Los búnkeres escondidos de la costa holandesa

Un muro apenas visible recorre las playas holandesas de sur a norte. Es sólo la columna vertebral de un esqueleto de búnkeres, túneles y trincheras subterráneas que conforman el llamado Muro Atlántico a su paso por Holanda. Edificados en un tiempo récord durante la Segunda Guerra Mundial, Hitler pretendía evitar con estas más de diez mil estructuras defensivas, una posible invasión aliada desde Gran Bretaña. Y para lograrlo, sembró la costa europea, desde el sur de Francia hasta el norte de Noruega, de búnkeres, trincheras y puestos de tiro donde se refugiaron cientos de miles de soldados alemanes. Tras décadas ocultos y con la única visita de grafiteros ocasionales, varias asociaciones se han propuesto devolverles a la vida y hoy pueden visitarse en la costa próxima a La Haya, Róterdam y Ámsterdam. Salas intactas con los aparatos de comunicación por radar y otras que recrean la vida en el búnker, con objetos originales como menaje de cocina o camastros, relatan un capítulo de la Segunda Guerra Mundial que muchos no se atrevieron a desenterrar y que, durante décadas, las dunas y la vegetación implacable se encargaron de esconder. Gaceta Holandesa ha recorrido el interior de este “pueblo subterráneo nazi”, como los guías le denominan.

Los aficionados a la historia de la Segunda Guerra Mundial están de enhorabuena, porque desde hace escasos años varias asociaciones se han encargado de restaurar algunos de los búnkeres más representativos del muro atlántico holandés y en primavera y verano, cada domingo, se abren al público. Distribuidos en cuatro museos, en Ijmuiden aan Zee, cerca de Haarlem; Noordwijk; La Haya y Hoek van Holland, en Róterdam, todos ellos permiten al visitante adentrarse en el interior de los búnkeres e incluso recorrer los túneles que conectan unos con otros.

Búnkeres en serie

Entre 1942 y 1944 más de 10.000 estructuras defensivas fueron construidas por las tropas de Hitler a lo largo de 5.000 kilómetros de costa atlántica, una obra de ingeniería bélica sin precedentes que recibió el nombre de Muro Atlántico. Fueron necesarias once millones de toneladas de hormigón y un millón de toneladas de acero para edificar esta cadena defensiva con la que el ejército alemán pretendía frenar un ataque desde el mar, un plan que falló el 6 de junio de 1944 con la victoria aliada en el desembarco de Normandía. Pero hasta entonces, estas decenas de miles de búnkeres sirvieron como un auténtico pueblo subterráneo, pudiendo albergar a cientos de soldados nazis durante meses, además de munición y todo un sistema de comunicación por radar. La mayor parte de ellos cuentan con más de una habitación y sus paredes tienen tres metros de ancho y una estructura de hierro en el techo a prueba de bombas. Aquellos que servían de refugio de comandantes y otros superiores del ejército de Tierra disponían de calefacción central y agua corriente, además de luz eléctrica y comunicación telefónica con otros búnkeres importantes de la zona. La tipología de cada uno de ellos venía definida por su número de serie, con los que se distinguían hasta 104 búnkeres diferentes, en función de si estaban destinados a proteger al ejército de infantería o al de aire, y de su cometido dentro de este “pueblo nazi” escondido. Su diseño estandarizado fue lo que permitió que, en menos de dos años, los alemanes lograran su propósito de fortificar casi la totalidad de la costa atlántica europea. Y Holanda no fue una excepción.

Una curiosa visita de domingo

Nada hace prever que, junto a un sendero porque el que pedalean ciclistas disfrutando de un apacible domingo, se alzan dos muros de hormigón entre la vegetación, con inscripciones en alemán y puertas de hierro macizo. En este bosque próximo a Scheveningen se esconden dos de los 250 búnkeres construidos en La Haya durante la Segunda Guerra Mundial. Uno de ellos tiene la peculiaridad de ser un búnker “comando”: en él se podían refugiar hasta veinte soldados y un comandante, quien contaba con una habitación aparte dispuesta para poder pasar una larga temporada, con mobiliario como una mesa de trabajo y una cama. Una cocina, otro cuarto con camastros para el resto de los soldados y un despacho para la comunicación por radio completan este museo que, junto a vitrinas con propaganda bélica, armas y otras curiosidades, aporta una idea del funcionamiento de estos búnkeres y de su relevancia durante la guerra.

