Drenthe: campo de verdad y rincones llenos de historia

Si en Ámsterdam conviven 180 nacionalidades, en Drenthe predomina una, la holandesa; si Holanda se recuerda por sus canales, sus molinos y sus tulipanes, en Drenthe abundan las rocas megalíticas, las ovejas de pelo largo y las granjas. Y si algún grupo de turistas extranjeros recala en esta región, suele ser por su pasión por las motos, ya que en Assen, su capital, se celebra cada primer fin de semana de julio, el campeonato de moto GP. La provincia menos visitada de los Países Bajos esconde joyas de la historia y cultura del país, como sus únicos yacimientos prehistóricos, que, junto a sus tres parques nacionales y a una oferta de alojamiento rural asequible y muy original, hacen de esta región de Holanda el destino perfecto para una escapada de fin de semana.

​Lección de historia

Resulta sorprendente que en una de las regiones más despobladas de Holanda, la historia del país ocupe un lugar tan protagonista. Desde los primeros asentamientos humanos hace 5.000 años hasta la colonización de Indonesia y la Segunda Guerra Mundial, esta región dedicada a la agricultura y a la ganadería cuenta con tres destinos imprescindibles para conocer mejor la historia de Holanda. Hablamos de los Hunebeden, nada menos que 53 enterramientos prehistóricos; de la Sociedad de la Benevolencia, un experimento social de comunidades agrícolas fundado en el siglo XIX; y del campo de concentración Westerbork, que los nazis utilizaron como lugar de tránsito para la deportación de judíos holandeses a otros campos en Alemania, Polonia y la República Checa.

​Hunebeden, ¿rocas en Holanda?

Es la pregunta que asalta de forma inevitable a todo el que visita Borger, la localidad en la que se encuentra el conjunto megalítico más grande y el museo sobre la prehistoria en Holanda, Hunebedcentrum. De 23 metros de largo, esta enterramiento neolítico está compuesto por enormes rocas de unas 20 toneladas, al parecer, procedentes de otras regiones al norte del continente y que fueron arrastradas hasta esta zona en la edad de Hielo, hace 150.000 años. Como este existen otros 52 hunebeden en un radio de 30 kilómetros: buscarlas se convierte en un bonito paseo por esta llanura salpicada de granjas en la que toparse con estas extrañas estructuras de roca descuadra a cualquiera. Además, el museo cuenta con la reproducción de un asentamiento neolítico en el que se recrea la vida de los primeros habitantes y se llevan a cabo talleres y visitas guiadas para todas las edades.

De Batavia a Drenthe
Johannes van den Bosch fue uno de los gobernadores generales de las Indias Orientales y ministro de las Colonias a finales del siglo XVIII. Conocido por su aportación a la administración colonial de la época, pocos saben que además fundó, en 1818, la llamada Sociedad de la Benevolencia (Maatschappij van Weldadigheid) , colonias que acogieron a 52 familias humildes procedentes de todo el país a las que se les formaba para ser granjeros. Estas colonias funcionaban con el espíritu cooperativo de una comuna, y en ellas sus habitantes contaban con una casa, un trabajo, atención sanitaria y escuelas. En sus casi cien años de funcionamiento, las colonias Wilhelminaoord, Frederiksoord y Willemsoord fueron el hogar de 1.400 familias y supusieron el arranque del Instituto de estudios Agrícolas del país. Desde 1911, esta Sociedad se dedica a la gestión cultural y al cuidado de las 1.400 hectáreas de terreno y bosque que son de su propiedad. El museo Koloniehof es el punto de partida de esta visita, desde el que se pueden realizar numerosos paseos e incluso alojarse en una de las viviendas de los colonos, renovada totalmente.

El testimonio único de Westerbork

Quince minutos en coche separan casi 5.000 años de historia. Desde el Hunebedcentrum se puede visitar este otro lugar que queda como recuerdo de lo que nunca debió haber ocurrido. El campo de concentración de Westerbork funcionó como campo de retención nazi entre 1940 y 1945 y por él pasaron 107.000 personas, principalmente judíos holandeses, que fueron trasladados a otros campos de exterminio, entre ellos Auschwitz. De todos ellos, sólo sobrevivieron 5.000. La joven Ana Frank fue una de las que pasó por él antes de ser deportada a Auschwitz, y de ahí al campo de Bergen-Belgsen, donde murió en 1945. Hoy en día se puede visitar el lugar donde se encontraban los barracones, ya demolidos, así como el museo conmemorativo y la casa del comandante nazi Albert Gemmeker, encargado del campo. Este le mandó al fotógrafo judío de origen alemán Rudolf Breslauer, trasladado a Westerbork y posteriormente deportado, el rodaje de una película que mostrara el buen funcionamiento del campo con el fin de presentarla a sus superiores como prueba de su buen trabajo. Breslauer dejó 11 rollos que muestran 70 minutos de la vida diaria de quienes pasaron allí sus últimos días, un testimonio único que puede verse en el museo y que el pasado año fue incluido en Registro Internacional Memoria del Mundo UNESCO.

