Países Bajos después del Brexit: ¿huérfano político o heredero económico en la UE?

La primera salida de un socio europeo del club comunitario plantea interrogantes de calado para los Países Bajos. El Reino Unido no es sólo el principal socio comercial de Ámsterdam, sino también su mejor aliado en la arena de Bruselas. Tras abandonar este el club comunitario, ha estallado la pandemia del coronavirus, dejando a los Países Bajos al descubierto y prácticamente solo en su defensa de una austeridad fiscal que no ha caído bien entre gran parte de los socios de la UE. ¿Qué papel quiere jugar Holanda a partir de ahora y cómo se beneficia de la salida del Reino Unido?

Las primeras señales no son malas. De acuerdo a datos de la Agencia de Inversión Extranjera (NFIA por sus siglas en inglés), la salida británica de la UE ya está beneficiando a Holanda. En lo que respecta a compañías, no cesan de aumentar los números de aquellas que cambian la niebla de Londres por los canales de Ámsterdam. Y cada vez a un mayor ritmo: si entre 2016 y 2017 fueron 18 las que lo hicieron, entre 2018 y 2019 han llegado a ser 78 las que “huyen” de la deriva aislacionista británica. En total, ya se cuentan 140 empresas llegadas al país desde que se celebrara el referéndum impulsado por David Cameron. Hasta 2019, sus empleados se cuentan en 4.216 personas, y han invertido capital por importe de 375 millones de euros.

La lista de empresas que representan estos datos es larga, e incluye varios nombres conocidos, como el cuartel europeo del canal de televisión Discovery, la farmacéutica japonesa Shionogi, o la productora del director de cine Ridley Scott.

Y esto podría ser sólo el principio, ya que la NFIA reconoce estar hablando con unas 425 empresas que planean su mudanza a territorio holandés, número que se ha incrementado desde 250 hace un año. E incluso podrían ser más de forma indirecta, ya que aquellas que estén barajando ahora dónde establecer su primera sede europea podrían optar por Ámsterdam cuando antes lo hacían por Londres. Otra razón por la que los números actuales no reflejan la magnitud de la migración empresarial es que el paso de cambiar de sede no siempre es sencillo: según datos de NFIA, las compañías suelen tardar entre seis meses y dos años en decidirse. Cabe destacar que la entidad sólo contabiliza aquellas firmas que planeen crear trabajo o invertir en el país, dejando fuera registros que sean meramente instrumentales.

La reciente llegada de firmas de Reino Unido a Holanda se venía comentando como una posibilidad desde que se conoció el resultado del referéndum de salida de la Unión. En una clasificación realizada por el New York Times en 2016, que compara ciudades europeas como sustitutas de Londres como sede para el mundo financiero tras el Brexit, Ámsterdam se llevó el primer puesto frente a Frankfurt.

Los atractivos de la capital holandesa para esta industria son innegables: bien conectada vía el aeropuerto de Schiphol y a menos de dos horas de Bruselas en tren, junto con el puerto de Róterdam que ya es un centro comercial de primer nivel. Por otro lado, la ciudad es un espacio pintoresco y culturalmente diverso, acostumbrado a recibir profesionales cualificados. Además, es factible vivir allí para angloparlantes que no necesiten aventurarse mucho más allá del Randstad para hacer su vida en el país. La cultura laboral del país, que, salvando la reciente excepción de los granjeros, apenas cuenta con huelgas y manifestaciones, también lo hace más atractivo para muchas empresas.

Holanda para aprender en inglés

En lo que se refiere a la infraestructura educativa del país, la mayor afluencia de estudiantes que podría producirse con el Brexit no requerirá granes cambios, según la NFIA. “En Países Bajos estamos cubiertos en lo que a escuelas internacionales se refiere, como se ha podido ver con la reciente ampliación de la British School of the Netherlands en Ámsterdam”, asegura su portavoz Michiel Bakhuizen a Gaceta Holandesa. La apertura de varias sedes de firmas antes radicadas en Reino Unido podría tardar en notarse a nivel educativo, ya que lleva tiempo dejar este tipo de operaciones bien atadas: “La mayoría de las empresas empiezan con un equipo pequeño, y luego van contratando gente; algunos de fuera del país y otros de aquí. Holanda tiene una fuerza de trabajo multilingüe y con alto nivel educativo, lista para hacer frente al reto”.

Competencia europea y cara B de una oportunidad

A pesar de que el relato fundamental es muy optimista sobre las consecuencias de la salida del Reino Unido de la UE, la NFIA también es consciente de algunas dificultades. Su portavoz asegura que están compitiendo con otros países, ya que hay muchas compañías afectadas por el Brexit que se están radicando en Irlanda, Alemania o Francia. También, hay bastantes compañías holandesas que están abriendo sedes en Reino Unido para poder hacer negocios allí tras su salida del club comunitario, y si bien no compensan las cifras de las compañías que hacen el camino inverso, si moderan algo el impacto de tanta mudanza.

