Una mayor polarización pone a prueba al multipartidismo holandés

Los últimos comicios, celebrados entre el 15 y el 17 de marzo, han sorprendido más bien poco. A pesar del contexto de cambios y crisis propiciado por la epidemia de COVID y su gestión por parte del Ejecutivo, el tablero de juego apenas se ha movido y con todos los votos contados, Rutte tiene un amplio margen para decidir si repite la última coalición, o si opta por explorar nuevas alianzas. Esto si todo continúa como se esperaba, algo incierto a la luz de los últimos acontecimientos sobre la polémica por las anotaciones que han salido a la luz de las ojeadoras en pleno proceso de negociación de un nuevo Gobierno. En medio de la vorágine actual, en Gaceta Holandesa hemos preferido hacer zoom hacia fuera y analizar qué es lo que realmente ha variado en el panorama político holandés. Para eso, miramos al final de la tabla de resultados para encontrar los cambios: un nuevo elenco de pequeños partidos ha obtenido representación, y otros han comenzado su andadura extraparlamentaria, aumentando así el espectro de ideas a debatir.Hay que mirar al final de la tabla de resultados para encontrar los cambios: un nuevo elenco de pequeños partidos ha obtenido representación, y otros han comenzado su andadura extraparlamentaria, aumentando así el espectro de ideas a debatir.

La balanza de las coaliciones, en calibraje

La legislatura 2017-2021 ha tenido en vilo a más de un líder político: según las encuestas, en algunos momentos, parecía que los laboristas del PvdA ganaban terreno, y en otros, los populistas del FvD se hacían con el liderazgo. Pero al final, con los resultados en la mano “todo sigue igual”, en palabras del ganador, el primer ministro Mark Rutte. Su posición se ha visto reforzada en un escaño, y, de querer hacerlo, podría reeditar la coalición con CDA, D66 y CU que le ha servido para gobernar durante los últimos cuatro años. La mejoría de la posición de D66 en 5 representantes compensa la pérdida de cuatro por parte de la CDA, con lo que la correlación de fuerzas en la actual coalición de gobierno se modifica pero mantiene su capacidad de dominar el parlamento. Este ligero cambio empezó a materializarse en las fechas posteriores a la dimisión del gabinete de Rutte tras el escándalo de los subsidios familiares a mediados de enero.

¿Pero de verdad todo sigue igual en Holanda? En lo que respecta a la representación del eje izquierda-derecha no hay cambios, si eso es a lo que se refería el que será el presidente holandés con más tiempo en el cargo si consigue mantenerse al frente del país durante un año y medio más.

En lo que respecta a la ultraderecha, foco mediático habitual, el FvD de Baudet ha sumado 6 escaños, pero con 8 parlamentarios se queda en menos de la mitad de lo que auguraban las encuestas a media legislatura. La escisión de su partido liderada por Joost Erdemans, JA21, ha obtenido 3 representantes, que sumados a los 17 de Wilders, suponen 28 escaños y un 18% del total de los votos, frente a 22 escaños y un 15% de los sufragios en 2017. Pero, en lo simbólico, el leve ascenso de las posiciones antieuropeístas, islamófobas y socioconservadoras de estos partidos se ha visto amortiguado por su amplia caída con respecto a las encuestas previas a la cita electoral.

La ultraderecha en Holanda ha obtenido, en total, un 18% de los votos. © Alicia Fernández Solla

Polos cada vez más opuestos

Sólo tres partidos han logrado hacerse con un 10% o más de los votos: el VVD, D66 y el PVV. Cuatro si tenemos en cuenta a la democristiana CDA con su 9,5% de los sufragios. Si bien este grupo de “grandes” partidos suponen el 57% del total de los votos, un 40% de los holandeses que acudieron a las urnas el pasado 17 de marzo optaron por partidos que no superan el 5% de cupo electoral. Este sector del electorado que vota por partidos minoritarios apenas llegó al 20% en las elecciones generales españolas celebradas en noviembre de 2019.

En un sistema en el que bastan 80.000 votos para hacerse con un escaño en la cámara legislativa, apenas un 3% de los electores han visto cómo su opción política se quedaba sin representación parlamentaria, porcentaje casi idéntico al registrado en España en 2019.

De acuerdo a la interpretación de Eelco Harteveld, profesor en el departamento de Ciencias Políticas de la universidad de Ámsterdam, la fragmentación es una característica elemental del panorama político holandés, que ha quedado patente en los últimos comicios. “Al no haber un cupo mínimo para obtener asientos en la Tweede Kamer (Congreso de los Diputados), basta con un 0,6% de los votos para conseguir un escaño. Esta condición del sistema, unida a la inexistencia de grandes partidos, se ve claramente reflejada en los resultados de las elecciones. Incluso el VVD podría catalogarse como partido pequeño (21,8% de los votos); Países Bajos nunca ha tenido menos grandes partidos”.

La entrada de Volt (europeístas de centro izquierda), JA21 (euroescépticos, antiinmigración, afiliados al pensamiento de Pim Fortuyn), el BoerBurgerBeweging (centrado en los intereses del mundo rural, opuesto al partido animalista) y BIJ1 (antiracismo y anticapitalistmo interseccionales como pilares) ha añadido ángulos al debate político holandés, elevando a 17 el número de partidos políticos representados: uno por cada millón de habitantes que tiene el país. De nuevo, la comparativa es reveladora: con los 19 partidos representados hoy en España, sale a 2,5 millones de españoles por partido.

