Entrevista al diseñador Richard Hutten

“En Holanda todo está diseñado, hasta el suelo que pisamos”

Irreverente e impredecible pero siempre fiel a un estilo limpio, que no responde a la tendencia del momento: así es el arte de Richard Hutten, uno de los diseñadores más reconocidos dentro y fuera de Holanda. Director creativo de la firma centenaria Gispen, sus objetos forman parte de las colecciones de más de cuarenta museos en todo el mundo como el Stedelijk de Ámsterdam o el de Arte Moderno de San Francisco. Enemigo de Ikea, Hutten considera que un objeto, o un mueble, debería acompañarnos toda la vida. Porque conservar es para él la auténtica sostenibilidad, no el reciclaje.

​Usted asegura que sus productos están diseñados para que duren toda la vida, para que pasen de generación en generación ¿esta idea tiene su origen en el pensamiento holandés de conservarlo todo, de no tirar sino vender de segunda mano?
Si diseñas productos con sumo cuidado, como nosotros, la gente lo valorará y hará todo lo posible por conservarlo. Cuando hablamos de sostenibilidad en términos de reciclaje nos equivocamos: como diseñador lo que deseas es que no se recicle nada, que no se tire, sino que se conserve y nos acompañe toda la vida. Es otra manera de mirar al concepto de sostenibilidad: hacerse con objetos que envejezcan bien y si algún día te cansas de él, lo vendes por Marktplaats para que pase a otra persona.

​Compra usted en Marktplaats?
Sí, algunas veces.

​Pero el material que se use es esencial para lograr que un objeto envejezca bien y usted utiliza a menudo plástico, ¿puede perdurar para siempre?
Claro que sí, todo depende de la calidad del plástico. Es cierto que no tuvo unos inicios muy buenos porque nació como un material falso, creado para copiar el marfil. Pero si miramos a otros productos hechos de plástico hace décadas, como la silla de Panton, de 1960, éstas envejecen muy bien, sin duda. El problema son las copias. Hoy en día marcas como Vitra copian estos diseños con materiales mucho más baratos que duran menos. Pero mi taza es un ejemplo de plástico irrompible: una vez, para probarlo, conduje por encima de una de ellas con mi coche y no le pasó nada.

​El mundo en el que vivimos, de comprar rápido y tirar poco después va en contra de esta idea que transmite. Por precio o por mentalidad, es posible que haya mucha gente que no compre sus productos…
¿Qué es mucha gente? Un millón de personas han comprado esta taza y yo quiero que el mayor número de personas se divierta con mi trabajo, que además está expuesto en más de cuarenta museos en todo el mundo. No hace falta poseerlo para disfrutarlo, hay diferentes niveles. No diseño para la gente que compra y tira sino para el que desea conservarlo por mucho tiempo. Todo lo que compro para mi casa es para conservarlo por mucho tiempo. No compro en Ikea, odio Ikea, una empresa que sólo produce para consumir rápido al final sólo genera más y más residuos. Esta taza, a pesar de valer unos 12 euros, es cara para lo que es, una taza de plástico, pero aun así tiene un precio que todo el mundo puede pagar.

​¿Propone entonces que no solamente compremos menos sino que vivamos con menos?
No creo que tengamos que vivir con menos, cada uno debería comprar todo lo que quiera, pero sí pienso que deberíamos comprar mejores productos, de mejor calidad. Si compras un sofá por cinco mil euros, si éste es de buena calidad, te acompañará toda tu vida. Se trata de gastar cinco mil euros una vez en lugar de cinco veces mil euros.

​De acuerdo con usted, pero la realidad es otra y cada vez impera más el estilo de vida de usar y tirar…
Sí, y por eso creo que debería haber una intervención mayor por parte del gobierno, a través de leyes y normativas que regulen este consumo. En Holanda por ejemplo se debatió sobre la posibilidad de imponer una tasa sobre las materias primas que se compran. Y en Gispen desarrollamos una economía circular: si alguien tiene algo valioso proponemos que, primero, lo cuide todo lo bien que pueda; si se rompe, que intente repararlo y como última alternativa, Gispen propone reinventarlo con otros materiales, le da un aire nuevo de acuerdo a lo que sugiera el cliente.

 “El usuario es  el que decide para qué sirven mis objetos, con infinitas posibilidades: así una taza diseñada en principio para un niño acaba siendo el juguete de un perro o la taza más útil para una persona mayor o con alguna discapacidad, como me ha pasado con la Dumbo Mug”.

Las personas ¿variamos en nuestro gusto, en nuestro estilo de vida, a lo largo de los años? Porque es probable que alguien se aburra de un producto que compró hace décadas y quiera sustituirlo...
Eso es posible, claro, pero lo que yo hago es tan aburrido que puede acompañarte a lo largo de tu vida y de tus gustos porque se adapta bien (ríe).

