Terschelling: naturaleza, arte y música en estado puro

Cynthia llega al puerto de la ciudad de Harlingen, acompañada de su novio Paul y su perro Tom, para tomar el ferry que les llevará hasta Oerol Festival. La emoción es máxima. Por delante les aguarda todo un fin de semana para disfrutar de un plan tan variado como sorprendente: obras de teatro en la playa, conciertos al anochecer o paseos en bicicleta por paisajes milenarios. Un sinfín de actividades artísticas integradas en la naturaleza inabarcable de Terschelling, una de las islas frisias del norte de Holanda. El plan ideal para relajarse y disfrutar en familia o con los amigos.

Oerol recuerda por su estética de grandes espacios abiertos, al famoso festival norteamericano Burning Man, y por su atmósfera bohemia y libre, al mítico Woodstock del 68, en el estado de Nueva York, y aunque no llega a ser ni uno ni otro, su fuerte identidad quizás marcada por el privilegiado paisaje de Terschelling, le otorga una categoría especial y diferente de cualquier otro festival de estas características. Y es que el paisaje de la isla bien podría ser el escenario de una canción de la cantante islandesa Björk, donde los silencios elocuentes y las playas interminables son los protagonistas de la magia de Terschelling. En Holanda, un pequeño gran país con una amplia oferta de viajes y planes de ocio, siempre hay nuevos destinos desconocidos que llenan de sorpresa al viajero que por aquí pasa, o al que aquí vive, que se sorprende con lugares que nunca ha visto antes.

Arte por todas partes

¿En que consiste exactamente Oerol Festival? La palabra Oerol significa en el dialecto frisón “all over” (en español, por todas partes). Una palabra muy adecuada para describir este festival cuyas instalaciones artísticas, las gigantes esculturas, las coreografías de danza o las pinturas más sorprendentes se esconden por toda la isla para que sean descubiertas por el visitante, como si jugara a seguir el mapa de las pistas y encontrara las obras y representaciones artísticas entre el paisaje: en la costa, en el campo o en las principales calles de West-Terschelling.

Un ejemplo de dichas artes es la instalación que tendrá lugar en esta edición: “We Have Never Been Modern” (en español, “nunca hemos sido modernos”). Inspirada en el ensayo homónimo del filósofo y sociólogo francés Bruno Latour, ha sido creada por los artistas Daan´t Sas y Lotte van de Berg, en colaboración con el escenógrafo Anne Haberman, el urbanista Arie Lengkeek y el especialista multimedia William Weemhoff. Una obra múltiple compuesta por una instalación, un taller y una exposición, donde se examina la relación del hombre con la naturaleza y el futuro. “Con esta obra queremos poner en duda que seamos tan modernos como nos creemos, y que por los avances tecnológicos, nos veamos tan superiores a los animales”, exponen en la página web de la instalación.

El primer festival se realizó en 1982, cuando un joven artista y emprendedor de 27 años, Joop Mulder, quién había llegado a Terschelling para regentar un café, se enamoró de sus paisajes de ensueño y comenzó a dar vueltas a la idea de crear un festival donde las diferentes corrientes artísticas se unieran (danza, escultura, teatro, pintura) y se fundieran con la naturaleza. Así inició este festival que durante diez días, cada mes de junio, transforma la isla de Terschelling en el mejor escenario, natural y único, para todo tipo de expresiones artísticas y en el punto de encuentro de los amantes de la cultura y el arte. Su filosofía está calando y hasta dicen, transformando el panorama artístico internacional: “Se trata de un laboratorio artístico serio al tiempo que muy divertido”, explican sus organizadores. “Cada año las intervenciones artísticas toman forma humana, en shows, proyectos visuales y musicales al aire libre. Oerol se está convirtiendo en ese lugar para los artistas que tienen un diálogo con la naturaleza”.

Cynthia y Paul llegan al puerto de West-Terschelling, la ciudad más importante de la isla, tras dos horas de viaje en ferry desde Harlingen. Se dirigen al famoso Grand Café Zeezicht, donde la vista es privilegiada y el ambiente en los días del festival, así como en todos los cafés y restaurantes de la ciudad, es de lo más animado. Allí se encuentran con algunos amigos y comienzan a planear la ruta artística.