En opinión del profesor Harteveld, los cambios en estos últimos comicios no vienen del equilibrio en el eje izquierda-derecha, que se ha mantenido casi intacto, sino de la polarización: “la izquierda holandesa está bajo mínimos, y no es algo nuevo. Lleva perdiendo terreno durante décadas, también en lo cultural. La distribución de escaños, 40% para los progresistas y 60% para la derecha, viene a ser la misma que después de las elecciones de 2017. Pero lo que sí se ha incrementado es la fragmentación. Vemos cada vez más partidos nuevos, y que otros minoritarios que ya estaban como FvD, consolidan sus posiciones. En la mayoría de los casos, son posiciones extremas, que confirman una polarización ideológica. Este fenómeno es especialmente manifiesto en los debates acerca de cuestiones identitarias, donde se politiza al diferente”.

Esta construcción de sujetos políticos opuestos se entiende al echar un vistazo a la relación de confrontaciones entre los partidos de nuevo cuño: el BBB de ganaderos y agricultores se opone radicalmente a los postulados de los animalistas del PvdD, mientras que DENK y BIJ1 pueden verse como una reacción de las minorías frente a su objetivación política por parte de la extrema derecha. Este sector también ha terminado por catalizar en tres opciones políticas, el PVV de Wilders, más rural, el FvD de Baudet, con apoyo en núcleos urbanos más grandes, y JA21, escisión del segundo tras la tibieza de la ejecutiva a la hora de condenar mensajes antisemitas en los canales de comunicación interna del partido. Por otro lado, el extremismo religioso del SGP, partido calvinista ortodoxo a favor de la pena de muerte (abolida en 1870), en contra del sufragio femenino (conseguido en 1919) y de los matrimonios entre personas del mismo sexo, que cuenta con representación continuada en la Tweede Kamer desde 1922, tendría su némesis en NIDA. Este partido inspirado en las democracias islámicas y opuesto al sionismo, a pesar de no haber obtenido escaños en los últimos comicios, está bien asentado en Rotterdam y La Haya y ha conseguido 33.000 votos.

El partido D66 liderado por Sigrid Kaag se ha mostrado como uno de los vencedores de los últimos comicios, si bien entre los cuatro partidos más votados suman el 57% del total de los votos. © Alicia Fernández Solla

Multipartidismo en actualización constante

La polarización ideológica también puede interpretarse desde perspectivas nuevas, además de las de identidad y clase. Esto se ve reflejado en la consolidación de 50PLUS, partido centrado en los intereses de los pensionistas que cuenta con presencia en la cámara baja desde 2011. En aparente contraposición, el partido JONG, que, recién creado, tampoco ha conseguido representación pero sí cerca de la mitad de los votos que NIDA, focaliza su programa en las demandas de los jóvenes.

Hablamos con uno de los fundadores del partido, Jan Geilen. Encargado de coordinar aspectos legales de la formación desde su junta directiva, se muestra algo decepcionado por no haber obtenido representación: “estamos teniendo una conversación al respecto, porque nos esperábamos conseguir más votos. Pero hemos logrado que más gente nos conozca, ya que antes nadie sabía quienes éramos. Con los resultados en la mesa, creo que tenemos opción de seguir creciendo: no ha habido ningún cambio en política, y los jóvenes van a seguir sin ser escuchados. El cambio climático, los problemas de vivienda o la falta de inversión en educación no van a cambiar”.

Geilen mira a la polarización desde un punto de vista diferente, ya que la asocia con extremismo y no ve a su partido como una opción opuesta a 50PLUS: “varios de los partidos que han entrado en el Parlamento en las últimas elecciones representan a una parte bastante radical del electorado, quizás con la excepción de Volt, con quienes compartimos muchos postulados. Pero la esencia de los nuevos partidos es oponerse a los existentes y mostrar su desacuerdo con la forma en la que se gestiona el poder. Cualquier partido nuevo es, en esencia, un partido protesta. En el caso de nuestra relación con 50PLUS y su electorado, estamos sorprendidos de ver que buena parte de nuestros votos vienen de gente mayor, que piensa que los jóvenes deben tener voz y papel en la construcción del futuro. Era algo que no esperábamos, ya que nuestro electorado es a priori totalmente distinto. Pero también estamos ahí para ellos, los jóvenes nos haremos viejos algún día”.

Para el cofundador de JONG, la aparición de nuevos partidos contribuye a enriquecer la calidad democrática en Países Bajos: “cuantos más partidos haya, más posibilidades hay de representar las opiniones políticas de todo el electorado y de que se escuche la voz de los votantes”. Pero quizás la cara negativa de esta fragmentación sean las tensiones entre los polos más opuestos de la arena electoral. En las semanas adyacentes a la cita con las urnas, varios académicos han sufrido una campaña de acoso por parte de la extrema derecha. En las puertas de sus casas, encontraron pegatinas rojas con el texto “UBICACIÓN OBSERVADA. Este lugar está siendo vigilado por seguidores de Vizier op Links (vigilando a la izquierda). Visita nuestra web para dar y recibir información sobre activistas de izquierda”. Preguntado al respecto, el profesor Harteveld confirma que las acciones intimidatorias han llegado a su entorno: “a mí no me ha tocado, pero mis colegas están recibiendo amenazas. Sé de casos en los que estudiantes han compartido fotografías de diapositivas o contenidos de clase descontextualizados en redes sociales, y han dado pie a ataques de la derecha contra sus profesores. He visto este tipo de tensiones, y creo que son el resultado del incremento de la polarización”.

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