Otro motivo para la cautela citado por la NFIA es la dependencia comercial de Países Bajos con respecto a Reino Unido, ya que es su segundo socio por volumen en transacciones: hay mucho en juego, y pocos escenarios son positivos para Países Bajos. Pero, mientras que se concretan estas consecuencias negativas, la NFIA asegura que el Brexit “les está trayendo puestos de trabajo y piensan aprovecharlos”.

La pérdida de un aliado clave en Europa

Más allá de lo económico, la salida británica del club comunitario ha supuesto un verdadero terremoto para la diplomacia de La Haya en Bruselas. Ya desde que en 1984 Margaret Thatcher consiguiera el cheque británico, un descuento de unos dos tercios sobre su aportación al presupuesto comunitario, el Reino Unido había estado a la cabeza de los halcones monetarios en Europa.

Holanda estaba cómoda a la sombra de los británicos, que defendían con ahínco intereses históricos comunes como son el atlantismo, la libertad de mercado o la austeridad fiscal. El segundo plano le convenía, dejando que Londres fuera la oveja negra de la UE mientras Ámsterdam mantenía buenas relaciones con las otras dos patas del taburete comunitario, París y Berlín, la primera siempre a favor de una mayor integración, la segunda solo a veces.

Esta desaparición del hermano mayor ha requerido de Holanda una salida a pasos forzados del perfil diplomático bajo, para tomar el mando del grupo conocido como los cuatro “frugales”, quizás por estar el adjetivo “austero” algo quemado después de la última época de recortes. Austria, Dinamarca y Suecia son los otros cuatro miembros de un club con pocos ciudadanos, pero mucho peso económico y político.

El liderazgo de Holanda no está, por el momento, en tela de juicio. Valga como ejemplo la discusión a cuenta de los eurobonos y las ayudas europeas para hacer frente a las consecuencias del coronavirus. Rutte y Hoekstra no han tenido reparo en erigirse en abanderados del sálvese quien pueda, ofreciendo a regañadientes una contribución de 1.000 millones a un fondo condicionado a recortes mientras rescatan con entre 2.000 y 4.000 millones a la aerolínea KLM, entre otros muchos despliegues de liquidez. Y mientras que mandatarios europeos como Merkel o Costa han tachado su actitud de “infantil” o directamente de “repugnante”, respectivamente, su popularidad en casa no ha dejado de aumentar, según las últimas encuestas. Si bien parte de este respaldo al gobierno puede venir del “efecto bandera” por el coronavirus, que se ejemplifica bien con la frase “no se debe cambiar de caballo en mitad del río”, no hay que olvidar que, hasta la crisis del coronavirus, partidos con posiciones marcadamente antieuropeas como el FVD de Thierry Baudet o el PVV de Geert Wilders habían marcado decisivamente la agenda política holandesa, también en temas europeos.

En la viñeta, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, proclama “una ayuda para el sur de Europa en la crisis del coronavirus”. Al otro extremo, el ministro de finanzas Wapke Hoekstra responde, “guarde la distancia”. © Tom Janssen

 

Está por ver si Holanda, país fundador de la Unión y uno de los principales beneficiados por el mercado único, estará a la altura del reto de defender sus intereses toda vez que la salida de Londres se haya consumado, sin dañar la cohesión comunitaria. Si se puede tomar como muestra la creación de la Nueva Liga Hanseática en 2018, inspirada en la unión de comerciantes del mismo nombre del siglo XIV, podría decirse que Países Bajos no tiene ningún interés en evitar la cada vez más ancha brecha de confianza entre el sur y el norte de Europa. Una de las acciones de mayor relevancia de este grupo de presión compuesto por Dinamarca, Irlanda, Suecia, Estonia, Letonia y Lituania hasta la fecha así lo apunta: la petición de que el Mecanismo Europeo de Estabilidad sirva para escrutar los presupuestos de los países miembros para tener mayor control sobre su deuda, que se produjo tras el rechazo del presupuesto de Italia para 2019 por parte de la Comisión Europea.

Cambio de ruta para la migración

Otro de los efectos de la salida de Reino Unido de la UE es que Londres dejará de estar abierto a la mayoría de los españoles e hispanohablantes que deseen probar allí su suerte. Es el caso del granadino Alfonso González, quien tras pasar varios años trabajando en la capital de Inglaterra y retornar a su ciudad natal, ha decidido emprender ahora un nuevo proyecto migratorio, con Róterdam como base.

Yo siempre me plantee volver a Londres en mi salida, pero con todo el tema del Brexit lo descarte de cabeza. A mí como ciudadano europeo, tener que ir a un sitio para trabajar y pedir una visa me parece ridículo, teniendo otras opciones en Europa como Holanda.”

