Desde hace algún tiempo hemos recibido varias consultas sobre un vídeo que se ha viralizado por las redes en el cual se cuenta que “está surgiendo un nuevo sistema económico alternativo que tiene el potencial de cambiar el mundo” y que “Ámsterdam lo ha abrazado oficialmente como estrategia post-coronavirus.” El vídeo comenta la recientemente lanzada “Estrategia Ámsterdam Circular 2020-2025” basada en la llamada economía circular.

Hemos investigado el tema en profundidad y queremos compartir lo que nos hemos encontrado, sin filtros y en un artículo en el que primero desmontaremos ciertos hechos que se narran en el vídeo de manera sensacionalista para después centrarnos en analizar los objetivos y ambiciones que persigue la ciudad de Ámsterdam con esta estrategia a largo plazo.

Comencemos viendo el vídeo por el que se nos pregunta:

En primer lugar, la procedencia del vídeo es muy dudosa. Está firmado por HOPE! “De pie por el Planeta” quien los produce y viraliza pero de la cual no pudimos encontrar ningún tipo de información sobre quienes son ni como se financian. En segundo lugar, el sistema económico del que se habla no es nuevo, ni está surgiendo ahora, ni ha descubierto nada innovador, porque la economía circular es una teoría económica planteada por primera vez por David Pearce y Kerry Turner en su libro “Economía de los recursos naturales y el Medioambiente” publicado ya en el año 1990. En tercer lugar, es falso que la “Estrategia Ámsterdam Circular 2020-2025” haya surgido como una manera de poner en marcha una nueva economía post-coronavirus. En Holanda se viene trabajando sobre estas ideas al menos desde 2013, cuando el Gobierno llevó a cabo estudios y encargó investigaciones para la reutilización de los deshechos industriales, con el fin de apostar por un modelo que el ministro de Medio Ambiente calificó de «un ideal a futuro”. Ámsterdam, además, no es pionera dentro de los Países Bajos en proponer la circularidad dentro de su economía urbana. Ya en el año 2008 la ciudad de Almere, vecina de Ámsterdam presentaba sus «Principios para un futuro sostenible” abrazando lo que entonces estaba en boga del “Cradle to Cradle” (de la cuna a la cuna), un concepto muy emparentado con la economía circular.

El vídeo analizado, sin embargo, sí se basa en dos hechos concretos y ciertos: por un lado, el modelo económico del “dónut” fue ciertamente formulado por la economista británica Kate Raworth en su libro “La economía del Donut: siete formas de pensar como un economista para el siglo XXI» (2017). Raworth relata en su página web personal que en realidad su modelo vería la luz por primera vez en el año 2012, como un documento de debate para Oxfam, organización para la que ella trabajaba. Su modelo fue cobrando fuerza en lugares muy diversos, desde la Asamblea General de la ONU y el Foro Global de Crecimiento Verde, hasta Occupy London, por lo que se decidió desarrollarlo en un libro. El segundo hecho cierto es que la ciudad de Ámsterdam le encargó a Kate Raworth la adaptación de su modelo económico a la capital holandesa, un estudio que la economista ha presentado en abril de este año, razón por la cual se ha hablado tanto de ello recientemente, dando lugar a vídeos como el que estamos analizando.

Un poco de historia sobre la economía circular

¿Por qué atrae tanto este modelo, y no otro (porque los hay), a una ciudad como Ámsterdam? Para entenderlo debemos hacer un breve recorrido histórico. El primer país en adoptar y poner en práctica oficialmente la economía circular fue China. Para ser exactos en el año 2002, durante el 16ª Congreso del Partido Comunista Chino. Desde entonces, cada cinco años el gigante asiático evalúa los logros, introduce modificaciones y agrega nuevas legislaciones para adaptar el plan a su tiempo. China es en este momento el líder mundial en la producción de recursos siendo un enorme consumidor de materias primas, y por consiguiente un infernal productor de deshechos industriales. Con casi veinte años de experiencia, se podría decir que China es líder mundial en economía cícular, tal y como se desprende de artículos cientificos como este.

