El país de los niños felices

Desde hace unos años, diversos estudios parecen confirmar que en Holanda viven los niños más felices del mundo. El primer dato lo dio a conocer Unicef en un informe comparativo acerca del bienestar infantil en los países más desarrollados. Desde entonces, el modelo de vida holandés en el que los padres le dedican más tiempo a sus hijos, estos tienen más libertad y menos deberes y se mueven en bici por ciudades seguras se toma de ejemplo para lograr generaciones de niños satisfechos por todo el mundo. Pero en contraste con estas cifras, Unicef ha publicado un informe acerca del aumento de la desigualdad social en la que Holanda no puntúa tan bien y expertos en bienestar emocional aseguran que sentirse felices no solo depende de lo que nos ofrece el entorno.

​“Desde hace mucho tiempo, en Holanda se enseña a los padres a criar a sus hijos siguiendo las tres erres: rust (descanso), regelmaat (rutina) y reinheid (limpieza)” explica Rita Mae Acosta, coautora de “The happiest kids in the world”, un libro sobre la crianza en los Países Bajos que acaba de llegar a las librerías. Después de la publicación del informe de Unicef en el que la organización asegura que los Países Bajos “claramente lideran” la clasificación de los países ricos con los niños más satisfechos, expertos, padres y profesores han indagado en estas cifras para averiguar el secreto de su éxito. El estudio se centra en cinco puntos: bienestar material; salud y seguridad; educación; comportamiento y el entorno familiar y social. Holanda se sitúa en primer lugar en bienestar material, es decir, el nivel económico de las familias y la tasa de pobreza del país; educación, relacionado con la media de los niños que terminan la educación secundaria y la puntuación de la enseñanza del país en el informe PISA; y comportamiento, una variable que mide hábitos saludables como la tasa de ejercicio físico, de sobrepeso o el consumo de alcohol, drogas y tabaco. Salir bien desayunados de casa es algo que hacen los niños holandeses mejor que ninguno pero, por otro lado, en ejercicio físico se encuentran en mitad de la tabla, liderada por Irlanda, Estados Unidos, Austria y España. Al contrario que los niños daneses, los más amantes de la fruta, los holandeses se sitúan a la cola de la lista, muy por detrás de los países mediterráneos. Pero por el contrario, son niños sin sobrepeso y que apenas padecen acoso escolar.

Lo que ellos cuentan

A las variables más objetivas que pueden permitir medir la felicidad de las personas se suma la percepción subjetiva que cada uno tiene de su propia vida. Para el presidente del Instituto Holandés de la Juventud, Kees Bakker, “es cierto que muchos estudios revelan que los niños holandeses son muy felices, pero está claro que no vale para todos. Si se mira en detalle, otras investigaciones muestran que entre los estudiantes de HAVO/VWO, sólo uno de cada diez dice sentirse insatisfecho por problemas sociales, de salud, etc. en comparación con el nivel más inferior de educación secundaria donde un cuarto de los chavales se siente infeliz”. En este sentido la brecha entre la felicidad que sienten los niños más ricos respecto de lo más pobres no ha dejado de aumentar en Europa en los últimos treinta años, tal y como se desprende del último informe de Unicef publicado en 2016 sobre equidad en la infancia. “A pesar de que los niños en Holanda se sienten en general muy felices con su vida, hoy hay más desigualdad que antes entre los niños en cuanto a salud, educación e ingresos se refiere” afirma en una nota de prensa la experta en derechos del niño de Unicef,  Esther Polhuijs.

