Zoom al conflicto entre el campo holandés y La Haya

Las protestas del pasado 19 de febrero han vuelto a llenar de tractores los medios y las redes sociales holandesas. Miles de agricultores indignados tomaron las carreteras del país para dirigirse hacia La Haya a manifestarse nuevamente. ¿El motivo? Un debate parlamentario al día siguiente sobre las emisiones de nitrógeno, que el gobierno quiere recortar y de las que las actividades agrícolas son la principal fuente.

La brecha entre el campo holandés y las ciudades ha terminado de abrirse. En los últimos meses, las protestas de los granjeros han monopolizado la atención de los medios y la política, con unas inciertas negociaciones sectoriales como resultado. Si han disminuido la intensidad de sus acciones desde principios de año, el campo español y el alemán han tomado el relevo en la lucha por defender los intereses del sector primario. Gaceta Holandesa ha hablado con dos organizaciones agrarias del país para entender por qué han sacado sus tractores a la calle.  

Atrapados entre el respeto al medio ambiente y la rentabilidad

Aunque estos dos conceptos no tienen por qué ser contradictorios, la transición que los cambios legislativos en política verde requieren en el campo está planteando nuevos retos a los Países Bajos. La necesidad de reducir las emisiones de nitrógeno ha llevado al Gobierno holandés a frenar 18.000 proyectos de infraestructura y construcción, mientras que el ganado se contempla como otra de las vías de recorte de este gas.

En lo que respecta a los animales, la propuesta del partido liberal-progresista D66 ha sido uno de los motivos que ha puesto a los granjeros en pie de guerra. De acuerdo a las declaraciones a RTL de Tjeerd de Groot, parlamentario de D66, la agricultura tiene una responsabilidad que enfrentar en lo que respecta al cambio climático: “El cálculo es simple: el 70% de nuestras emisiones de nitrógeno provienen de la agricultura, y de estas una parte enorme viene de la ganadería intensiva. Al mismo tiempo, la contribución de la ganadería intensiva a nuestra economía no llega al 1%; no hay proporcionalidad”. Si bien su propuesta no recibió seguimiento, dada la oposición frontal de CDA, que cuenta con apoyos en el mundo rural, y el desinterés del VVD y de CU por meterse en un terreno delicado, el sector potencialmente afectado por la medida no necesitó más para protestar.

Tractores en La Haya durante la última manifestación del pasado 19 de febrero. Foto: NCP

Según asegura Aleid Dik, portavoz del Nederlandse Akkerbouw Vakbond (NAV), sindicato que representa granjas de cultivos arables, este es uno de los principales motivos detrás de la última oleada de acciones reivindicativas: “Si bien la crisis de nitrógeno no es inmediatamente aplicable a nuestro sector ya que sólo representamos a granjas arables, creemos que las protestas empezaron porque los modelos en los que se basan las políticas sobre la crisis de nitrógeno no son suficientemente específicos”.

Dik basa en argumentos principalmente técnicos su oposición a esta medida: “Habría que preguntarse de dónde viene el nitrógeno. ¿De verdad es de las granjas, o es del tráfico o de alguna otra fuente? Con los medios actuales, no lo podemos saber. El modelo empleado sólo cuenta con cuatro puntos de medición, y es insuficiente para extrapolar a todo el país”. Según la página web del RIVM, entidad encargada de realizar estas mediciones, se cifra en un 46% la contribución de la agricultura a las emisiones totales de nitrógeno. El organismo también se defiende de las críticas a sus modelos de medición, si bien admite que planea cambios incorporando sugerencias de autores independientes que han puesto en tela de juicio algunos de sus métodos.

Ronne Smolders, portavoz del sindicato agrario de nuevo cuño Agractie, surgido al calor de las últimas protestas, confirma la importancia de la propuesta de D66 sugiriendo la reducción del ganado a la mitad como motivo para salir a las calles. “Esto lleva 30 años gestándose. Tenemos un dicho: ´si un granjero no se queja, es que está muerto´. Pero las reglas no paran de cambiar, y en septiembre de 2019 dijeron que recortarían a la mitad los números de ganado en el país. No podíamos aceptarlo, y fue la última chispa que faltaba para encender este fuego”.

