Tras la huella romana en Holanda

Fueron cuatrocientos los años en los que el Imperio Romano estableció en las bajas tierras holandesas su frontera más septentrional. Por aquél entonces todos los caminos conducían a Roma, excepto al otro lado del Rin. Ciudades como Ulpia Noviomagus Batavorum, hoy Nijmegen o Nimega, recuerdan su paso por Holanda, si bien lo que mejor define la huella romana son la veintena de fortificaciones y torres que se sucedían a lo largo del río, donde se cree que se desplazaron hasta 10.000 legionarios para defender el Imperio frente a los pueblos germánicos del norte. Hoy en día todavía se pueden visitar algunos vestigios romanos y varias reconstrucciones permiten conocer cómo era la vida lejos del amable clima mediterráneo, donde, según cuenta en su Historia Naturalis el escritor Gaius Plinius Secundus, “dos veces al día, el océano se sumerge en la tierra con olas gigantescas, una lucha eterna que hace que uno se pregunte si este trozo de tierra pertenece al mar o al continente”. Desde la costa hasta el interior, iniciamos un viaje en la historia con el Rin como protagonista, donde se suceden numerosos planes inesperados que divertirán tanto a grandes como a pequeños.

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