Los búnkeres escondidos de la costa holandesa

Un muro apenas visible recorre las playas holandesas de sur a norte. Es sólo la columna vertebral de un esqueleto de búnkeres, túneles y trincheras subterráneas que conforman el llamado Muro Atlántico a su paso por Holanda. Edificados en un tiempo récord durante la Segunda Guerra Mundial, Hitler pretendía evitar con estas más de diez mil estructuras defensivas, una posible invasión aliada desde Gran Bretaña. Y para lograrlo, sembró la costa europea, desde el sur de Francia hasta el norte de Noruega, de búnkeres, trincheras y puestos de tiro donde se refugiaron cientos de miles de soldados alemanes. Tras décadas ocultos y con la única visita de grafiteros ocasionales, varias asociaciones se han propuesto devolverles a la vida y hoy pueden visitarse en la costa próxima a La Haya, Róterdam y Ámsterdam. Salas intactas con los aparatos de comunicación por radar y otras que recrean la vida en el búnker, con objetos originales como menaje de cocina o camastros, relatan un capítulo de la Segunda Guerra Mundial que muchos no se atrevieron a desenterrar y que, durante décadas, las dunas y la vegetación implacable se encargaron de esconder. Gaceta Holandesa ha recorrido el interior de este

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