La imagen del boer, en entredicho

Podría decirse que el boer, o granjero, es uno de los pilares en el imaginario social de los Países Bajos. Desde el siglo XII, los habitantes del país se han caracterizado por ganarle terreno al mar para su aprovechamiento agrícola, dando lugar al paisaje que hoy caracteriza el territorio.

Pero la visión actual del sector dista de ser la que transmite la historia holandesa. Al menos de acuerdo a las principales organizaciones agrarias, que coinciden en señalar la falta de empatía para con el campo por parte de la política e incluso de los habitantes de las ciudades como argumento subyacente de la última tanda de protestas.

Igual que la propuesta planteada por D66 implicando recortar el ganado a la mitad para lidiar con las emisiones de nitrógeno catalizó el descontento por la agenda verde, hay un hecho concreto que ejemplifica bien el sentimiento del sector agrario en lo que respecta a su percepción social. Se trata de la ocupación de una granja de cerdos por parte de cerca de un centenar de activistas del grupo animalista Meat the Victims. El siguiente video muestra una de las escenas de la acción, que se desarrolló en una explotación de Boxtel, en Brabante Septentrional.

Según Aleid Dik, este hecho concreto llevó al surgimiento de colectivos tildados de radicales por los medios y la política, como la Farmers Defence Force (FDF). Esta agrupación se caracteriza por emplear métodos de protesta más agresivos que el resto: “La FDF surgió a raíz de la ocupación de la granja de Boxtel, es algo que ha causado mucha rabia. Además de que era propiedad privada, lo que hicieron los activistas tampoco fue bueno para los propios animales”.

La portavoz de NAV asegura que a pesar de vivir en una gran ciudad y no dedicarse personalmente al campo, no puede estar más de acuerdo en que existe una falta de apreciación por el producto de calidad que genera la agricultura holandesa, y por los esfuerzos para que exista disponibilidad a lo largo de todo el año: “El público no se da cuenta de que producimos comida de gran calidad mientras hacemos grandes esfuerzos para ser sostenibles y cuida el medio ambiente. Se exagera el relato del granjero como contaminador y no como productor de alimentos”.

La posición de Agractie va algo más allá que la de sus colegas del NAV, y carga directamente contra el partido animalista PvdD, que cuenta con representación en el parlamento holandés: “Boxtel fue un asalto a los granjeros, y los hizo sentirse inseguros. También contribuyó a incrementar las filas de quienes están hartos”. Si bien el PvdD criticó el carácter violento de la acción, representantes del partido también aseguraron que sirvió para mostrar animales muertos y enfermos al público, y que por lo tanto la ley debería actuar no sólo contra los activistas, sino también contra el dueño de la explotación.

Los granjeros hemos sido representados como asesinos y maltratadores de animales”, asegura Ronne Smolders. “Creo que el PvdD no representa a la sociedad. Sólo son un pequeño grupo que sabe cómo atraer la atención de los medios de comunicación. Quieren aparentar un gran apoyo popular, pero la realidad es la opuesta”.

Smolders también incide sobre la necesidad de cambiar la imagen que se tiene de los granjeros mediante campañas de concienciación pública. “La gente que vive en las grandes ciudades, los niños de Róterdam o Ámsterdam, no saben que la leche viene de las vacas. Cuando la gente no entiende algo reacciona de forma agresiva, para eliminar esa hostilidad hay que darlo a conocer”. Por la misma razón, se declara sorprendida por el nivel de apoyo popular que lograron las primeras movilizaciones, aunque también reconoce el desgaste después de tres meses protestando: “Tras el 1 de octubre, con las carreteras cortadas por tractores, sentimos que la mayor parte del país nos respaldaba. Sin embargo, después de tanto tiempo realizando acciones para reivindicar nuestros derechos, tenemos que vigilar que la opinión pública no cambie de opinión sobre nosotros”.

Métodos expeditivos y discrepancias

La lista de motivos por los que quejarse es larga, y, en consecuencia, también hay multitud de sectores que han decidido sumarse a las protestas. Sin contar con los sindicatos y representantes de la construcción, que es la otra gran perjudicada por la agenda verde, existen 13 agrupaciones agrarias que aglutinan las reivindicaciones de los granjeros holandeses.

