Holanda, un país de festivales

Desde su primera versión en 1967 hasta el año 2019, los festivales de música nunca han dejado de formar parte del paisaje musical holandés, congregando a miles de asistentes de varias partes de Europa y atrayendo a grupos de música legendarios como los Rolling Stones, Pink Floyd, Pearl Jam, entre otros. Sin embargo, este último año los festivales de música han quedado en el aire por las medidas impuestas por el gobierno a raíz de la pandemia. El estornudo y la tos se han convertido en un arma letal para evitar congregar a más de cien personas en un espacio tanto cerrado como abierto. La esperanza ha vuelto tras el anuncio del primer ministro, Mark Rutte, de la posibilidad de reabrir y organizar eventos al aire libre a partir del mes de julio. Aunque no todos los festivales abrirán sus puertas. Aquí daremos, a salto de pluma, un recorrido histórico por aquellos festivales que son emblema en los Países Bajos. Ya en 2019 se contaban 1.115 festivales, que van desde el jazz hasta la música pop y el hardrock.

Los Beatles solo tocaron dos veces

Todo empezó en los sesenta cuando los Beatles primero, y los Rolling Stones, después, llegaron al país en 1964 y congregaron a cientos de personas en el aeropuerto de Schiphol. Los Beatles fueron recibidos como reyes, y eso que faltaba una de las estrellas, Ringo Starr, el baterista, y apenas llevaban tres años como músicos: eran unos muchachos bien vestidos, de saco y corbata. No tocaron en Ámsterdam sino en Blokker, una localidad de Holanda septentrional. Dos conciertos memorables que no volverían, que quedarían en la memoria de quienes los vieron y en el deseo de los más osados por volver a invitarlos a tocar.

Otro momento que antecede a este país de festivales fue la llegada de los Rolling Stones ese mismo año. Tocaron en el Kurhaus, en Scheveningen. De Stones, así como se les llama, sí retornarían numerosas veces a los Países Bajos, al emblemático Pink Pop y a dar conciertos en el Amsterdam Arena. Su intención era volver este 2021 para celebrar sus cincuenta años como grupo, sin embargo, a pesar de ser un evento esperado, aún no se confirma por las restricciones de la Covid-19. A diferencia de sus paisanos Los Beatles, los Stones han pisado suelo holandés 36 veces y, de acuerdo a la historia del rock en los Países Bajos, su primer concierto fue el más espectacular y el que abrió la era de los locos años sesenta.

Estos momentos históricos de internacionalización de la música son solo semillas de lo que vendría después. El acicate que terminaría por idear los próximos cincuenta años de música congregada en el llamado “festival total”, heredado de Woodstock (Estados Unidos), la madre de este tipo de eventos alrededor del mundo, el principio de la época hippie, de revoluciones como la de mayo del 68, del rock n’roll y la psicodelia. Los primeros años de Pink Floyd, The Doors, Janis Joplin, Emerson Lake and Palmer, Lou Reed; la época dorada de la música que marcó un hito en el siglo XX. Estos primigenios años fueron de amor y paz. Eran jóvenes idealistas de afán aventurero que se atrevieron no solo a transgredir las reglas de la música, sino también a organizar festivales con más de un solo escenario y que duraban más de veinticuatro horas.

Varios eventos empezaron a surgir como capullos de primavera. 1967. Doetinchem. La primera maratón Beat de nueve horas en territorio holandés. Después el Hai in de Rai en Ámsterdam, que traducido al español, “un tiburón en el Rai”, se convierte en símbolo de paz, amor y libertad asociada a años de liberación sexual acompañada de LSD y hachís. Luego, surgió la incipiente primera versión de Flight to Lowlands Paradise, un festival en el JaarBeurs de Utrecht, que atrajo a más de ocho mil personas, el doble de lo que se esperaba, “una catástrofe económica”, de acuerdo a Bunk Bessels, su organizador. Este festival, cuyo nombre inspiraría uno de los festivales de música más grandes del país, apenas vio la luz dos veces.

Cartel de A Flight to Lowlands Paradise, celebrado en 1967.

Un paso al festival total

Berry Visser, conocido hoy como Madame de Berry y padre holandés del llamado “festival total” fue quien, después de algunos años haciendo pinitos en los escenarios del Concertgebouw, trajo a The Doors a Holanda. Aunque el espectáculo no logró el éxito esperado debido a la sobredosis de Jim Morrison, sí sirvió para catapultar a Jefferson Airplane a la fama. El festival total se entiende como un festival de música de más de un día, al aire libre, con acampada, música, teatro y poesía. Con esta idea original, Berry Visser fundó Mojo Concerts, la empresa de más de cincuenta años de antigüedad que organiza y promociona eventos culturales. “Todo empezó cuando era un púber, me gustaba lo que hacía, organizar y traer a mis grupos musicales favoritos” declara en una entrevista a Timo Pisart de VPRO en 2017. Instauró Holland Pop en Kralingen en 1970, el primer festival de tres días al aire libre de Europa. El festival contaba con invitados como The Byrds y Pink Floyd y fue el primero en el que se fumaba hachís y marihuana y se consumía LSD abiertamente.

