecer habían contraído una enfermedad. Eduardo Cerdá, uno de los co-fundadores de Paleolítico Vivo , afirma que los animales ya están bien y que el trato de los holandeses ha sido ejemplar, ya que varias organizaciones le han donado el antibiótico necesario y forraje fresco, “aprovechando un camión que venía de Holanda a España”. Cerdá cuenta con 160 animales en un área de 500 hectáreas, que son alimentados de forma suplementaria en invierno y en verano. En la reserva de Oostvaardersplassen, la nueva reorganización del territorio prevé menos espacio para el pasto y más para bosque y zonas pantanosas. En total, dentro de unos años, los 1.100 animales que habitan en ella dispondrán de mil hectáreas, en lugar de las 1.800 con las que cuentan actualmente. Desde España, Cerdá considera esta densidad demasiado alta: “no me podría imaginar tener aquí 500 animales, es imposible”. Además, explica que “la ley española obliga a tener un animal por cada hectárea, el equivalente a un campo de fútbol, que parece mucho, pero es pasto que se comen en una semana o dos”.

Bas Metzemaekers, uno de los fundadores de la asociación ciudadana, se muestra muy crítico con el nuevo plan que se ha aprobado para la reserva, y es contundente al afirmar que el problema de la sobrepoblación no se va a solucionar, sino todo lo contrario: “en este parque a los mamíferos se les ha ignorado siempre, la prioridad son las aves y ahora queda más claro todavía: se pretende que haya una densidad de 1.4 animales por hectárea, cuando en una granja cualquiera de Holanda, la media es de dos cabezas de ganado por hectárea, en un terreno cien por cien de pasto”.

Oostvaardersplassen, con ciervos al fondo. Foto: Alicia Fernández Solla

La nueva naturaleza

¿Existe naturaleza en Holanda? Todo es una cuestión de definición, alegan algunos de los entrevistados; de escala, defienden otros. Y si la pregunta es sobre la vida salvaje, queda claro que si la hay, sólo puede decirse que existe aquí, en Oostvaardersplassen. Al menos eso han querido trasladar a sus espectadores los realizadores de la película De Nieuwe Wildernis, que en 2013 atrajo, en menos de una semana, a más de cien mil.

En el informe de la comisión Van Geel se determina que los animales que aquí viven lo hacen de manera salvaje porque pueden mostrar un comportamiento natural, elegir el hábitat y las relaciones y encontrar refugio libremente. Y aunque 60 kilómetros cuadrados es un área marginal si se compara con los parques nacionales de grandes mamíferos, como Kruger en Sudáfrica (18.989 kilómetros cuadrados), para los Países Bajos es suficientemente grande como para dejar de oír el tren o la autopista y no ver los edificios de Almere o Lelystad en el horizonte. Dejando la escala a un lado, la diferencia esencial radica en que el terreno de Oostvaardersplassen ha sido creado por el hombre, desde cero, hace sólo cincuenta años. “Holanda ha sido creada por sus granjeros, y el paisaje bello y típicamente holandés es el del cultivo, las vacas y las ciudades: porque vivimos un país de cultura, no de naturaleza” sentencia Bas Metzemaekers. Desde Staatsbosbeheer, Joke Bijl comparte esta visión de un país de fabricación propia, si bien defiende que “esta naturaleza creada por nosotros sí tiene una gran diversidad, con muchos ecosistemas diferentes y únicos”.

Trailer de la película “De Nieuwe Wildernis”, sobre la naturaleza en Oostvaardersplassen. 

En cuanto a cómo gestionar la fauna y la flora de estos espacios naturales, desde los años ochenta la política en Oostvaardersplassen ha sido la de intervenir para dejar hacer. “Sería arrogante por nuestra parte pensar que podemos crear la naturaleza; lo que hacemos es poner los medios para que se den las condiciones necesarias que permiten que ésta aparezca, y de ahí el proceso natural sigue su curso” afirma Hans-Erik Kuypers. Este sí pero no, estar presentes pero no demasiado, es según el biólogo Van Veen, el origen de todo el problema: “En el momento en el que un terreno se acota hay que controlar la fauna y la flora, ya no se van a regular por sí solas, incluso en lugares como el Kruger se interviene proporcionando agua a los animales cuando el río se seca” explica, mientras termina diciendo que “si quieres naturaleza de verdad, déjala actuar sin cortapisas, sin vallas”. En el informe aprobado el pasado año se expresa la importancia de controlar que los mamíferos no sobrepasen la zona acotada ya que podrían salir y suponer un riesgo para la seguridad vial y una inconveniencia para las viviendas más cercanas. A la pregunta acerca de las reacciones de la sociedad holandesa cuando se empezó a cazar a los animales el pasado año, la portavoz de Staatsbosbeheer respondió a Gaceta Holandesa: “los teléfonos no pararon de sonar en la oficina, pero no precisamente para protestar por el bienestar animal sino para preguntar donde podían comprar carne de ciervo. En nuestra cultura calvinista se entiende que si se ha decidido sacrificarlos, es un pecado desperdiciar su carne. El holandés siente que debe sacarle el máximo partido a sus recursos”. En la web advierten de que ya está toda la carne vendida, por anticipado.

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4 comentarios

  1. Buenas tardes,

    Pagué la suscripción anual pero debe ser que me estoy conectando con mi antiguo nombre de usuario porque cada vez que intento leer un artículo me dice que debo actualizar mi suscripción. Podrían amablamente ayudarme a entrar con mi sesión actualizada por favor?

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