Un viaje en tren, con la estación como destino

Que las estaciones de tren tienen algo que transporta a otra época, cuando la llegada del ferrocarril ponía a una ciudad en el mapa augurándole prosperidad, es algo sabido por todos. Pero mientras otros países se han rendido a los encantos del transporte aéreo o el coche, Holanda mantiene la hegemonía del tren y al contrario que en muchos otros lugares, no sólo no cierra estaciones, sino que las renueva dotándolas de un nuevo protagonismo. Desde una joya del Art Nouveau hasta la más vanguardista en Róterdam, son muchas las estaciones holandesas por las que merece la pena esperar al siguiente tren. En ellas, rincones insospechados como una biblioteca, una tienda de vinilos con música en directo o el mejor café de la ciudad invitan a quedarse un rato y a mirar alrededor, mientras fuera, el ritmo frenético de los viajeros sigue su marcha.

Groningen

El viaje comienza por la estación más septentrional de esta selección, en la capital del norte del país, Groningen. Pocos años después de que Holanda le diera la bienvenida a su nueva estación en

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