Una de las ventajas más citadas por compañías para defender la idoneidad de Países Bajos como base para sus negocios también aplica a profesionales como Alfonso: “El idioma también ha sido importante a la hora de elegir Países Bajos como destino.

Sabía que con el inglés puedo entrar a trabajar aquí, y poco a poco aprender holandés. Creo que los holandeses son abiertos de mente y entienden que es normal que si vienes a trabajar no conozcas su idioma, que no es tan internacional como el inglés, es normal. Aunque yo vengo con la intención de aprender holandés, igual que mejoré mi inglés cuando estuve en Inglaterra.”

En cuestión de veinte días buscando trabajo, tiene varias ofertas laborales en firme sobre la mesa. También ha conseguido una entrevista en uno de los tres restaurantes con dos estrellas Michelín de la ciudad. Su bandeja de entrada del correo electrónico está llena de respuestas de negocios hosteleros interesados en su perfil. Eso sí, la crisis del coronavirus ha puesto en pausa todo, y su aventura holandesa tendrá que esperar al fin de las medidas instauradas por el Gobierno holandés para controlar la pandemia.

Holanda mola. Te integra y ya me siento un poco Rotterdamer. En el aspecto laboral, siendo un emigrante recién llegado y tener ofertas sienta genial. Me recuerda a Londres en el sentido de la oportunidad, de entrevistar a alguien para un puesto de trabajo acorde con su experiencia laboral aunque lleve dos días en la ciudad, a diferencia de mi país de origen, donde eso no tiende a pasar”.

Con 10 años de experiencia detrás de los fogones, una de las cosas que más le está gustando a nivel laboral es que las ofertas se adecuan a su perfil. “Esa fue una de las razones para salir de España. Cuando me fui a Londres la idea era descubrir mundo, pero ahora ya tengo una carrera y creo que mi compensación tiene que ir de acuerdo con mi sacrificio y entrega. En España veo que se manejan unos sueldos demasiado bajos y no hay diferencia entre categorías profesionales. Decido irme para crecer, disfrutando de mi profesión y trabajo.”

Le ha sorprendido que la jornada laboral de Holanda sea más corta: “Acostumbrado a las 60 horas semanales de la hostelería en España, cuando llegas aquí y ves que incluso en mi sector trabajar 40 horas se considera una burrada, la comparativa es tremenda”.

El nuevo edificio de la sede de la EMA en Ámsterdam, inaugurado el pasado 15 de noviembre. Foto: Rijksvastgoedbedrijf/ Rob Acket

Mudanza a causa del Brexit

Floriana nació en Italia, pero llegó a Países Bajos desde el Reino Unido. El Brexit fue el evento determinante en su mudanza. “El cambio de sede de la Agencia Europea del Medicamento de Londres a Ámsterdam en agosto del año pasado es lo que me ha traído hasta aquí”, asegura.

Casi mil personas han corrido la misma suerte que Floriana, cambiando Londres por Ámsterdam de la noche a la mañana en consecuencia de los resultados del referéndum de salida de la UE. “Hace tiempo que lo sabíamos, les llevó 3 años completar nuestra nueva oficina. Pero al final tuvimos que decidir entre mudarnos o perder el trabajo. Fue una experiencia dura para equipo, ya que muchos se quedaron atrás.

Otros, como ella, decidieron atreverse con el cambio y el reto de enfrentarse a un país nuevo por culpa del Brexit. “O sigues su trabajo y te mudas o lo dejas… esa era la decisión. Hasta ahora estamos muy satisfechos de nuestra decisión, y nuestros hijos, que son pequeños, están encantados. Aun así, dejar todo después de 15 años haciendo tu vida en un sitio cuesta”.

Floriana llegó hace una década y media a Reino Unido tras graduarse para probar suerte, y conoció a su marido, de origen francés, mientras trabajaban para una firma del sector bancario.

Sus primeros pasos en Países Bajos no le han decepcionado ni le hacen echar de menos el Reino Unido. “Cuando llegamos allí éramos muy jóvenes y no teníamos niños, resulta difícil comparar la primera acogida de ambos países. Pero de momento nos va bien: estamos aprendiendo holandés, y nuestro hijo va a una escuela internacional por las mañanas y a una holandesa por las tardes: está empezando a hablar el idioma con fluidez”.

Como familia europea con orígenes e influencias diversas, están acostumbrados a hablar diferentes idiomas, y en ningún momento se pensaron dos veces su mudanza a Ámsterdam por no saber holandés.

En cualquier caso, hay algo que Floriana no lleva del todo bien: “Los trámites burocráticos que sólo están en neerlandés, papeleos a la hora de comprar una casa o la comunicación con el Gobierno: ahí sí que es molesto no saber el idioma”.

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