A pesar de que el festival fuera un desastre en términos económicos -porque de las más de 10.000 personas solo algunas compraron un billete de ingreso- obtuvo un gran éxito de público. “La gente trepaba las vallas de seguridad”, asegura Visser para VPRO, y tuvieron que cubrir más de 800 mil florines -unos 400.000 euros- en deudas. Para Visser fue una experiencia traumática por el accidente de un muchacho de 22 años con una muela de molino, pero esto no impidió que el padre del festival total continuara creando nuevas ideas y creciendo bajo Mojo con su socio Leon Ramackers. Después de Hollands Pop, invitó a Bob Dylan y Eric Clapton a tocar en De Kuip, pero esos espectáculos no siempre eran lucrativos a pesar de los nombres de los artistas. También abrió una feria de Livestyle llamada Casanova, en 1979, en la que tocaron Cheap trick, Van Morrison, Golden Earing. Invitó a Victoria Chaplin, hija de Charles Chaplin, y al Alcázar de París. Visser no se quedó tranquilo y en el otoño de 1983 organizó Pandora’s music box , otro de los festivales que servirían de herencia para el futuro Lowlands y que se gestó en apenas seis semanas. Permaneció tres años, en los que se promocionó a las bandas Siouwsie y los Banshees, Nick Cave, The Jesus & Mary Chain. Después de Pandora, llegó el festival Ein Abend in Wien , en 1991, en De Doelen, en el que apareció el mítico Kurk Cobain con Nirvana. Este no fue el único concierto de Nirvana, a pesar de ser el más recordado por la popularidad de su disco Nevermind. Nirvana ya había estado en los Países Bajos en 1989; tocó en Róterdam, Ámsterdam, Groninga y Utrecht, sin éxito alguno, vendiendo como máximo 200 entradas. Eran unos desconocidos en la esfera musical, que contrastaría dos años después al tocar en Ein Abend in Wien.

Pink Pop: un festival sin religión

En esos años en los que la música y la moda se mezclaban con el baile, apareció Pink Pop y The North Sea Jazz. El creador de Pink Pop, Jan Smeets, describe entre sonrisas en la radio Limburg 1 la primera edición en el poblado limburgués de Geleen, cuando solo contaba con artistas nacionales, el evento era de un día y sin acampada. Hoy en día nadie imagina un año sin Pink Pop, el festival de música en activo más antiguo del mundo, que en su última edición en 2019 cumplió cincuenta años.

Aftermovie de la edición de 2019

El emblemático color rosa de Pink Pop se refiere a Pentecostés, un acontecimiento religioso que es sinónimo de feriado de varios días en los Países Bajos, cincuenta días después del Domingo de Resurrección. El nombre Pink Pop deviene de “Pop in Pinksteren (Pop en Pentecostés)” el mismo día en el que Mick Jagger o Eddy Vedder o Metallica subieron al escenario para llevar al público más cerca del cielo. Sin embargo, este año debido a las restricciones impuestas por el Covid-19, Pink Pop se ha visto obligado a postergar un año más sus conciertos, lo que implica volver a renovar los contratos con los artistas, los proveedores, entre otros. De acuerdo a la organización, la pandemia les trajo numerosos problemas logísticos pero gracias a las subvenciones del Estado todavía podemos confiar en que Pink Pop se mantendrá con vida. Twenty Nine Pilots y Metallica ya han confirmado su participación para una próxima edición. Entre los momentos inolvidables de este festival se encuentra el que capturaron las cámaras en 1992 cuando Eddy Vedder, el cantante de Pearl Jam, subió a la grúa de grabación de vídeo durante su concierto y se tiró encima del público. En 2008 volvió, vestido con la misma camiseta de entonces e hizo lo mismo. La imagen se viralizó en las redes sociales.