A este grupo también pertenece el complejo subterráneo de Kijkduin, en una zona protegida de la costa de La Haya, donde uno puede recorrer sus túneles que conectan varios búnkeres y que llegaron a albergar hasta a 60 soldados. Almacenes para munición, un depósito de agua e incluso un hospital de campaña bajo tierra eran algunas de las funciones que tenían además del alojamiento. Si bien una parte tuvo que cerrarse, todavía puede visitarse el resto el primer domingo de cada mes, durante los meses de primavera y verano.  

Noticia de la BBC sobre los búnkeres y galerías subterráneas que esconde el complejo 67HL en Kijkduin, cerca de La Haya.

Algo más al norte, en la playa de Noordwijk se encuentra otro museo sobre el Muro Atlántico. Este cuenta con cuatro búnkeres en la playa, otro para municiones y un sexto de tres plantas que funcionaba como vigía y desde el cual el ejército alemán podía abrir fuego facilmente contra el enemigo. Hoy este último es el edificio principal del museo, donde se cuenta, entre otras curiosidades, que uno de los búnkeres de municiones se rehabilitó por última vez durante la Guerra Fría para ser utilizado como almacén de patrimonio artístico, donde se ocultarían obras de arte de valor en caso de conflicto bélico.

Dos de los puntos vulnerables de la costa holandesa eran los puertos de Róterdam y Ámsterdam, ambos en deltas que se abren al mar, lo que dificultaba el control alemán. Tanto en Hoek van Holland como en Ijmuiden aan Zee se pueden visitar dos museos que abren al público los búnkeres construidos allí, grupos de seis o más estructuras distribuidas sobre las dunas a lo largo de la costa y cuya función era más defensiva que de protección de las tropas del interior. Si bien muchos de ellos ya están restaurados, todavía quedan otros tantos por descubrir ocultos bajo la arena. Sobrevivieron a la guerra, pero perdieron la batalla contra la fuerza brutal de la naturaleza.

Paseos y recorridos a pie por los restos del Muro Atlántico

Varias publicaciones y web holandesas ofrecen pistas para pasear por los senderos de la costa que se encuentran próximos a los búnkeres y a los restos del muro:

  • La ANWB dispone de una guía especializada sobre paseos a lo largo del Atlantikwall en Zuid Holland.

  • Webs como la de Atlantikwall Route indican varias rutas con su nivel de dificultad.

  • Algunas páginas de información turística como la de Noordwijk incluyen una descripción detallada del recorrido que culmina en el museo del Muro Atlántico. 

Pistas útiles

Búnkeres en Hoek van Holland – Horario de apertura: Domingos, de 12.30 a 17 horas, hasta el 25 de noviembre  Precio: 3 euros por adulto y 1,50 euros para niños de entre 6 y 12 años. Dirección: Hoek van Holland strand, a 200 metros del parking. 

Búnkeres en Noordwijk – Horario de apertura: Domingos, de 10 a 17 horas, hasta el 27 de agosto. Precio: 5 euros por adulto y 3 euros para niños de entre 3 y 12 años. Dirección: Vuurtorenplein, Noordwijk. Parking más cercano Wantveld. 

Búnkeres en Scheveningen – Horario de apertura: Domingos de 11 a 16 horas, hasta el 28 de octubre. Precio: 5 euros por adulto. Dirección: Badhuisweg Scheveningen y Deltaplein al lado del hotel NH en Kijkduin (este último complejo abre sólo el primer domingo del mes). 

Búnkeres en Ijmuiden aan zee – Horario de apertura: Domingos de 11 a 16 horas, hasta el 28 de octubre. Precio: 6 euros por adulto y 3 euros para niños hasta 12 años (2 euros extra por la visita guiada). Dirección: Badweg, 28. Ijmuiden aan Zee.

Todos los museos ofrecen visitas guiadas dentro del precio organizadas por miembros de la asociación.

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