Entrevista a Anne Schulp, paleontólogo y responsable de la sala de dinosaurios del museo Naturalis

"Los cuentos están llenos de monstruos y dragones: nosotros les devolvemos a la vida"

Anne Schulp es paleontólogo y uno de los pocos que puede decir que ha descubierto el esqueleto casi completo de un T-Rex, el rey de los dinosaurios carnívoros. Tras una expedición propia de una película de aventuras, y una inversión de cinco millones de euros, el museo nacional de Ciencias Naturales de Holanda, Naturalis, logró hacerse en 2013 con uno de los tres ejemplares mejor conservados que se han encontrado. A punto de viajar a Barcelona donde Trix se expondrá a partir del 27 de octubre, Anne cuenta a Gaceta Holandesa las claves de su peculiar vocación y lo que ésta puede enseñarnos para entender el mundo de hoy en día.​

El museo Naturalis de Leiden se propuso encontrar un T-rex y la expedición comenzó en el estado norteamericano de Wyoming donde descubrieron un esqueleto de Triceratops. Cuatro meses después llegó el premio gordo al encontrar los primeros restos de Tiranousario Rex en Montana. Ir a por un fósil de dinosaurio, con los riesgos financieros que conlleva no encontrarlo, ¿no era demasiado arriesgado? ¿cuál fue la inversión del museo Naturalis?

Desde el primer momento el museo supo que una expedición así, la búsqueda de un dinosaurio tan espectacular, lleva muchísimo trabajo consigo. De antemano contábamos con la inversión equivalente a 15 o 20 personas trabajando durante un año a tiempo completo en esto, para la excavación, la preparación, y todo el trabajo posterior. Y hemos tenido mucha suerte. Encontrar unos cuantos huesos de T-Rex pasa cada año, ya es más raro dar con varios juntos pero lograr gran parte del esqueleto de un animal de esta envergadura, esto es mágico.  Ahora mismo sólo existen otros dos esqueletos casi completos de T-Rex en dos museos norteamericanos, por lo que este descubrimiento es sin duda único.

Las probabilidades de dar con piedra eran muy altas, podían estar excavando unos metros más allá del lugar donde estaba el T-Rex, ¿tenían pistas para, al menos, saber dónde empezar?

No, es realmente muy complicado. Lo que podemos tener en cuenta son dos factores: debemos estar en el momento adecuado en el lugar indicado. Para ello, sabemos que los T-Rex vivieron en Norteamérica, por lo que era allí donde teníamos que ir. Y segundo, debíamos buscar en las capas terrestres depositadas hace unos cien millones de años, porque es entonces cuando estos dinosaurios habitaron en la Tierra. Teníamos que buscar lugares donde estas capas terrestres salen a la superficie gracias a la erosión de los sedimentos posteriores. Se puede excavar y excavar pero si encontramos un entorno así es mucho más sencillo porque la erosión natural hace el trabajo por ti. Por eso, aunque sea una cuestión de suerte encontrar un fósil así, se puede intentar que ésta esté de tu lado. Pero lo que comentas de excavar unos metros más allá del lugar correcto nos pasa todo el tiempo, es la ironía de este trabajo.

Cuando hablamos de un descubrimiento único como éste, ¿a quién le pertenece? Su compañero de expedición Peter Larsson decía que esto debería ser patrimonio de la humanidad, pero no es así…

En este caso, este T-Rex es nuestro, del museo. El director del museo negoció su compra con el propietario del terreno donde se encontró. Porque en Estados Unidos, los restos fósiles que se descubren pasan a ser propiedad del dueño de esa tierra, es así. En nuestro caso, el dinosaurio es nuestro, sí, pero somos un museo nacional y nuestra intención es la de compartir este hallazgo con todo el mundo. Queremos contar la historia de cómo era el mundo antes y su relación con el de hoy en día. Y los dinosaurios aportan la chispa que despierta el interés en la gente. Por eso queríamos incluir un par de esqueletos de grandes dinosaurios, porque sabemos que con ellos, este relato cobra mucha más fuerza.

Pero el Naturalis ya contaba con una buena colección de dinosaurios para transmitir el mensaje, ¿por qué tanto empeño en hacerse con un T-Rex?

