Holanda sobre Plano

Oosterwold, el sueño liberal de acabar con el Estado

A poco más de 25 kilómetros de Ámsterdam se está desarrollando un experimento urbanístico que está dando que hablar en todo el mundo: Oosterwold. En un territorio originalmente agrario de más de cuatro kilómetros cuadrados, perteneciente a la ciudad de Almere, se construirán en la próxima década y desde la autogestión unas 15 mil viviendas además de empresas, escuelas, etc. con una mínima o nula intervención del gobierno. Los nuevos propietarios deciden desde el tamaño y forma de los terrenos, las funciones de los edificios y hasta la construcción y mantenimiento de las calles, el procesamiento de aguas residuales y la recogida de basura. Todo ello además deberá ser sostenible y autosuficiente.

Un poco de historia
En el 2008, Almere, como otras muchas ciudades holandesas, se vio en graves problemas financieros por la retirada de los grandes desarrolladores de viviendas ante la crisis económica mundial y el colapso inmobiliario. El municipio había comprado terrenos y realizado grandes inversiones en infraestructuras necesarias para prepararlos para su desarrollo y mientras los planes se evaporaban, la necesidad de viviendas no descendía. El experimento comenzaba.
En el año 2011, MVRDV, el mundialmente conocido estudio holandés de arquitectura y urbanismo presentaba el plan para Oosterwold. El plan respondía a la petición del gobierno local de Almere que, desde hacía ya algún tiempo, había comenzado a experimentar con proyectos de autoconstrucción, algo totalmente nuevo en la Holanda moderna.

Visualización en 3D de Oosterwold. Imagen de MVRDV

Autoconstrucción
Comprar tu propio terreno y construir sobre él la casa de tus sueños con la ayuda de un arquitecto era una idea imposible hace una década. Desde hace más de cien años, los nuevos barrios holandeses siempre se han concebido y construido de forma centralizada, entre el Gobierno, las corporaciones de viviendas y los desarrolladores inmobiliarios.

En Oosterwold la idea de autoconstrucción se llevará al extremo, ya que después de edificar, su gestión la llevarán a cabo sus habitantes, de forma totalmente independiente y sin la intervención del municipio. Para desarrollar este nuevo asentamiento humano, en vez de comenzar realizando un diseño urbano detallado, el estudio MVRDV desarrolló una serie de reglas del juego y unos sencillos marcos regulatorios dentro de los cuales los nuevos habitantes pueden crear su paraíso personal. En esta gran libertad de acción, donde no existen criterios estéticos, ni de casi ningún otro tipo, los vecinos se enfrentan a la necesidad de reunirse y acordar conjuntamente las estrategias a llevar adelante hasta en los últimos detalles. En este barrio sin Estado, lo que suceda depende de sus habitantes, de sus necesidades y sus deseos.

Granjas Urbanas
Para poder mantener el carácter verde y agrario del nuevo barrio, se estableció que la mitad de todos los terrenos deberá permanecer como huerta urbana y solo un 12,5% se dedicará a la construcción. El resto se distribuye entre verde público, agua y asfaltos. La idea es que el mismo habitante produzca los alimentos que necesita, o que se instalen allí emprendimientos productivos agrarios de baja escala. Esto contribuirá a la educación y concienciación de esta problemática urbana, pero también tendrá funciones de salud, recreación, paisajísticas y económicas.

Un trabajo de equipo
La parte más compleja del proceso de creación de la ciudad será para los mismos habitantes. La libertad de acción y decisión en el desarrollo urbano y de sus propias parcelas se verá fuertemente influida por los acuerdos que surjan entre ellos.
El trayecto de un habitante que se incorpora al proyecto dura unos dos años, desde que muestra su intención de comprar un terreno hasta el momento de poder construir su vivienda. En ese tiempo deberán desarrollar y ver aprobados su planes, así como ponerse en contacto con sus futuros vecinos para resolver cuestiones tan elementales como la construcción de la calle, el alumbrado público y la recogida de basura.