​Acerca del llamado Dutch Design, ¿cuál es el secreto de su éxito?
Hay muchos aspectos pero quizás lo que es importante es que podemos diseñar libremente, no sólo por el entorno sino porque mentalmente somos capaces de abrirnos a imaginar con libertad. Además el diseño es algo propio de nuestras raíces como sociedad: todo lo que ves alrededor está hecho por el hombre, hasta la naturaleza en Holanda está intervenida. Hace siglos este lugar era el mar. Hemos diseñado el suelo que pisamos, cada metro cuadrado está hecho por nosotros, y si no es naturaleza es diseño. Además aquí en Róterdam Erasmo escribió en 1511 el “Elogio de la necedad”, sobre la insensatez, algo que creo muy nuestro: somos más irracionales e insensatos de lo que parecemos.

​Usted persigue que cada uno de sus diseños transmita diversión, y el juego está presente en todo momento, ¿cuáles son los límites que se pone a este proceso creativo?
Al igual que durante una partida de un juego de mesa, en el momento del juego hay un cierto número de reglas que hay que respetar. Estamos jugando, sí, pero siguiendo unas normas porque jugar también es algo muy serio. Esto mismo es lo que hago cuando diseño un producto que espero que sea divertido pero a la vez funcional. El objetivo es que sea divertido pero se llega a él a través de un proceso de normas que hay que cumplir para que salga bien.

​Es cierto que una silla es el lienzo de cualquier diseñador?
Sí, es verdad que diseñar una silla es lo más difícil que hay. Yo colecciono sillas y creo que seguiré diseñando sillas toda mi vida. Pero me gusta cualquier reto y he diseñado de todo, desde dos mil metros cuadrados de centro comercial en Seúl, junto con MVRDV, hasta un sello para la compañía de correos holandesa.

​Cuéntenos la historia de este sello…
Me hacía ilusión diseñar un sello, sin duda es un producto muy especial y ya tenía en mente lo que quería hacer cuando se lo propuse a Post NL. Se trata de un sello caro, cuesta 2,30 euros, porque es un libro. Son ocho páginas escritas por Joost Zwagerman, que desgraciadamente se quitó la vida el año pasado. Le convencí para que se uniera a este proyecto, que lo lanzaríamos por el 75 aniversario de la Boekenweek, y para que escribiera un relato para este sello. Él aparece en la portada sentado en la silla hecha a base de libros que yo diseñé hace años. La idea tuvo muy buena acogida, apareció en todos los medios y el día que se pusieron a la venta se agotaron. La gente los compró para coleccionarlos, los de correos me dijeron después que no se había mandado ninguna carta con él. Y yo gané el premio nacional de diseño gráfico de ese año.

Al izquierda, cubertería diseñada por R. Hutten. A la derecha, el sello-libro que produjo en 2010 © Fernández Solla Fotografie

La globalización ¿tiene un efecto positivo en las tendencias del diseño? ¿No cree que en algunos aspectos homogeniza demasiado? Todo el mundo viste con vaqueros, bebe coca-cola y compra en HyM…
Soy el único holandés de mi equipo y me encanta la diversidad que produce trabajar con gente de todas partes. El efecto siempre es positivo. Mis clientes están por todo el mundo y me gusta mucho la perspectiva tan distinta que tiene cada uno, eso es lo que realmente disfruto. Por otro lado, sí que es cierto que la cultura global se está haciendo cada vez más aburrida pero el gusto y el estilo todavía sigue siendo muy distinto dependiendo de donde me encuentre. Si estoy en Japón realmente siento que estoy en otro lugar totalmente ajeno. Pero el que yo pueda trabajar en todos estos países indica que hay un gusto común, de alguna manera, aunque con sus diferencias. Yo llevo unos vaqueros igual que tú pero el tuyo no se parece al mío: iguales pero diferentes.

​Sus objetos parecen low-tech pero son todo lo contrario, ¿resultan difíciles de copiar?
Depende de su éxito y de lo difícil que sea el proceso. La taza por ejemplo, al ser de plástico parece fácil de copiar pero no es así porque es un diseño muy robusto. Que yo sepa todavía no se ha copiado. Y una estantería hecha con fibra de carbono con baldas de más de un metro de largo, parece low-tech pero es imposible de copiar por el proceso de producción que conlleva. Pero está claro que los diseñadores odiamos el negocio de la copia. Hace unos años el grupo DROOG creamos una serie llamada “Copy China” con la que pretendíamos devolvérsela a los chinos: por ejemplo, yo diseñé una tetera tradicional china que recuerda a una plancha antigua. Copiar no beneficia a nadie. Investigar, ser original y que mis objetos sean divertidos, que provoquen una sonrisa, ese es mi objetivo. Y estoy convencido de que mi mejor diseño todavía está por llegar.

De izquierda a derecha: estantería hecha con fibra de carbono, detalle de uno de los diseños y Hutten mostrando la tetera inspirada en una plancha antigua. © Fernández Solla Fotografie

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