Groningen, la Salamanca del norte

Bonita, auténtica y llena de vida: así es la capital más septentrional de los Países Bajos. Su enorme comunidad universitaria la convierte en la ciudad más joven de Holanda y le imprime un carácter abierto y acogedor. Explorar su casco antiguo, salpicado de tiendas, bares y restaurantes con encanto es un auténtico placer. De noche, Groningen se enorgullece de ser una de las pocas ciudades de Holanda cuyos locales nocturnos no tienen hora de cierre. Es, sin duda, un destino capaz de hacer las delicias de todo aquel que la visite.

Qué ver

El Grotemarkt constituye el corazón del centro histórico de Groningen, traducida como Groninga en castellano. Esta gran plaza, jalonada por el edificio del Ayuntamiento y la iglesia de San Martín (Martinikerk), acoge el mayor emblema de la ciudad: la torre de San Martín (Martinitoren) que, construida en 1482, es la cuarta más alta de Holanda. Escalar sus 97 metros de altura a través de 260 escalones tiene como recompensa una excelente panorámica de la ciudad. Frente a la fachada posterior del ayuntamiento – que conserva aún señales de los combates librados entre las tropas canadienses y las nazis durante la liberación de la ciudad– se encuentra la antigua Oficina del Oro (Goudkantoor), un imponente edificio renacentista donde se recaudaban impuestos y que, actualmente, aloja un gran café. 

El Vismarkt es la otra gran plaza del centro urbano de Groningen. Casi colindante al Grotemarkt, esta monumental explanada rectangular suele acoger los eventos más multitudinarios de la ciudad. De uno de sus extremos parte la bulliciosa calle Folkingestraat, donde se encuentran algunas de las tiendas y cafés más “in” de la ciudad. Antes de la Segunda Guerra Mundial, esta arteria comercial constituía el eje social de la notable comunidad judía que residía en la ciudad. Hoy, la sinagoga que se alza al final de la calle es el único testimonio de un pasado que, tras la ocupación nazi, nunca se recuperó.

A quienes lleguen a la ciudad en tren, les llamará la atención tanto el impresionante vestíbulo neoclásico de la estación de Groningen –construida en 1896–  como el moderno edificio del Museo de Groningen (Groninger Museum) que se encuentra frente a ella. Erigido en una isla sobre un canal, sus atrevidos volúmenes y sus osados colores logran captar rápidamente la atención del observador. No es el único edificio contemporáneo que lo consigue: en Groningen, lo viejo y lo nuevo conviven con naturalidad. Otros ejemplos: el llamativo y polivalente DOT, una impresionante construcción de forma esférica que alberga bar, restaurante y sala de actos, o la futura (y futurista) biblioteca pública situada en Grotemarkt, justo al lado de la Torre de la iglesia, aún en construcción.

Pero para poder captar la verdadera esencia de Groningen hay que pasearse por los alrededores del Edificio de la Universidad (Academiegebouw). Su impresionante fachada neo-renacentista observa la plaza (Academieplein), donde se amontonan centenares de bicicletas de quienes hacen vida entre la biblioteca, las aulas y las cafeterías que rodean el edificio. La fundación de la universidad, en 1614, cambió la historia de la ciudad para siempre, no sólo por el incremento de población que supuso –en la actualidad, el 25% de los 186.000 habitantes de Groningen están matriculados en alguna de las 175 carreras ofertadas por la universidad– sino también por el carácter que le imprimió a su idiosincrasia. Hoy, su bioritmo recuerda al de ciudades universitarias como Salamanca y su prestigio, al de los mejores centros educativos del mundo. La universidad de Groningen está situada entre las 100 mejores en el campo de la investigación y se enorgullece de tener entre sus profesores a Ben Feringa, el único premio Nobel de química holandés.

Qué hacer

Groningen cuenta con dos interesantes museos para visitar con niños: el Museo del Cómic (Nederlandse Stripmuseum) , que organiza actividades para los más pequeños, y el Museo de los Barcos del Norte (Noordelijk Scheepvaartmuseum), que ofrece una curiosa y entretenida visita a través de las entrañas de su histórico edificio. Por su parte, los amantes de la escultura podrán, hasta el 30 de abril, visitar en el Museo de Groningen la mayor exposición sobre el escultor impresionista francés August Rodin mostrada hasta la fecha en los Países Bajos.

