Cinco planes diferentes para hacer con niños en Holanda

Los meses estivales no solo sirven para ponerse el bañador: En Holanda son sinónimo de planes al aire libre en museos, parques y zoos que echan el cierre durante el invierno. Desde un refugio para primates único en Europa hasta dos museos nacionales que prometen un viaje en el tiempo y parques cargados de nostalgia, estas cinco propuestas se alejan de la oferta de masas para ofrecer experiencias que no existen fuera de Holanda. Es hora de calzarse los zuecos y disfrutar con los más pequeños de cinco excursiones inolvidables.

Un refugio animal único

En este zoo somos otro mono más. El Apenheul, o refugio para primates en neerlandés, es un espacio natural dedicado exclusivamente a los primates, con más de 30 especies, de las cuales más de la mitad viven libres en el parque. Llamarle zoo es no hacerle justicia a este concepto diferente de conservación animal, en el que los visitantes deben respetar estrictas normas como llevar sus pertenencias en bolsos cerrados que proporciona el parque y donde los espectáculos son en realidad charlas divulgativas al aire libre sobre la protección de estas especies. Fundado en 1971 por el fotógrafo de Róterdam Wim Mager, el parque tiene como lema “reconócete a ti mismo”, un mensaje que transmiten a través de experiencias únicas, tanto para niños como para adultos amantes de la primatología. Desde monos ardilla que se acercan al visitante nada más traspasar la entrada hasta familias de lémures curiosos que corretean junto a la gente, la cercanía de estos animales sorprende tanto como el respeto que muestran los visitantes. Y a esto se añaden grandes espacios de juegos al aire libre donde los peques pueden hacer el mono sin pudor alguno. El Apenheul se encuentra en Apeldoorn, en una de las regiones más visitadas del país, muy cerca del conocido parque nacional Hoge Veluwe. Solo está abierto entre abril y principios de noviembre.

Vídeo de presentación del parque e imagen de varios lémures moviéndose libremente por el recinto © Apenheul

Zambullirse en la historia

Son dos de los museos nacionales más antiguos de Holanda y cita imprescindible para conocer la historia del país de una forma lúdica y divertida. El Openluchtmuseum, en Arnhem, que cumplirá un siglo el año que viene, es un relato histórico dentro de otro. Con sus casas típicas, molinos y granjas este museo recrea la vida cotidiana holandesa desde hace dos siglos hasta nuestros días. Un tranvía recorre toda la extensión mientras los distintos espacios muestran los oficios típicos de antaño y los hitos de la historia más reciente como si el reloj se hubiese parado. Así, en una de las granjas, la sopa borbotea sobre el fuego mientras una mujer en zuecos y con cofia muestra cómo lava su ropa a mano. La propia historia del museo ya es interesante en sí misma: en los años treinta fue utilizado para la propaganda política y años después sirvió de refugio para más de 600 personas que huyeron de la ciudad de Arnhem cuando ésta fue asediada durante la Segunda Guerra Mundial. En 1987 el museo cerró sus puertas por falta de presupuesto, pero la presión popular fue tan fuerte que el Estado tuvo que reabrirlo convirtiéndolo en museo nacional. Hoy recibe alrededor de medio millón de visitantes al año y es uno de los más visitados durante los meses de verano.

 

Otro de los lugares para retroceder en el tiempo es el castillo de Muider (Muiderslot), cerca de Ámsterdam. Construido a finales del siglo XIII, hoy es un museo nacional con numerosas actividades sobre la historia medieval de Holanda. El castillo ofrece  varias visitas entre ellas la llamada “de los caballeros” en la que los niños deben adivinar pistas para lograr el título de caballero que se les concede durante la tradicional ceremonia del espaldarazo. En los meses de verano, se organizan obras de teatro durante la semana y por las noches tienen lugar varios conciertos de música clásica al aire libre. Además, la exposición actual transforma el castillo en una improvisada “escape room” donde el visitante asume un rol y debe resolver varios enigmas. El castillo, edificado por el conde Floris V, considerado el primer alcalde de Ámsterdam, con su foso, sus almenas y sus jardines es una muestra perfectamente conservada de la época medieval de caballeros y princesas.

Parques de atracciones a pequeña escala

Hace más de noventa años, el parque Plaswijck de Róterdam abría sus puertas con un laberinto, un tiovivo, una casa de té china y varias jaulas de pájaros exóticos y monos. Era el periodo de entre guerras, cuando un adinerado hombre de negocios soñó con una nueva idea de parque. Hoy, este no ha cambiado tanto como cabría esperar y su concepto sigue siendo innovador. Porque se trata de tres parques en uno: un espacio de jardines y grandes árboles para pasear, una granja-zoo para los más pequeños y otro espacio de atracciones para niños de entre uno y diez años. Muchas de las atracciones, como el circuito de triciclos que recrea una ciudad holandesa, respiran la nostalgia de los años setenta. Otras, como una piscina y una zona cubierta de juegos son la perfecta alternativa para los días de frío o calor. En el área del zoo, los visitantes se adentran en una granja holandesa donde pueden calzarse los zuecos o andar con zancos. El Plaswijck es una alternativa sosegada a los parques de atracciones de mayor envergadura, un parque para pasear y pensado al detalle para el disfrute de los más pequeños.

Algo parecido es lo que propone el Linnaeushof, en Heemstede, cerca de Ámsterdam, un enorme parque infantil que cierra sus puertas en invierno. Muchas de sus atracciones llevan décadas funcionando, hechas de metal policromado y con la mecánica de antes en la que la propulsión la tiene que ejercer el que se monta. Pedales para hacer avanzar unos coches sobre raíles, una bici para lograr que el tiovivo gire, camas elásticas, mega toboganes, todas las atracciones responden a la misma idea: el juego activo. En una época en la que los niños son más sedentarios que nunca, el Linnaeushof refleja el gusto de los holandeses por las actividades al aire libre. Porque si los niños holandeses son tan felices, es, en parte, porque no paran de moverse. Por eso,  que llueva o sople un vendaval no es excusa ni para no salir, ni para abrigarse. Siempre hay un parque, zoo o museo cerca al que ir a pasar el domingo.

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