Faro y pueblo principal de Terschelling. Foto: Pixabay

El ambiente es increíble: hasta aquí llegan personas de todos los países del mundo atraídos por la atención internacional que despierta (The Washington Post), aunque la gran mayoría son holandeses. Los visitantes aumentan cada año, y este año se prevé la llegada de 50.000 personas, lo que supone un significativo incremento para la tranquila población de esta isla, que cuenta con menos de 5.000 habitantes durante el resto del año.

Cynthia y Paul se divierten observando el Grupo acrobático de Tánger, un arte milenario que jóvenes de la ciudad marroquí han tratado de salvaguardar y ahora muestran por todo el mundo. Gritos, saltos y canciones, la alegría inunda a los presentes, todos ríen y disfrutan de este espectáculo.

Reserva natural

Terschelling es una de las famosas islas Frisias, situada al norte de Holanda, entre las islas de Vlieland y Ameland. Según la información de la oficina de turismo de Terschelling, es el municipio más grande de los Países Bajos, debido a que una gran parte del Mar de Wadden, incluida la isla de aves Griend, pertenece a los terrenos de este municipio. En total, toda la isla tiene 11.575 hectáreas.

Merece la pena visitar Terschelling no solo por su espacio infinito y sus inacabables playas, que llegan hasta los treinta kilómetros. Las más conocidas son las de West aan Zee, Midsland aan Zee and Formerum. Los amantes de los deportes acuáticos encontrarán aquí los mejores escenarios para practicar surf y kite-surf, y quienes quieran disfrutar del paisaje de otra manera, en kayak o a bordo de un catamarán, encontrarán aquí todo tipo de actividades. Recorrer la isla en coche es el mejor modo de conocerla y parar en sus rincones más especiales. Además de West Terschelling, en el camino pequeños pueblos pintorescos se asoman a la carretera. En la parte oriental de la isla, se encuentra De Boschplaat, catalogada como Reserva Natural desde 1970, un entorno rico en diferentes especies aves migratorias, lo que le convierte en un atractivo indiscutible para observadores de aves que llegan de todos los rincones del mundo.

La atmósfera que se respira en Terschelling, como sucede en muchas islas, es de tranquilidad y cierta vida bohemia, donde sus variopintos ciudadanos, orgullosos del privilegiado entorno donde viven, cuidan de él con esmero.

DATOS PRÁCTICOS

Fechas del festival: Del15 al 24 de junio.

Cómo llegar: Para llegar a esta isla, hay que viajar hasta Harlingen donde se puede tomar un ferry que tarda aproximadamente dos horas hasta West-Terschelling. También se puede optar por tomar la lancha rápida, cuyo recorrido es de 45 minutos.

Dónde comprar los tickets:

Se puede consultar el programa y comprar los tickets previamente online o allí. La mejor manera de visitarlo es adquirir la pulsera del festival (25€ online y 30€ si lo compras allí, sirve para los diez días) que da acceso a todas las actuaciones. El staff del festival recomienda que no se planee mucho con anterioridad, para que en la isla cada uno decida qué quiere hacer. “Deja que Oerol te sorprenda, con inesperadas performances en las calles, vete en la bicicleta de expedición por la isla, participa en sus talleres con actuaciones” se puede leer en su web.

​Dónde dormir:

En Terschelling hay opciones muy originales, como dormir en un barco o en una casa privada en la playa, a través de Airbnb, y también hoteles como los que se ofertan en la web de turismo de la isla. Para los que viajen en familia, una opción muy divertida, en especial para los niños, es alojarse en una granja. En De Zeekraal cuentan con unas cabañas donde además ofrecen el más auténtico de los desayunos, con su queso biológico de oveja recién hecho por sus propietarios.

Arriba, interior de una de las tiendas en las que alojarse en la granja De Zeekraal. A la derecha, el grupo acrobático de Tánger Halka, en un momento de su actuación durante el festival Oerol, en la playa. Fotos: De Zeekraal y Moon Saris

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