HOLANDA INTERIOR

Aprender a soñar y a desilusionarse: cuando la realidad nos arrolla

Idealizar

Recuerdo la primera vez que llegué a Londres, recuerdo la primera vez que abrí la puerta de un restaurante llamado C´est Ici, en pleno centro de la ciudad, en Oxford Circus. Dos días después de aterrizar en Heathrow encontré una habitación en la parte este. Los dueños de la casa, una pareja brasileña encantadora, me hablaron de un amigo que trabajaba como cocinero en un restaurante en el que buscaban camareras. Yo tenía 22 años, acababa de terminar la carrera y estaba decidida a perfeccionar mi inglés adentrándome directamente en la jungla. Claro que yo, antes de llegar, no pensaba que aquello fuera a ser la jungla. Me imaginaba Londres como una ciudad llena de posibilidades, mi Nueva York a mano, el brillo de las farolas en el Támesis desde el Puente de Londres, los teatros, un mundo de creación, libertad y esperanza donde todo era posible. 

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