El año en el que la cultura enmudeció

Recordando a Leonard Cohen, la cultura es como la luz que se cuela por cada grieta, aunque esta sea de tamaños inconmensurables como la que está dejando la pandemia. Cuando hace un año Europa se encerró en sus casas, tenores y sopranos salieron a sus balcones para regalar a sus vecinos instantes emocionantes de ópera en directo mientras desde la literatura y el cine se narraban esos días de extraño cautiverio forjando una “cultura del confinamiento” que todavía hoy perdura. Porque a pesar de ser este el año de Netflix y de Spotify, de las plataformas online, el sector cultural en su conjunto sigue sufriendo los estragos de meses sin público, sin aplausos en directo, sin arte compartido. El año 2020 ha regalado también el momento soñado por muchos de poder estar a solas frente a grandes obras como la Joven de la Perla y de disfrutar de verdad de las pinacotecas que meses antes se jactaban de números récord de visitas, mientras al que acudía a ellas sólo se le ofrecían las migajas de lo que un día fue el placer de ir a un museo: diez minutos en esta sala; una hora para ver toda la exposición; selfies por doquier y largas colas para entrar. Con los museos, cines y teatros todavía cerrados, la pandemia ya está dejando un poso en el sector cultural holandés que traerá cambios a largo plazo.

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