En su estudio de 2013, la organización cierra el documento con la valoración que los niños hacen de su propia vida en los 29 países en lo que se basa el estudio. Al igual que en la valoración objetiva, los niños holandeses ocupan el primer puesto, es decir, el 95% dice sentirse muy feliz con su vida. “Este es un dato muy relevante porque algo que sí hacen bien las familias holandesas es estar más con sus hijos, los padres no trabajan tanto como en otros países, y son menos autoritarios. Y eso sí que es un comportamiento que vemos en todas las familias de todas las clases sociales por igual” explica Bakker. En esta última tabla, países como España o Grecia, que en el resto del estudio se sitúan en la mitad inferior de la clasificación, ocupan el tercer y quinto puesto respectivamente. Es decir, a pesar de no contar con el entorno más propicio para ser muy felices, los niños españoles y griegos dicen sentirse más satisfechos con su vida que la media general. En este sentido el informe explica que la sensación de bienestar de los niños, sobre todo de los más pequeños, “está íntimamente relacionada con la calidad de las relaciones de su círculo más cercano, con sus padres y sus semejantes”. Aunque la catedrática en felicidad y bienestar de la universidad de Ámsterdam, Meike Bartels va más allá y concluye que “tanto en lugares donde la situación es dramática como en países con los estándares de bienestar como Holanda obtenemos resultados de gente que se siente muy feliz y muy infeliz. El entorno parece no ser tan importante: por eso estamos convencidos de que existe una predisposición genética a ver todo negro o de color de rosa. Incluso entre los miembros de una misma familia”.

Fotos: Fernández Solla Fotografie
Fotos: Fernández Solla Fotografie

Rina Mae Acosta, coautora del libro “The happiest kids in the world” (Los niños más felices del mundo)

“En Holanda los niños son felices porque llevan una vida sencilla y pasan tiempo con sus padres”

¿Cómo surgió la idea de escribir el libro?

Cuando el informe de Unicef salió publicado, escribí en mi blog un post sobre el tema que se compartió en todas las redes sociales hasta un millón de veces. Y todo empezó con otra perspectiva muy distinta, preguntándome a mí misma cómo era posible que los niños holandeses fuesen tan felices, ¡toman hagelslag (chocolate en virutas) para desayunar! Pero lo cierto es que su impacto me dio que pensar y fue lo que me llevó a indagar más y, junto con la otra autora de libro, tratar de entender por qué son tan felices. Entrevistamos a varios catedráticos y profesores que han llevado a cabo estudios relacionados con el comportamiento de los bebés holandeses, por ejemplo. Dos de ellos trabajan en Estados Unidos y nos confirmaron que son niños más calmados entre otras cosas porque duermen bien, no tienen problemas con el sueño. Los padres holandeses parece que logran tener bebés que duermen toda la noche desde el principio, según este estudio que se ha llevado a cabo con distintos grupos de niños durante más de 25 años. Los adultos holandeses son los que más duermen del mundo así que es probable que sea un hábito adquirido ya desde que son pequeños.​

¿Y cuál es la clave para lograr estos niños dormilones?

Según observaron en estos estudios, los padres holandeses basan su crianza en tres principios muy simples: rust (descanso), regelmaat (rutina) y reinheid (limpieza). Estos son tres ideas clásicas que todos intentan llevar a cabo y parece que ayuda a tener un patrón de sueño saludable. Limpieza es algo que ya no es tan importante hoy en día pero si a los niños, desde que nacen, se les da una estructura no demasiado rígida pero lo suficiente como para hacer que su día a día sea predecible, esto les dará tranquilidad y dormirán más. Pero ante todo, lo esencial es tratar de tener esta rutina sin estresarse, sin ser demasiado exigentes con nosotros mismos. Si un día todo se altera porque tu hijo se pone enfermo, hay que intentar que esto no suponga un quebradero de cabeza, porque eso los niños lo notan.​

Pero para vivir estos imprevistos sin estrés hace falta una sociedad que respalde a los padres en su tarea de conciliar ambos aspectos de sus vidas…

Exacto, y en eso los holandeses también son un ejemplo a seguir. La jornada parcial está integrada en la sociedad y tanto el gobierno como las empresas tienen muy presente que la mayor parte de los padres no trabajan más de cuatro días a la semana. Holanda sigue siendo un país muy competitivo a pesar de implementar esta conciliación, y eso es un gran avance que no existe en Estados Unidos o en Gran Bretaña: apenas hay reducción de la jornada laboral y para los que lo tienen, además, trabajar menos horas repercute en los beneficios del seguro médico.

