Tras las huellas de los Pilgrims en Leiden

Cargada de mitos y leyendas, la historia de los fundadores de la primera colonia permanente de Estados Unidos está íntimamente ligada a Leiden. Hace algo más de cuatro siglos, la segunda ciudad más pujante de lo que después serían los Países Bajos, acogió a un centenar de protestantes ortodoxos que huyeron de Gran Bretaña para preservar su pureza religiosa. Vivieron durante doce años en Leiden antes de partir para el Nuevo Mundo y, ya sea por sus fervientes convicciones o por su importancia para la historia de América, su historia ha trascendido con nombres y apellidos. Las huellas que dejaron en la ciudad holandesa están grabadas en placas y esculturas por doquier, a las que se añade un museo de otro tiempo y un escape room dedicado a ellos en la mismísima catedral. Gaceta Holandesa propone una ruta para conocer quienes eran los Pilgrims que vivieron en Holanda, sin escatimar en pistas de cafés y terrazas para cuando la curiosidad histórica decaiga y el hambre asome.

El relato sobre los Pilgrims ("peregrinos" en español) habría sido bien distinto sin el diario y las notas de uno de ellos, William Bradford, quien fue además el primer gobernador de la colonia fundada en Estados Unidos en 1620. Según sus textos, el 21 de julio de ese mismo año, un grupo de 16 hombres, 11 mujeres y 19 niños abandonaron Leiden y se dirigieron a Delfshaven, en Róterdam, desde donde zarparon al día siguiente rumbo a Inglaterra. Allí, otro barco con más “disidentes” de la Iglesia Anglicana, instaurada décadas antes por Enrique VIII, les esperaba para cruzar el Atlántico. Aquel barco era el Mayflower, y ellos, los que pasarían a la historia como los padres fundadores de Estados Unidos. Al igual que Bradford, entre los que salieron de Leiden se encontraban otros Pilgrims muy conocidos, como el soldado Myles Standish o William Brewster, quien desde su casa en la ciudad holandesa imprimía propaganda religiosa, a escasos metros del lugar donde, casualidades de la historia, un joven Rembrandt cogía los pinceles por primera vez en la Escuela Latina.

La casa museo

De los doce años que este centenar de británicos pasaron en Leiden queda muy poco, si bien la ruta que la oficina de turismo propone ayuda a hacerse una idea de cómo era la vida hace cuatrocientos años en esta ciudad ya cosmopolita por aquél entonces. Y es que de los 40.000 habitantes con los que contaba, un tercio eran refugiados procedentes de Bélgica y otras zonas de Europa. Se sabe que hasta 1700, en Leiden vivieron miembros de muchos grupos religiosos, desde católicos, hasta musulmanes, judíos, luteranos, menonitas y los de las iglesias reformadas de Valonia, Alemania e Inglaterra. La vida de cien de ellos habría pasado desapercibida si no hubiese sido por su gesta posterior. La mayor parte de los Pilgrims eran ingleses curtidos en el campo y poco habituados a la vida ajetreada de una ciudad, por lo que su adaptación a trabajar en la industria textil de la época no fue fácil y muchos vivían con sueldos bajos y tenían familias numerosas. Su día a día se ve bien reflejado en el museo de los Pilgrims Americanos, situado en la casa más antigua de Leiden, de mediados del siglo XIV, que todavía sigue tal y como entonces. Abierto sólo de jueves a sábado, cruzar la puerta del museo es como viajar a otra época, ya que así es como quiere mostrarlo su director, quien suele estar allí para guiar la visita. En las dos estancias con las que cuenta esta casa museo, se disponen objetos de la época de los Pilgrims, libros que cuentan su historia y curiosidades como una réplica de la cuna que llevaron en el Mayflower y que se encontró posteriormente en Massachussets. En este museo no hay cafetería, ni tienda, ni salida de emergencia: los cinco euros de la entrada quedan bien invertidos en la charla que se ofrece de forma personalizada a todo el que pase. Sin duda, un buen punto de partida para esta ruta y una experiencia diferente y muy auténtica. Al otro lado de la calle se encuentra la segunda iglesia más importante de la ciudad, Hooglandsekerk, a menudo cerrada al público salvo para las misas. Y ya que sólo abre tres días a la semana, nada mejor que visitar el museo el sábado, para después, dejarse caer por uno de los puestos de pescado del pintoresco mercado ambulante y hacerse con una ración de kibbeling (fritura de abadejo) ante de continuar el paseo.

