Estudiar a la holandesa

Hace unos días se dio el pistoletazo de salida para el nuevo curso académico. Miles de nuevos estudiantes participaron en la semana de introducción que organizan las universidades y que incluye también una primera toma de contacto con las sociedades de estudiantes. Las clásicas, con sus tradiciones rimbombantes y organizaciones jerarquizadas, constituyen uno de los fenómenos más característicos de la vida estudiantil holandesa. Y se centran en ofrecer« una gran vida social», especialmente atractiva para los estudiantes de los primeros cursos que salen de casa por primera vez. Una experiencia inolvidable que empieza, sin embargo, con un controvertido periodo de iniciación repleto de novatadas.

​Un ritual basado en la premisa de que el sufrimiento conjunto contribuye a hacer amigos para siempre. Y aunque hoy en día existen reglas estrictas para evitar desmadres, todavía se producen incidentes esporádicos. En el 2016, las pruebas de la sociedad Amsterdamsch Studenten Corps (ASC o Corps), al parecer incluían nadar en los canales y dormir entre la basura. Afortunadamente la mayoría de las sociedades utilizan métodos más inocuos: durante el  «noviciado», a los aspirantes se les suelen servir platos tan originales como espaguetis con natillas, se desaconseja la higiene personal y es obligatorio vestir algún tipo de uniforme, cuanto más pintoresco mejor.

​Cuando mi hija se fue a estudiar a Ámsterdam la despedimos con una mezcla de orgullo y tristeza. Era la primera en volar del nido. Cuando una semana después nos dijo que había decidido inscribirse en una sociedad de estudiantes, en casa saltaron las alarmas. El único ejemple cercano en nuestra familia era el de mi suegro, que fue miembro de la mencionada ASC, una de las organizaciones más tradicionales. Corrían los años 50 y por aquel entonces a los aspirantes se les rapaba la cabeza…

Mi hija, que es muy sabia, nos dio toda la información que pensó podría tranquilizarnos y nos pidió que olvidáramos las batallitas del abuelo. Su elección de una sociedad distinta, que había nacido como reacción contra el elitismo y la cultura machista que caracterizaba al Corps, nos ayudó a digerir la cuestión. De todas maneras, el susto se me debía ver en la cara. En el trabajo me preguntaban cómo lo llevaba. Pero en general, los colegas holandeses me felicitaban, como si, por extensión, hubiera pasado a formar parte de un club exclusivo y muy holandés del que supuestamente se es miembro de por vida.

Una de las casas de estudiantes de una sociedad en Leiden. Foto: Patricia Narváez
Una de las casas de estudiantes de una sociedad en Leiden. Foto: Patricia Narváez

Es precisamente este fuerte vínculo entre sus miembros lo que distingue a estas sociedades tradicionales de otras asociaciones estudiantiles. La mayoría organiza eventos anuales a los que acuden también antiguos miembros y en momentos señalados se pueden ver a varias generaciones celebrándolo a lo grande. Durante los festejos del 200 aniversario de Minerva, la sociedad más antigua de Holanda, «minervitas» de todas las edades desfilaron por las calles de Leiden engalanadas para la ocasión. Para los estudiantes, los miembros en activo, además de diversión con aroma a cerveza y una extensa red de contactos, las sociedades brindan otras ventajas. La oportunidad de hacer prácticas dentro de sus órganos de gestión y dirección es una experiencia por la que algunos aparcan sus estudios durante un tiempo y que es altamente valorada dentro del mundo de la empresa. Pertenecer a una sociedad puede facilitar asimismo el acceso a una habitación. Muchas tienen casas cerca de los centros universitarios que alquilan a sus miembros. Toda una ventaja dada la escasez actual de alojamientos estudiantiles.

​Aunque no son para todo el mundo, este tipo de sociedades siguen siendo muy populares. Y por lo que he podido observar, superada la primera etapa, la vida del  estudiante «societario» suele adquirir tintes rosados, que convierten el periodo inicial en una fuente inagotable de anécdotas que muchos recuerdan con nostalgia.

Esta semana empiezan las clases en la mayoría de las universidades holandesas. Mucha suerte a todos y para aquellos que han decidido añadir algo más de dificultad a su primer curso, que les sea leve. Y recuerden que hoy en día hay otras opciones de ocio para estudiantes que no requieren calzar zuecos de madera durante meses…

Patricia Narváez es asesora jurídica, escritora y colaboradora de Gaceta Holandesa

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