Jazz en el Mar del norte

Años de pop pero también de jazz: otro festival emblemático que aparece en los setenta y que ha tenido que cancelar por segundo año consecutivo es el North Sea Jazz (Jazz del Mar del Norte). El festival nació el segundo fin de semana julio de 1976. Contaba ya en esa fecha con seis escenarios, 30 horas de música y 300 músicos, que atrajeron a más de 9.000 asistentes. Sarah Vaugan, Count Basie, Miles David, Sant Getz, junto a los mejores músicos vanguardistas holandeses, se dieron cita en su primera edición. Paul Acket, quien fuera su organizador, falleció en 1992 y el festival pasó a manos de Mojo concerts. Sus primeras ediciones se celebraron en el Forum Center de La Haya y hoy en día tiene lugar en el Ahoy de Róterdam, donde cuenta con 15 escenarios, 150 actuaciones y más de 25 mil visitantes por día. En 2011 tocó Prince tres noches seguidas, y en 2012 también Lenny Kravitz. El festival cuenta con una versión en Curacao.

Por debajo del nivel del mar: Lowlands

Lowlands es, junto a Pink Pop, el festival más popular y versátil jamás organizado en el país, en el que los gimnastas hacen acrobacias sobre el podio musical; se baila en una sala sin música -porque todos llevan los audífonos puestos- y se hacen batallas con pistolas de agua. Lowlands es hoy en día uno de los festivales más populares de los Países Bajos. El festival ha ganado terreno y se organiza todos los meses de agosto en Biddingshuizen, estrictamente en el pólder, en la provincia de Flevoland. Este año será unos de los pocos que sí verá la luz, y contará con la presencia de músicos como The Chemical Brothers y Rag n’ Bone, al igual que autores como la ganadora del Booker prize 2020 Marieke Lucas Rijneveld. El ADN de este evento de tres días con más de 250 actuaciones son cinco chimeneas alrededor de las cuales se levanta una gigantesca tienda de color naranja y negro, que se llama Armadillow, como el animal americano de caparazón con segmentos yuxtapuestos, se trata de un lounge donde, en su última edición, tocaron 45 DJ’s y cuatro radios nacionales ofrecían desde allí su programa diario durante 24 horas. Mr. Lowlands, el director del festival, Eric Van Eerdenburg dudó hasta el mes de diciembre si el 2021 sería un año productivo para Lowlands. En junio se dio la luz verde y el programa para este 20, 21 y 22 de agosto se ve prometedor. Los billetes de ingreso están agotados de acuerdo a la página web.

Uno de los momentos más recordados en la historia de este festival fue la participación de Yuri van Gelder , gimnasta olímpico y especialista en la prueba de anillas, quien apareció en el Alphatent frente a un público entusiasta que deseaba verlo en vivo, haciendo piruetas en sus anillas mientras sonaba música tecno.

Festival de motocross

Zwarte Cross es un atípico festival y el más grande de los Países Bajos de música y performance, combinado con espectáculos de motocross. Se celebra todos los meses de julio en el Achterhoek, provincia de Gelderland, y de él trasciende sobre todo su directora honraria, la madre del fundador y símbolo del evento, la emblemática Tante Rikie, quien hasta 2019 participaba los cuatro días del festival. En 2020 decidió ponerle un punto final a su participación en Zwarte Cross aunque sea irremplazable. Su foto aparece como icono en la página web del festival. Al verse obligados a cancelar sus conciertos debido a la pandemia, Zwarte Cross ha creado la alternativa Mega Fiesta Inmune (Mega Inmuun Party), que se celebrará en Lichtenvoorde, el fin de semana del 24 al 26 de septiembre. Un festival de tres días, sin acampada, con una capacidad máxima de 20.000 personas por día. Una manera de poner a prueba la eficacia de las vacunas contra el coronavirus y de organizar un evento en poco tiempo.

Tante Rikki, símbolo indiscutible del festival Zwarte Motocross

Las hermanas menores
Al lado de todos estos grandes festivales también se organizan otros a escala más pequeña que no dejan de ser importantes como por ejemplo Bospop, en Weert, que en 2022 tiene en cartelera a Sting, Sinead O’Connor y Lionel Richie, por nombrar algunos. Otro festival es Solar Weekend, de tecno y hiphop en los Maasplassen de Roermond. No hay que dejar de mencionar a Mysteryland, que congrega a más de 100.000 visitantes por año y este 2021 abre sus puertas al más puro house, hip hop y trance.

En este país de festivales en el que la democracia es sinónimo de creatividad, nada está dicho. Después de cincuenta años produciendo el “festival total” en diversos formatos y colores, una circunstancia exterior -la pandemia- las ha puesto a prueba. Siempre hay esperanza al final del túnel, y la capacidad de inventiva de estos eventos seguramente encontrará una salida a estos tiempos. La ciudadanía necesita de estos encuentros para salir de la tensión y recordar que uno está vivo.

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