Entrevista a Guido van Rossum, creador de Python

“Si Python no hubiese sido un software libre desde el principio, no habría llegado a ninguna parte”

Guido van Rossum es un programador informático holandés y el creador de Python, el cuarto lenguaje informático más utilizado del mundo, con millones de usuarios en los cinco continentes. Desconocido para la mayoría, es admirado por miles de ingenieros que le consideran uno de los artífices del cambio en la era de internet, cuando a finales del ochenta creó este lenguaje nuevo, sencillo y más fácil de usar que los anteriores, durante unas vacaciones navideñas. Desde su oficina en la sede de Dropbox en Silicon Valley, Guido charla con Gaceta Holandesa sobre la grandeza de una idea colectiva, que crece gracias a la participación de todos y donde el beneficio económico no juega un papel importante. En el mismo lugar donde otros millonarios de camiseta mueven los hilos de internet, Guido van Rossum sigue siendo el informático humilde. Y el que mejor entiende el idioma con el que se escribe la historia de nuestro tiempo.

Estudiar informática en Holanda ¿le ayudó a alcanzar el éxito en su carrera?

Siempre tuve la sensación de que la ciencia computacional se desarrollaba sobre todo en Estados Unidos. Cuando empecé a estudiar en los setenta, el enfoque en la universidad ya era muy americano y cuando trabajaba en los ochenta en el CWI (Centro de Investigación de Ciencias Matemáticas e Informática), tanto el hardware como el software procedían de Estados Unidos. Pero algunos programas informáticos muy influyentes como Pascal o ALGOL 68 habían sido diseñados en Europa y tuve la oportunidad de trabajar con personas que habían estado involucrados en el desarrollo de estos programas. Entre ellos estaba uno de los creadores del programa ABC que se llevó a cabo en el CWI, Lambert Meertens. Puedo decir que él fue mi mentor, el que me enseñó todo lo que sé sobre diseño de lenguajes de programación. Era un entorno muy estimulante con investigadores que venían de todo el mundo, gente muy inteligente de Alemania, Grecia y por supuesto Estados Unidos.

¿Por qué cree que Estados Unidos siempre ha liderado, y más hoy en día, la ciencia computacional?

No lo sé, y no me atrevería a confirmar que Estados Unidos está por delante de otros países. Lo que sí es cierto es que Silicon Valley cuenta con una larga historia: aquí nacieron las empresas que desarrollaron los primeros chips en los cincuenta cuando se inventó el primer transistor. ¿Por qué se instalaron aquí y no en la costa este? No tengo ni idea. Quizás porque el clima es mucho mejor. Mi mujer me lo dice cada fin de semana, lo feliz que está de vivir aquí. Por otro lado, la idea de que este es el lugar donde se cuece todo tiene mucho de publicidad. Porque esto lo saben hacer los americanos muy bien: vender todo lo suyo como lo mejor. A menudo tengo problemas con esto porque la gente intenta vender cosas que son inútiles, que nadie necesita, pero se inventan un argumento para hacernos creer que lo vamos a usar y al final lo acabamos comprando. Es la forma de vida americana: la estantería llena de chorradas. Las relaciones públicas forman parte de la formación en Estados Unidos. Algo totalmente distinto de lo que yo viví en Holanda.

Será antes, porque ahora lo que usted cuenta suena parecido a lo que comentan los extranjeros que vienen a vivir a Holanda, de que a menudo se vende humo…