Es cierto que el museo ya contaba con una selección muy buena de dinosaurios para un país tan pequeño como Holanda que además no alberga fósiles de este tipo. Pero son todos herbívoros. Lo que mostrábamos hasta ahora no era un parque jurásico, era un parque veggie. Teníamos que añadir un carnívoro sí o sí, y aunque hay varias opciones, el T-Rex es sin duda el más representativo. Así que nos dijimos, ¿por qué no ir a por él?

¿De dónde viene esta fascinación general por los dinosaurios?

Creo que parte de la magia reside en el hecho de que son muy grandes y muy distintos a lo que vemos hoy en nuestro planeta. Los libros infantiles están llenos de cuentos de dragones y monstruos, está claro que los niños siempre se han fascinado por ellos. Y los dinosaurios tienen las dos cosas: son tan alucinantes como los monstruos de los cuentos y lo que es mejor, existieron. Y eso es lo que hacemos los paleontólogos: les devolvemos a la vida. Una de las cosas más bonitas de la paleontología es lo mucho que va cambiando la imagen que tenemos de los dinosaurios. Ahora sabemos que algunos carnívoros tenían plumas, algo que hace unas décadas no podríamos imaginar. Investigar estos fósiles no solo es muy divertido sino que es una manera muy accesible de conocer cómo vivían, y desde el punto de vista científico un hallazgo así atañe a muchas especialidades diferentes.

“Sabemos que Trix era una hembra porque sus huesos son más grandes y fuertes, como ocurre en muchas otras especies. El nombre surgió por sí solo. Normalmente el fósil suele nombrarse a partir del científico que lo encontró, pero en este caso Trix volvía una y otra vez sin que nosotros lo buscáramos. Acabó llamándose así antes de que nos diéramos cuenta”

 

Como responsable de la exposición de Trix, que ha batido récord de visitas en el Naturalis y ahora viaja a Barcelona y después a París y China, ¿qué mensajes principales quiere hacer llegar a los niños?

La exposición tiene varias partes pero sin duda la más importante es el esqueleto de Trix. Queríamos que hablara por sí mismo por lo que lo montamos muy bajo para que estuviera a la altura de la mirada de los niños. Nuestra idea es que el visitante conecte emocionalmente con el esqueleto, que pueda ver cada detalle, conocerle, saber cómo vivió a través de detalles como las huellas de unos dientes clavados por una posible pelea, una costilla rota… y a eso le añadimos una puesta en escena de película. En esto hemos trabajado mucho para encontrar el punto justo entre dejar con la boca abierta al niño que nos visita y no hacerle que se muera de miedo. De hecho, al principio la sala era más oscura y al ver las reacciones de los más pequeños decidimos darle algo más de luz. La segunda parte de la exposición es más interactiva. Y en cuanto a los mensajes, he hecho todo lo posible por concentrar toda la historia en 30 frases de no más de 30 palabras cada una.

Usted defiende que para participar en el debate sobre el cambio climático o la pérdida de biodiversidad de hoy en día, conviene mirar atrás y saber cómo era nuestro planeta hace millones de años. Con su conocimiento, ¿qué datos puede aportar usted?

Mirar al pasado nos permite validar los datos que manejamos en el presente. Los científicos que trabajan en esto elaboran modelos climáticos basados en información del pasado. ¿Qué pasaría en un planeta con unos niveles muy altos de dióxido de carbono?: una de las herramientas útiles para saberlo es viajar hacia atrás, a cómo era la Tierra hace 50 o 100 millones de años. Cuando encontramos fósiles de coral en Maastricht y de pinos en la Antártida…lo primero que te viene a la mente es cómo ha cambiado el clima desde entonces. Los pequeños organismos que vivieron en el mar hace millones de años aportan incluso más información que los grandes fósiles. Si nos vamos al esquema más general, a un orden de magnitud de millones de años, encontramos que el estado habitual de la Tierra ha sido siempre el del efecto invernadero, con un alto nivel del mar y sin hielo en los Polos. En la escala más amplia, vemos que era inusual encontrar glaciaciones como las que ha vivido la Tierra en los últimos trece millones de años. Pero en la escala humana, está claro que es muy distinto. Y en este sentido no cabe duda de que los niveles de dióxido de carbono se han acelerado en las últimas décadas.

En el centro, maqueta del futuro edificio del museo Naturalis con una sala específica de dinosaurios y Anne Schulp tras la entrevista. © Fernández Solla Fotografie

 

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