La portavoz del NAV destaca el papel del Landbouw Collectief, la entidad que las agrupa: “Al ser 13 distintas, no siempre estamos de acuerdo, pero en general hablamos como colectivo con el Ministerio de Agricultura”. Pone como ejemplo las protestas convocadas para el pasado 5 de febrero en La Haya, que finalmente no tuvieron lugar. Habían sido convocadas por Farmers Defence Force pero no hallaron eco entre el resto de entidades: “La acción reivindicativa del 5 de febrero la convocó un solo grupo, pero la cancelaron por falta de apoyo, dado que ahora mismo estamos en negociaciones, y de eso depende que sigan las protestas”.

El papel que juega Agractie está más cerca de los sentimientos a pie de calle que la posición de NAV, pero sin llegar a los extremos de Farmers Defence Force. “Mientras otras organizaciones se dedican a actuar como grupo de cabildeo o presión política, nosotros podemos ser algo más duros, ponernos de pie y decir: esto no está bien. Tenemos un papel similar al de una oposición parlamentaria, pero al final del día compartimos objetivos, aunque quizás no el método para alcanzarlos”.

Agractie también ha cosechado su dosis de crítica por parte de los medios y las redes. En una acción registrada por las cámaras, Arjen Schuiling, exportavoz de la organización, condujo un tractor a través de unas vallas que habían sido colocadas para impedir las protestas de los granjeros en Groningen.

En este segundo vídeo se puede apreciar cómo, en la misma acción, una de las vallas que el tractor de Schuiling retira está a punto de impactar a un ciclista, hecho que llevó al granjero a disculparse públicamente pero también centró en él los dardos de la crítica.

Smolders explica que Schuiling ya no es miembro de Agractie, y narra las similitudes y diferencias de su organización con respecto a otras más radicales: “Aunque no comparta las formas y métodos de Farmers Defence Force, creo que es bueno que existan en este momento. Nosotros somos un poco distintos, intentamos tener una imagen pública más amable. No quiero decir que sus protestas no sean útiles, pero son algo distintas”.

Un posible ejemplo de los métodos amables que comenta Smolders se puede ver en este vídeo. La creatividad, sin duda, también puede ser un arma de protesta:

Por otro lado, con motivo de la tormenta Ciara, que ha dejado multitud de daños por todo el país, se han visto casos de solidaridad de los granjeros para con sus vecinos, como este tractor que retira un árbol para despejar el paso por un camino.

La competencia con el exterior, un problema común

Si bien los métodos son terreno de discrepancia, un área en la que existe consenso entre ambas organizaciones es la del comercio exterior de la Unión Europea. “Mientras que en Países Bajos estamos sujetos a infinidad de reglas, tenemos que competir con un mercado global donde hay países que utilizan hormonas, pesticidas, cultivos genéticamente modificados… somos un país conocido por estar abierto al comercio, pero es difícil enfrentarse en desigualdad de condiciones”, asegura la portavoz de Agractie.

Para el NAV, el asunto de los tratados de comercio con países de fuera de la UE lleva siendo un asunto prioritario durante décadas, asegura Aleid Dik. “Estos acuerdos requieren que se reconozcan los estándares mutuos de producción. Pensamos que en Holanda y en la UE esta competencia está haciendo que desaparezcan los márgenes de los productores. Por ejemplo, aquí hay ciertos insecticidas que están prohibidos por dañar a las abejas y a otros insectos. Si importamos comida de sitios que sí los usan, ¿es que sólo nos preocupan las abejas holandesas, y no las de otros países?”.

La portavoz del NAV defiende el actual papel de Países Bajos como exportador de alimentos, que podría verse afectado de implantarse la versión más estricta de la agenda verde holandesa: “Si sólo debemos consumir lo que producimos aquí, tampoco vamos a ningún sitio. Hay productos que, por cuestiones de clima, siempre se han traído de fuera, como los cítricos. Y nosotros tenemos unas características climáticas para ser exportadores de otros, como las patatas o la remolacha”.

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