Desde luego no es lo que yo tuve en mi infancia. En los setenta en Holanda venderse, promocionarse, estaba mal visto. Como si estar orgulloso de ser el primero de la clase fuese algo inaceptable. Forma parte de la cultura calvinista del país, que estaba muy arraigada en mi familia a pesar de que mis padres, mis abuelos, eran todos ateos. Quizás por eso cuando inventé Python no tuve grandes expectativas. Porque fue el resultado de una mezcla de éxitos y fracasos: ABC era un lenguaje para mí gusto técnicamente perfecto y cuando dejó de funcionar sentí la necesidad de crear algo parecido pero mejor, aunque no tenía ni idea de cómo promocionarlo. Así que sencillamente copié lo que otra gente hacía al comienzo de la era de internet, utilizando usenet para dar a conocer su pequeña aportación. Pero mis expectativas eran muy humildes, muy al estilo holandés, o calvinista. En el instituto donde trabajaba había mucha gente muy inteligente, que no se las daba de nada y que me enseñaron todas mis habilidades técnicas. Eran profesionales a los que siempre he considerado mucho más listos que yo pero que, si bien eran excelentes en lo técnico, no sabían venderse bien. El instituto también promovía esta actitud porque se preocupaba más por la excelencia que por la visibilidad. Por ejemplo, no había cursos sobre cómo escribir un artículo para una revista académica o cómo elaborar una propuesta para que fuese aceptada en una conferencia.

 

El código Python es un lenguaje interpretado, es decir, que hace hincapié en el uso de una sintaxis legible y fácil de comprender para un inexperto.

 

Entonces, el éxito de Python ¿le pilló por sorpresa?

Totalmente. La comunidad de usuarios de Python empezó a crecer rápidamente, con mucha gente que me mandaba sus mejoras y añadía librerías, y eso fue algo inesperado para mí. Me seguía sorprendiendo que la gente me dijera que lo que había hecho era algo único, me hacía sentir incómodo. Porque yo no hice nada especial para difundirlo, tan sólo liberar la licencia en 1991, para que todo el que quisiera pudiera usarlo gratis. Estoy convencido de que si no hubiese sido software libre no habría llegado a ninguna parte. Porque yo no tenía ninguna habilidad para lograr que alguien financiara un proyecto mío, no estoy hecho de esa pasta. Así que aunque los términos  “software libre” y “open source” se acuñaron a finales de los noventa, con discusiones sobre si era mejor uno u otro, lo cierto es que el concepto existía en este mundillo mucho antes del término.

Usted decidió que Python no tuviera fines comerciales ¿cuánto tiempo le dedica actualmente?

Siempre he tenido, y tengo, un trabajo aparte en el que utilizo Python pero no puedo dedicarle el tiempo necesario para desarrollarlo. Cuando llegué a Estados Unidos, lo hice para trabajar en un proyecto de investigación donde Python era una de las herramientas. Y desde entonces, todo lo que tiene que ver con la comunidad de usuarios, gestionar el listado de emails, hacer la web…siempre ha sido una tarea de nuestras horas extra, después de la jornada laboral. Al igual que yo, otros usuarios hacen sus aportaciones al lenguaje fuera de su trabajo habitual porque en su día a día lo utilizan para rentabilizar la aplicación que desarrollan con este código y que es la fuente de ingresos de su empresa. Algo parecido a lo que yo hago en Dropbox asesoraando a los informáticos que trabajan aquí para que utilicen Python de la manera más óptima posible, al igual que hacía antes en Google.

Con millones de usuarios por todo el mundo, ¿no ha pensado alguna vez que si hubiese cobrado por usar Python ahora podría ser millonario?

Yo podría haber sido muchas cosas. Pero estoy casi seguro de que Python sería una pequeña huella en la historia si me hubiese podido la codicia. Compartirlo fue la clave, porque hoy la comunidad que lo usa lo mejora, lo promociona y lo enriquece cada día. He visto muchas personas que han diseñado lenguajes informáticos, tanto comerciales como libres, y que han hecho todo lo posible por darlo a conocer y aun así han fracasado. Es realmente complicado lograr que un lenguaje informático tenga éxito y a veces es sólo gracias a un cúmulo de golpes de suerte. Java, el más usado del mundo, fue creado para descodificadores de televisión. Hoy no estaríamos programando en Java si se hubiesen quedado ahí. Y su script se desarrolló en una semana. En mi caso creo que Python llegó, como se suele decir, en el momento justo y en el lugar perfecto.

Muchas de las aplicaciones de Python son más novedosas que el propio lenguaje, que data de los años noventa, ¿por qué los ingenieros que desarrollan nuevas tecnologías siguen confiando en Python a pesar de ser un código relativamente antiguo?