Cada martes partían de Westerbork trenes hacia los campos de exterminio

Varias imágenes del filme Westerbork. © Westerbork

El campo en Holanda, existe

Tras el chasco de encontrar una naturaleza bien planificada y estructurada en el Randstad, el que visite Drenthe se reconciliará con el país y podrá disfrutar de lo más próximo al campo de verdad. Y es que esta región cuenta con tres parques nacionales y una densidad de población media de 185 personas por kilómetro cuadrado, casi dos tercios menos que la media del país, según el CBS. Dwingelderveld es quizás el más conocido y se trata del brezal húmedo más grande de Europa occidental, un lugar de obligada visita entre los meses de agosto y septiembre, cuando todo un manto morado y rosa cubre el paisaje de dunas y agua.

Otra de las zona verdes imprescindibles es el Drents-Friese Wold, una de las mayores reservas naturales de los Países Bajos, cuyo terreno de bosque y dunas se asemeja al del turístico Hoge Veluwe. En sus 6.000 hectáreas de bosque, brezal y pasto se pueden desde caminar por una de las múltiples rutas que ofrece Natuurmonumenten hasta coger una canoa o hacer mountain bike.  Para completar la experiencia, dentro del parque se pueden encontrar rebaños de ovejas cuyos pastores, como Piet de Brock, ofrecen la posibilidad de caminar con ellos o de realizar un taller infantil o en familia en el que se llega a conocer todo lo relacionado con esta raza ovina, la más antigua de Europa Occidental. Además, se puede adquirir desde un kilo de lana recién esquilada hasta carne de cordero a buen precio.

Por último, el parque nacional Drentsche Aa es un área de espacio protegido en el que se hallan la mayor parte de los enterramientos megalíticos así como una veintena de pueblos pintorescos con granjas típicas de esta región del norte. Entre los pueblos destacan Zuidlaren, Grolloo y Taarlo, el más antiguo de Drenthe. En esta pequeña localidad se esconde un bonito bed & breakfast de seis habitaciones que transporta a los años cincuenta. El mobiliario danés de esta época contrasta con la arquitectura de la granja, adquirida por un antiguo catedrático de Finanzas de la universidad de Groningen. Muy cerca se encuentra el restaurante Van Tarel, situado en una antigua nave para el ganado ovino y que hoy se ha convertido en uno de los destinos culinarios más recomendados de la zona y donde se puede degustar la conocida ternera de Drenthe.

Alojamientos de película

Ya sea como reclamo turístico o para mantener en buen estado viejas construcciones, lo cierto es que en Drenthe abundan los alojamientos singulares. Cabañas humildes de los granjeros de hace un siglo; una casa en un árbol; una pequeña capilla de madera o un ecolodge con todas comodidades son algunos de lo que pueden reservarse a lo largo del año:

Wester Kerkje – La capilla de madera más antigua del país se construyó en 1935 y funcionó como escuela de domingo hasta convertirse en alojamiento turístico en 2014, dentro del terreno de la Sociedad para la Benevolencia. De Wester Kerkje. Pueden alojarse hasta cuatro personas.

Cabañas típicas de Drenthe – Se denominan plaggenhut y son cabañas de una sola habitación con un pronunciado tejado de hierba a dos aguas. Asociadas con la pobreza que reinaba en la región hasta comienzos del siglo XX, la que una día fuera una vivienda humilde hoy es un pintoresco atractivo turístico. De Toffe Peer. Pueden alojarse de dos o cuatro personas.

Una casa en el árbol – Entre las opciones que ofrece la región para dormir colgado de las ramas, esta casa en lo alto sorprende por sus dimensiones y comodidades: un dúplex con balcón, doble acristalamiento y mobiliario de diseño. Torentjeshoek. Pueden alojarse entre 4 y 7 personas.

Un cubo negro – Ecolodge es sinónimo de destinos exóticos, aislados, de jungla o sabana. Esta alternativa con vistas al paisaje holandés no decepciona, sino que, al contrario, sorprende gracias a su arquitectura exterior, sostenible, y a su diseño interior, dignos del más reputado estudio de la capital holandesa. De Vier Eiken. Pueden alojarse entre 6 y 8 personas.​

 

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