En Europa, las ideas sobre la ecología industrial o el desarrollo eco-industrial (EID) tienen una larga historia. Uno de los proyectos mas conocidos es el complejo industrial Kalumborg, desarrollado en 1973 en Dinamarca, (Kalundborg Eco-Industrial Park) y que se asienta sobre las ideas presentadas un año antes por el Club de Roma en su informe “Los límites del crecimiento” en el cual ya se cuestionaba el modelo de desarrollo socio-económico dominante del “crecimiento indefinido”. El infome concluía que: “si el actual incremento de la población mundial, la industrialización, la contaminación, la producción de alimentos y la explotación de los recursos naturales se mantiene sin variación, alcanzará los límites absolutos de crecimiento en la Tierra durante los próximos cien años». El siguiente hito histórico llegó en 2014 cuando Europa puso en marcha políticas concretas para promover una economía circular para todos los países miembros. El paquete aprobado entonces por la Comisión apuntaba a una amplia lista de objetivos legalmente vinculante plasmados en el documento “Hacia una Economía Circular: un programa de cero residuos en Europa”. Llegaba dos años después de que en el Foro Económico Mundial de Davos, la consultora McKinsey y la Fundación Ellen Mac Arthur presentaran un informe sobre los beneficios económicos de la economía circular para Europa. Encargado por dicha Fundación a la consultora norteamericana, el informe establecía que el viejo continente podría ahorrarse 530 mil millones anuales en materiales adoptando este modelo.

Estrategia Ámsterdam Circular 2020-2025

Como lo relatábamos al comienzo, Ámsterdam le encargó a la economista Kate Raworth que aplicara su modelo del “dónut” a la ciudad. De esta forma la ciudad de los canales se convertiría en la primera “ciudad dónut” del mundo, o al menos así es como se publicita este hecho. Repasemos algunos detalles de la propuesta.

Según ha establecido Raworth, los habitantes de Ámsterdam deberán, en el futuro próximo, habituarse a compartir, reutilizar y reparar más y consumir menos. En principio suena muy bien cuando pensamos en el mal que le está haciendo el consumo desenfrenado al medio ambiente, pero observemos algunos números concretos para hacernos una idea de la escala del problema. La ciudad de Ámsterdam consumió en 2018 unas 1.216 kilotoneladas (miles de toneladas) de productos y materias primas, y produjo 8,5 millones de toneladas de residuos industriales y 1,1 millón de toneladas de residuos domiciliarios (Gran Ámsterdam) de los cuales 321 kilotoneladas fueron producidos dentro de la ciudad, lo que resulta en una producción de 381 kilos de residuos anual por habitante. Todo ello a su vez ha generado 13.540 kilotoneladas de Co2 liberados a la atmósfera. El modelo del dónut estima que Ámsterdam reduzca a la mitad el uso de materias primas para 2030 y que se convierta en una ciudad energéticamente neutral de cara a 2050. ¿Realmente puede ser esto posible al ver estos números y en solo 30 años? ¿Cómo podría lograrse una tarea que se percibe de unas magnitudes titánicas? La estrategia de la economista es que Ámsterdam centre su atención y esfuerzos sobre tres cadenas de valor, las cuales presentan cada una diversos desafíos: la cadena de alimentos y residuos orgánicos; la cadena de artículos de consumo; y la cadena del entorno construido. Cuando uno profundiza un poco más en la información vertida en los documentos publicados por el ayuntamiento (como el propio informe de la Estrategia o la nota de prensa) imaginaría encontrarse con una planificación consistente y grandes planes muy concretos a corto, mediano y largo plazo para emprender la enorme tarea de conseguir que Ámsterdam pueda responder al modelo del dónut en tres décadas. Pero la desilusión es grande cuando los proyectos tratados y subvencionados con fondos europeos, holandeses, provinciales y del mismo ayuntamiento de Ámsterdam son una serie de iniciativas de baja escala, poco concretas e inconexas entre sí.

Para muestra vale un botón

Arrancó antes del aterrizaje estrella en la capital holanesa. El ayuntamiento decidió realizar una
prueba piloto de economía circular durante dos años y en 22 hoteles de Ámsterdam. Este importante sector cuenta en la ciudad con unos 400 hoteles que recibieron en 2019 alrededor de 9 millones de turistas. Leyendo el estudio asombra lo superficial y el bajo impacto de lo que se evalúa: cambiar lapiceros por lápices de madera; el té en bolsitas por té suelto; incorporar champú a granel; ofrecer el “servicio” de “no limpiar la habitación” en permanencias largas; ofrecer desayunos a la carta y otras iniciativas del estilo. Las conclusiones del estudio son bastante inconsistentes y muestran la dificultad de lograr algún punto positivo y sostenible a largo plazo, cargando la responsabilidad y constancia de esta economía alternativa al último eslabón de la cadena, el hotel.