Es muy sencillo: porque les da seguridad. Puede que haga 28 años desde que se inventó pero sigue estando muy al día, como Java o C++, porque la gente confía en ellos. Los que se desarrollaron hace diez años todavía tienen funcionalidades que no están tan optimizadas y existe un riesgo más alto de que en un par de años ya no sean tan populares y no se actualicen. Cuanto más nuevo sea un código informático, mayor es la probabilidad de que falle. Diseñar un código informático es una tarea muy lenta, que lleva muchos años. Y lo que asegura la permanencia de un lenguaje es la cantidad de gente que lo usa. Cuando una empresa invierte millones de dólares en un nuevo sistema de servicio al cliente, por ejemplo, no puede arriesgarse a que no funcione porque el código informático con el que lo desarrollan no les responde. Por eso es lógico que la gente sea conservadora a la hora de elegir el de toda la vida, el que sabe que no les dará problemas.

Recopilatorio de la serie Flying Circus de los humoristas británicos Monty Python que inspiró a van Rossum para denominar Python a su lenguaje.

Hoy en día hay toda una comunidad de seguidores fieles de Python, que secundan un decálogo de principios fundamentales, son fans de los Monty Python y se reúnen periódicamente ¿participa usted en esto?

No tanto, siempre me ha parecido bien que otras personas construyeran la comunidad Python y lo den a conocer con estas ideas, mientras yo me dedico más al aspecto técnico de diseño e implementación. Soy una persona bastante introvertida, así que me hace muy feliz cuando otras personas se animan a dar clases sobre Python, escribir libros o hacer webs sobre ello. Todos salimos ganando. El que escribió el decálogo se llama Tim Peeters y fue otro mentor para mí. Desde que se involucró en Python hace más de veinte años, ha divulgado el proyecto de una forma extraordinaria convirtiéndose en un gran impulsor. Y lo curioso es que nadie sabía realmente quien era él. Cuando llevábamos cuatro años trabajando juntos, después de intercambiar muchos emails, nos conocimos en Estados Unidos y en persona ¡es incluso más introvertido y tímido que yo! (ríe).

A menudo se le ve con camisetas que lanzan mensajes feministas en favor de las mujeres que programan, ¿está cambiando mucho el panorama en este sentido?

Siempre animo a que haya un cambio, porque en la cultura friki de la programación las mujeres siguen siendo una gran minoría. Pero tampoco he estado liderando un movimiento así, son otros los que a través de la fundación Python financian iniciativas para favorecer que haya más programadoras. La comunidad cuenta aproximadamente con un 25 o 30 por ciento de mujeres usuarias. Y en el grupo más reducido de los que desarrollan Python sólo hay dos mujeres de un total de cincuenta personas.

Lenguajes de programación como el suyo se utilizan ya para algoritmos como los que permiten reconocer nuestra voz, nuestros gustos y preferencias. ¿Qué opinión tiene usted sobre estos avances del aprendizaje profundo?

Espero que al menos mejore un poco porque el que tengo en casa de Google cada vez que le digo que ponga música, suele escoger la equivocada (ríe). Avanzará mucho más, y sé que Python es una buena herramienta para los que están trabajando en este campo. Pero espero que todavía queden situaciones cotidianas en las que las personas no tengamos que hablarle a un ordenador porque primero, no es tan eficiente, y segundo, me cansa ser partícipe de las conversaciones de otras personas cuando estoy en el metro o en otro lugar público. Es lógico que ingenieros, científicos y diseñadores exploren lo que podrá ser capaz de hacer un ordenador en un futuro pero la idea de la inteligencia artificial humanoide con derechos civiles es ciencia ficción. Supongo que se desarrollarán robots que nos hagan la vida más sencilla y amena pero no hace falta que tengan nuestro aspecto, no necesitamos más gente en el mundo. Un ordenador no debería tener personalidad, no deberíamos pretender que se acerque a lo que somos, porque la decepción de descubrir que no son reales sería la mayor que se puede sufrir.

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