HOLANDA INTERIOR

La comunicación intercultural: cuando nos quedamos sin palabras

Soy de las que piensan que migrar siempre aporta una perspectiva nueva desde la que mirar tu propia cultura y otras. Como ya he escrito en artículos anteriores, migrar nos posiciona en un lugar privilegiado desde el punto de vista de la oportunidad que nos brinda para hacernos conscientes de cómo nuestra cultura influye o ha influido en nosotros. Además, como migrantes podemos observar y hacernos críticos con la cultura y las costumbres del país al que nos mudamos.

En un país como Países Bajos, es muy común trabajar en un equipo multicultural, con compañeros que proceden de distintos países y cuyo bagaje cultural también se trae a la empresa. O por el contrario puede ocurrir que casi todos tus colegas sean holandeses. Ya se comparta espacio o no -el coronavirus ha hecho que el espacio se agrande y los límites se diluyan- nos comunicamos día a día dentro de equipos diversos en los que nuestra capacidad para ser flexibles se pone a prueba. Hay una constante extrañeza, una sensación de no tener las herramientas adecuadas cuando recibimos respuestas u observamos comportamientos que, por ser culturalmente desconocidos para nosotros, nos dejan sin palabras.

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