Los nuevos habitantes de Oosterwold
En el año 2015 se entregaban los primeros terrenos y Oosterwold comenzaba poco a poco a tomar forma. Hoy ya se han construido unas 600 viviendas y otras 300 se encuentran en construcción. Ya hay varias propuestas interesantes, como la de Shirley y Barry que compraron 5.000 metros cuadrados y allí construyeron su casa, además de tres chalets para alquilar, creando un lago y un viñedo de dónde pretenden poder hacer su propio vino y además organizar eventos de yoga, bodas, conciertos de jazz y desayunos orgánicos. Más info https://www.lcbt.nl. Otros nuevos propietarios, Marien y Marie-José compraron su terreno para hacer de él un paisaje natural. Crearon una fundación y construyeron su vivienda, le sumaron además un salón invernadero para actividades culturales y recreativas. http://www.paradijsvogelbosje.nl/. Noortje Braat y Egon Kracht son músicos clásicos y en Oosterwold construyen ellos mismos su casa con cubiertas de coche en desuso y otros materiales de desecho. Su vivienda tendrá unos 200 metros cuadrados y no tienen fecha determinada para terminarla.También se ha realizado un proyecto de viviendas sociales con el sello de “pueblo ecológico inclusivo multicultural”, un interesante proyecto que lamentablemente transita con varios problemas legales en este momento.

Utopía o realidad
Cómo se verá esta nueva parte de la ciudad de Almere cuando esté completamente terminada nadie lo sabe. Falta mucho por realizarse pero, sin embargo, ya se han desatado varios conflictos que muestran que los deseos y las buenas intenciones a menudo terminan chocando con la realidad, lo que ha servido de experiencia para ir ajustando el proceso. Uno de ellos es el diseño, construcción y mantenimiento de las calles. Cuando alguien compra un terreno, compra también la superficie de calle frente a su parcela. A través de la formación de “asociaciones de calle” varios vecinos deciden en común acuerdo como enfrentar este tema. Después de un par de años de experiencias y conflictos el ayuntamiento decidió intervenir ya que se consideró que el tema es demasiado complejo como para que quede en manos de los habitantes. Lo mismo comenzó a suceder con la recolección de basura. Las pequeñas asociaciones de vecinos tienen poco peso para poder negociar con las empresas que se encargan de los residuos y por lo tanto deben pagar los precios más altos. A esto se suma el desconocimiento técnico de los vecinos sobre estos temas, lo que suele provocar conflictos mayores y pérdidas de tiempo y dinero.

Arriba, vídeo explicativo del proyecto, del estudio de arquitectura MVRDV. Abajo, vídeo elaborado por el ayuntamiento de Almere sobre el estado del barrio en julio de este año. 

Algunas personas se retiraron del proyecto de manera voluntaria o forzadas por la situación, como les pasó a cuatro parejas jóvenes de Ámsterdam con salarios medios que intentaron construir su sueño en Oosterwold, llamados por el bajo valor de los terrenos y la libertad de acción que se proponía. El plan de estas parejas era el de comprar unos 1.250 metros cuadrados para construir sus viviendas individuales en este paraíso de la sostenibilidad, la vida comunitaria y la autosuficiencia. Pero cuando comenzaron a conocer los detalles descubrieron que todo era mucho más complicado de lo que imaginaron. ¿Quién tiene tiempo para todo lo que hay que hacer para que una ciudad funcione, además de llevar adelante una granja urbana si trabajas toda la semana? Según ellos, Oosterwold es una trampa neoliberal en donde el Estado se retira y los habitantes deben encargarse de todo. Por lo pronto, el proyecto parece no ser muy inclusivo. No solo el proceso para participar en él se vuelve muy largo y complejo, sino que además está sujeto a las vicisitudes del mercado, tal y como ocurrió hace pocos meses cuando el ayuntamiento, dueño de la tierra, actualizació los precios de los terrenos que vieron su valor aumetado en un 80% en un día.

Por las experiencias recabadas hasta hoy, la autogestión total de un barrio no estaría resultando tan lúdica como se la plantearon los creadores de esta idea. Complejidades técnicas, intereses personales, desacuerdos entre vecinos, entre otras cosas, están haciendo que el trabajo del ayuntamiento sea mas intenso y costoso en este caso que en cualquier otro barrio de la ciudad. Todavía hay mucho por recorrer, así que seguimos atentos para ver si finalmente Oosterwold encuentra su lugar entre los grandes proyectos de innovación holandesa, o si en cambio queda relegado en el cajón de los recuerdos como experimento fallido para no repetir.

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