Una catedral peculiar

Tras cruzar la arteria principal de Leiden, Breestraat, las calles bajan hasta la catedral o Pieterskerk. En el lateral de su fachada, dos placas rinden homenaje a los Pilgrims fallecidos y enterrados en Leiden, una de ellas a su reverendo John Robinson, el hombre más influyente de la comunidad y quien nunca llegó a abandonar la ciudad holandesa. Su casa, en la que oficiaba las misas, se encontraba en frente de este lugar, donde hoy se esconde uno de las hofjes (o casas de almas) más conocidos de Leiden, Jean Pesijnhofje, al que se puede acceder libremente y visitar su jardín interior. Se cree que los Pilgrims decidieron irse de Leiden tras ver su religiosidad amenazada por la "asimilación", ya que los niños y jóvenes se habían integrado, hablaban neerlandés, y corrían el riesgo de desvincularse de la vida ortodoxa que practicaba la comunidad inglesa. John Robinson fue una figura clave en la preservación de las normas y valores que mantuvo a este colectivo unido hasta su partida. Y girando la vista a la izquierda, se puede ver una casa blanca que hace esquina: resulta ser la única vivienda de la que se sabe con certeza que perteneció a una familia de peregrinos ingleses.

Una vez allí, la catedral de Leiden merece una visita por su imponente interior y porque en ella, por sorprendente que parezca, no se desarrollan actos relacionados con el culto religioso. Del siglo XIV, la iglesia fue desacralizada en 1971 y desde entonces se utiliza para todo tipo de eventos culturales públicos y privados. Alberga un café muy original en su antigua sacristía desde el que se accede a la entrada de la iglesia para el que quiera visitarla. Además, cuenta con uno de los airbnb más recomendados de la ciudad: un apartamento de lujo en la antigua vivienda del sacerdote, con una terraza que da a la monumental trasera de la iglesia. Y por último, la Pieterskerk cuenta en su interior con un escape room que rinde homenaje a la historia de los Pilgrims. Con motivo de la celebración, el año que viene, del cuarto centenario de la llegada del Mayflower a Plymouth, Leiden se une a la agenda cultural que se está planeando en distintos lugares de Holanda, Estados Unidos e Inglaterra ofreciendo actividades temporales como esta. Disponible también en inglés, el juego dura una hora y ya está en funcionamiento, por lo que acercarse uno de estos meses ofrece la ventaja de poder disfrutarlo prácticamente sin gente.

La hora del adiós

Si el tiempo acompaña, dos cafés emblemáticos del casco histórico de Leiden disponen sus mesas y sillas al aire libre en rincones rodeados de historia, donde tomarse algo se convierte en un capítulo más para aprender sobre el pasado sólo con la mirada. Desde la Pieterskerk se puede optar por el café Barrera, situado en la esquina de Kloksteeg y el Rapenburg, el canal más bonito y señorial de la ciudad. No hay instagrammer que se resista a la estampa desde la mesa, con el puente a un lado y el Academiegebouw de la universidad al otro extremo del agua. Su imponente fachada nos recuerda que aquí, la excelencia académica estaba a la altura de la intensa actividad comercial. Este edificio de la que es la universidad más antigua del país alberga también el jardín botánico, al que llegó el primer tulipán procedente de Turquía a finales del siglo XVI, unas décadas antes del relato que nos ocupa. La otra alternativa es el café Suppiershuysinghe o Het Koffiehuisje, en la plaza de la antigua prisión, del siglo XII, a espaldas de la plaza de la catedral. Con un nombre imposible de memorizar, basta con recordar sus toldos de rayas amarillos y blancos decorando otra esquina del barrio. Uno de los cafés más antiguos de la ciudad, tomarse algo dentro es otra forma de seguir caminando por siglos pasados mientras en frente, el museo nacional de Arqueología y Arte Antiguo de Holanda alerta de lo relativo del paso del tiempo.

Embarcadero desde el que se cree que partieron los Pilgrims desde Leiden, primero a Róterdam, después a Inglaterra y de ahí a América.

Como punto final a esta ruta, en el libro que edita la casa museo de los Pilgrims se detalla el lugar exacto donde se encuentra el embarcadero desde el cual este grupo de ingleses abandonó Leiden un día de verano de hace casi 400 años. Éste se esconde cerca del número 68 del canal del Rapenburg y antes de llegar a la callejuela Begijnhof, y se distingue por ser más largo que el resto y por tener una barandilla pintada de blanco. Desde ahí el primer barco inició la aventura y salió de la ciudad por el Vliet, otro canal a unos minutos a pie de este punto, rumbo a Róterdam. Allá donde confluyen este y el Witte Singel se alza, pequeña y escondida bajo un árbol, la escultura en bronce de un caminante con la cabeza en alto. Se trata del último homenaje que rinde la ciudad a los Pilgrims, religiosos radicales para algunos; los primeros demócratas americanos para otros; aventureros, en definitiva, que se lanzaron a lo desconocido y lo lograron.

Con motivo del cuarto centenario de la llegada del Mayflower a Estados Unidos, la ciudad de Leiden organizará eventos especiales en 2020, muchos de los cuales ya se pueden consultar en esta página web.

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