Los que opten por ir de tiendas se quedaran fascinados por la amplia oferta de comercio poco convencional con la que cuenta Groningen. Locales como el Kokotoko, que vende prendas de ropa de diseño y sostenibles, se alternan con tiendas donde adquirir singulares piezas de decoración (Holtbar) o de ropa infantil (Denderz) mientras se degusta un pastel o un refresco. Destaca también el Spaak: una tienda especializada en ciclismo que aúna lo último en diseño de bicicletas con una agradable cafetería. Por su parte, los buscadores de tesoros y amantes de lo vintage perderán la cabeza en el Loods G: un almacén algo más alejado del centro donde se acumulan miles de objetos antiguos de todos los estilos y precios.

Los parques y jardines de Groningen también pueden ser una excelente opción si el tiempo acompaña. En el centro histórico se encuentra el Prinsenhof, un jardín de rosas y hierbas medicinales de visita obligada durante la primavera y el verano. El Noorderplantsoen es el pulmón verde de la ciudad, y el lugar donde los locales suelen salir a pasear, hacer deporte o disfrutar de un picnic en los días soleados. Precisamente en el centro de este parque se encuentra Zondag, una agradable cafetería donde saborear tranquilamente de un domingo de brunch.

Para quienes quieran acabar la jornada con música en directo, los locales más emblemáticos de Groningen son De Spieghel, especializado en jazz, el Café Buckshot, más funky, y Vera, una histórica sala en cuyo escenario llegaron a actuar Nirvana y U2 antes de darse a conocer internacionalmente. Por supuesto, la ciudad con el índice de población más joven de Holanda –la mayoría de sus habitantes tienen menos de 35 años– y sin un horario de cierre oficial también permite a los más valientes alargar la fiesta hasta el amanecer. Entre sus locales más conocidos se encuentran: Het Park Huis, un encantador edificio donde igual se puede ir a comer que a bailar; Drie Uitjes, un agradable local en el que alargar las noches de sábado, o el café Oost donde se reúnen los amantes del house, techno, disco y funky. Mención aparte merec De Drie Gezusters: ubicado en el interior de tres edificios históricos de la plaza Grotemarkt, este gigantesco complejo de bares y discotecas conectados entre sí no sólo ostenta el título de ser el bar más grande de Europa, sino que, además, ofrece una experiencia difícil de reproducir en cualquier otro lugar.

Dónde comer y beber

A mediodía, el Pannekoekship resulta una excelente opción para quienes viajen con niños o para aquellos que quieran disfrutar de unos pancakes en un entorno único. En este histórico barco, construído en 1908 y reconvertido en un original restaurante, se pueden probar más de 100 variantes de este popular plato. También es recomendable la Soepwinkel, un lugar ideal para los amantes de la sopa casera y para aquellos que quieran comer como en casa a un precio razonable. Después de comer, nada mejor que degustar el mejor café de Holanda según el Koffie Top 100 en el Black & Bloom.

A la hora de cenar, todos los gustos, estilos y bolsillos encuentran opciones en Groningen. El Eetcafé Roezemoes o el restaurante Biechtstoel ofrecen cocina holandesa tradicional basada en productos locales: la sopa de mostaza, los guisos vegetales (stamppot) y los estofados de pescado (visstoofpotje) y carne (wildstoof) son los protagonistas en sus cartas. Los que busquen algo más atrevido pueden optar por Uitdebuurt o De Haan, que ofrecen un menú sorpresa basado en productos de temporada –el segundo incluso permite a los comensales llevar su propio vino y su propio pan–. Para ocasiones especiales, Prinsenhof ofrece cocina contemporánea en un entorno único.

Por último, los amantes de la cerveza tienen dos visitas obligadas en Groningen: el café De Pintelier,  especializado en cervezas belgas y segundo en el ránking de los 100 mejores bares de Holanda, y la cervecería Martinus, un edificio industrial de tres plantas donde se produce y degusta la mejor cerveza local de la ciudad.

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