​En su libro también tratan el bienestar de los niños más mayores que ya tienen más deberes y deben enfrentarse al examen de acceso a secundaria. ¿Hay mucha diferencia con los niños de sus países?

El libro está escrito en un tono positivo, comparando las vivencias que una americana como yo y mi compañera británica hemos tenido en nuestra infancia y más tarde como madres en Holanda. Así que, si bien es cierto que hay todo un debate acerca del aumento de estrés de los niños de estas edades aquí, si lo comparamos con el que sufren los niños en América o en Inglaterra, la diferencia sigue siendo enorme. La presión por la excelencia y por llegar a la universidad todavía no es comparable con la de mi país: tradicionalmente la sociedad holandesa no presiona a los niños para que alcancen un cierto nivel académico sino para que lo que decidan hacer, lo hagan bien. Si un niño está deseando ser enfermero o enfermera, no se les anima a que estudien medicina en la universidad. Y lo que es una pena es la influencia, cada vez mayor, de la cultura americana en el modelo de vida holandés. Y eso no es para bien.

​¿Qué aspectos de la crianza en Estados Unidos importaría a Holanda?

A nivel muy superficial, echo de menos todos los aparatos y gadgets que puedes encontrar allí y que aquí a menudo no existen. Sé que no es lo que realmente necesita un niño pero con mi primer hijo esto hizo que me trajera de Estados Unidos de todo, desde ropa hasta el interfono. Otro aspecto que echo de menos es lo que llamamos el “espíritu escolar”: el deporte en el colegio y competir con tus compañeros desde que eres pequeño hasta la universidad. Esa idea del colegio como un lugar que te identifica mucho, que te hace sentir parte de una gran familia, es algo que mis hijos aquí, aunque están felices en su colegio, no tienen.

​Y al revés, si tuviera que elegir dos lecciones que exportaría sobre la crianza holandesa, ¿cuáles serían?

Intentaría transmitir la importancia de dar tranquilidad y estructura a nuestros hijos. Cuando tuve mi primer hijo, me comportaba como una madre típicamente americana: creía que mi forma de criar era la mejor y me pasé todo mi embarazo leyendo todo lo posible acerca de cualquier tema. Tenía que asegurarme de que mi hijo tenía la estimulación necesaria, todo tenía que ser perfecto y con todos los productos enviados de Estados Unidos…esa manera de controlarlo todo me hacía muy infeliz. El pragmatismo de los holandeses es muy positivo porque ayuda a quitarle importancia a la crianza, a tomárselo con naturalidad. El segundo mensaje sería que una vez que van al colegio, tenemos que aprender de los holandeses a animar a nuestros hijos pero sin forzarles a nada. Aquí se les da total libertad pero dentro de unos límites. Por ejemplo, los niños saben que tienen que estar en casa a las seis para cenar. Pero entre las tres que salen del colegio y la hora de la cena, son más o menos libres para hacer lo que quieran, para quedar con sus amigos y jugar, sin apenas deberes ni obligaciones. Además, gracias a la seguridad que hay en las calles, pueden ser más independientes desde que son pequeños y pasar más tiempo al aire libre.

​¿Cuál es el mensaje que quieren transmitir sobre por qué son los niños holandeses los más felices del mundo?

Desde el principio de nuestro libro dejamos bien claro que Holanda no es una utopía perfecta, tienen muchos defectos, pero en el tema de la crianza, creemos que los están haciendo muy bien. En definitiva lo que pretendemos transmitir es que en Holanda los niños se crían a la antigua usanza, y que la crianza feliz pasa por simplificar nuestra forma de vida, pasando más tiempo con nuestros hijos y haciendo con ellos las actividades más sencillas, las que no cuestan dinero, como ir al parque o comer juntos en la mesa.

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