Otro proyecto sorprendente por su superficialidad lleva el rimbombante nombre de RUMORE (Rural-Urban partnerships MOtivating Regional Economies), subvencionado durante dos años por la UE e implementada en cuatro países europeos, entre ellos Paíes Bajos. Está integrado por varias iniciativas. Una de ellas es GROWx, una empresa del norteamiericano John Aspesos, de cultivo en bandejas, que cuenta con una muy buena estrategia de márketing. Lo llaman agricultura en altura pero en realidad el proyecto no alimentaría literalmente a nadie. En solamente 200m2 de producción en bandejas distanciadas 50 centímetros unas de otras, e iluminadas por un sistema led, se cultivan cuatro variedades de pequeños brotecillos o microplantas (hinojo, brócoli, mizuna y rábano) que luego se venden a precios desorbitados a restaurantes de lujo con los que decoran o saborizan sus artísticos platos. Otro llamativo proyecto es GreenPee, una empresa que ofrece el alquiler de urinarios públicos y que reutiliza la orina, la cual convierte en un fertilizante rico en fosfato tras hacerla pasar por un filtro de fibra de cánamo.

Greenpee, el urinario sostenible. Foto: greenpee.nl

No querríamos aquí extremar las cosas hacia un sólo lado. De tanto presupuesto destinado a iniciativas verdes, seguramente algunas de ellas prosperarán y lograrán su objetivo. Pero cada año que pasa, el consumo de materias primas y la producción de residuos se multiplica por lo que queda la duda de que, como afirma el vídeo, Ámsterdam pueda ser un «importantísimo ejemplo de cómo abordar la emergencia ambiental.”

Las críticas al modelo de economía circular

Los críticos al modelo de la economía circular, en general promotores de otros sistemas económicos alternativos como el de la “Economía del Decrecimiento”, cuestionan que el circular no ataca de lleno el grave problema del consumo y pone demasiada confianza y optimismo en el desarrollo tecnológico, lo que finalmente termina siendo conveniente al status quo reinante ya que desvía la atención y el debate político sobre el principal problema a abordar que es el del crecimiento económico ilimitado. La industria del reciclado es ya, con mas de 40 años de desarrollo, muy lucrativa, pero como está demostrado, de un alcance muy limitado y sufre además el gran inconveniente de ser energéticamente intensiva, lo que finalmente no ha resultado en un avance real para incidir positivamente en la problemática ambiental.

La segunda crítica es no tener en cuenta la llamada paradoja de Jevons, que establece que las mejoras en la eficiencia de uso de un recurso no siempre llevan a un menor uso de este, sino que pueden derivar, por el contrario, en un uso mayor. Un ejemplo claro de esto lo tenemos en los automóviles. Las mejoras en la eficiencia de uso (consumo de combustible por km. recorrido) no han derivado en mejoras al medioambiente sino que, por el contrario, ha promovido un mayor consumo de vehículos privados y de combustible.

Por otro lado, para desalentar el consumo, la “economía circular” promueve la economía del “abono mensual” disfrazada en conceptos como “sharing economy” (economía colaborativa) donde se reemplazaría el “poseer” por el “compartir” que tiene sin dudas sus ventajas, pero que ya ha mostrado las limitaciones de sus beneficios. Y aún imaginándolo ampliado a casi toda la economía diaria nos podría sumir en un mundo en el que tengamos que trabajar para pagar decenas de abonos mensuales para poder hacer uso de objetos que ni siquiera poseemos. ¿Que pasaría con lo que hoy es el enorme mercado de los artículos de segunda mano si estos dejaran de existir, si hasta las lavadoras y televisores fuesen “alquilados”? Estas preocupaciones no están en la mente de los promotores de este modelo, porque en el fondo, personalmente consideramos que el objetivo central es reconfigurar la economía europea creando nuevas posibilidades de inversión y de generar ganancias en una nueva y compleja configuración mundial en la cual Europa ha quedado carente de energías fósiles y materias primas.

A nosotros, como arquitectos e interesados en la ciudad, nos preocupa, entre otras cosas, el astronómico aumento del precio de la vivienda en Ámsterdam y su región metropolitana, que lamentablemente se ve agravado con medidas “sostenibles” como la transición del gas a la electricidad o a las crecientes exigencias constructivas. El debate sigue abierto y no es tan sencillo como se plantea en el vídeo con el que comenzábamos el artículo. Siempre tendremos nuevas propuestas, alternativas al status quo, que intentarán desviarnos de la discusión fundamental, ¿para qué y cuánto más podemos y queremos crecer? Y sobre todo ¿a qué coste?