Entrevista al tenor Nico van der Meel

"Cantar e interpretar música antigua es como intentar llenar de significado un listín telefónico"

Tenor y director de coro, la vida de Nico van der Meel ha estado vinculada a la música desde que tenía cuatro años. Especializado en la música antigua, está considerado uno de los grandes intérpretes holandeses de las pasiones oratorias, un género musical que se canta en Semana Santa y que cada año se populariza más y más. Agnóstico, matemático y poco cuidadoso con su voz, afirma que se pueden sentir las emociones religiosas sin ser practicante y que la voz es un instrumento en constante cambio al que hay que saber adaptarse. En su casa, en un edifico antiguo con vistas a uno de los canales en Leiden, recibe a Gaceta Holandesa para charlar sobre educación musical, la historia de Holanda cantada y el paso de los años en la vida de un artista.  

Usted ha interpretado cerca de 300 veces las pasiones oratorias, ¿por qué son tan aficionados los holandeses a este tipo de pieza musical?

Es incomprensible pero sí, es una locura. Y tiene que ver con la historia de Holanda: en el siglo XIX unos cuantos directores de orquesta comenzaron a interpretar estas pasiones en Alemania, a los que les siguieron otros en Róterdam y Ámsterdam. A principios del siglo XX, mientras en Alemania empezaban a perder popularidad, aquí se convirtió en una tradición de esta época del año que caló en mucha gente. La música es luterana y por lo tanto sus inicios tienen relación con la religión protestante de estos países. Aunque lo cierto es que la mayor parte de la gente que asiste hoy a estos conciertos es agnóstica. El número de personas que acude a escuchar las pasiones es enorme, no deja de aumentar y no me lo explico, pero la realidad es que se ha convertido en una cita social ineludible de esta época del año. Quizás tiene que ver precisamente con la ausencia de ritos religiosos, y por tanto las personas necesitan mantener algunos para seguir creando comunidad y este puede ser uno de ellos.

La educación musical en Holanda, ¿ha empeorado con los años?

Es realmente preocupante los recortes que está sufriendo la educación musical en los últimos años. Antes teníamos los conservatorios donde, por poco dinero, cualquiera podía aprender a tocar un instrumento. Pero eso ha desaparecido y ahora son las escuelas privadas las que han tomado terreno. Y en los colegios esta educación también ha disminuido por falta de profesorado. Los coros, por ejemplo, eran una buena forma de empezar, pero ya no forman parte de las escuelas. La situación actual ha empeorado muchísimo y no creo que tenga que ver con la secularización de la sociedad porque otros colegios como los Waldorf o muchos institutos de nivel Gymnasium le dedican atención a la música. Lo malo es que hoy en día depende totalmente de lo que cada colegio o centro de enseñanza esté dispuesto a ofrecer, no hay una corriente general que antes sí que existía.

Para el público más mayoritario, Holanda es el país de la música electrónica por excelencia, de donde salen los mejores Dj’s del mundo, ¿podemos decir lo mismo de la música antigua?

Sin duda, en Holanda el interés por la música antigua no deja de crecer, y un ejemplo de esto es la importancia que tienen los instrumentos antiguos, su conservación y el interés que despiertan entre alumnos nuevos que quieren aprender a tocarlos. También hay mucha formación en musicología y en historia de la música. El nivel es muy alto, similar al que puede haber en Alemania o Austria y mayor sin duda que el interés que despierta en los países del sur de Europa. Ámsterdam y La Haya son las ciudades donde más se ha desarrollado esta tendencia, y la mayor parte de las veces nace a raíz del interés de un grupo de personas que se unen y construyen un proyecto por el que posteriormente logran recibir fondos.

 

Nico van der Meel en un momento de la entrevista. A la derecha, tocando el piano en el salón de su casa en Leiden © Fernández Solla Fotografie

¿A qué cree que se debe este creciente interés?

Entre la música antigua, la renacentista es quizás la que más interés despierta. Y creo que tiene que ver con la tendencia general de interpretar música en espacios originales, otorgándole a la pieza un contexto histórico. Tambien interesa el relato de la vida de entonces. Con la formación de la que soy miembro, Camerata Trajectina, ofrecemos conciertos donde intentamos trasladar la vida de la gente en la época medieval en Holanda, a través de poemas y otro tipo de canciones más ligeras que relatan lo que acontecía en la sala de estar. Pero no todo está en el poema, a partir de lo que hay tenemos que construir toda la historia alrededor, gracias a posibles anotaciones que podemos encontrar o a los cuadros de la época. Interpretar textos antiguos es muy complicado, es como si tuviéramos que otorgarle signficado a una guía de teléfonos.

¿Cuál es la temática más recurrente de estos textos?

Encontramos historias en torno a la guerra de los ochenta años (1568 – 1648), por ejemplo, críticas a la política de la época, a Felipe II, el rey de España: de todo esto hay mucho. Pero lo que predominan son poemas de amor, baladas y canciones elaboradas por las hermandades de “rederijkers”, poetas aficionados de la baja Edad Media que se reunían y hacían competiciones para ver quien lograba el poema más original. Aunque la temática se solapaba, porque cuando se hablaba sobre la caridad hacia los pobres, se hacía desde la perspectiva religiosa pero también como un llamamiento político. Y una curiosidad son las canciones escritas con el acento alemán de Westfalia: en el siglo XVI, hubo una fuerte crisis agrícola en el norte de Holanda porque el suelo empezó a hundirse por la extracción de turba, y mucha gente abandonó el campo y se fue a las grandes ciudades. Para compensar esta falta de mano de obra en el campo, se contrató a mucha gente de origen muy pobre de Westfalia. Se cree que estas canciones fueron creadas para levantarles el ánimo. Pero lo interesante de esta época es que la música viajaba más de lo que creemos y a Holanda llegaban libros de cancioneros de música francesa, italiana y española que se interpretaron mucho.

La música es probable que sea la única disciplina artística en la que nadie discute la hegemonía de los grandes compositores del siglo XVIII como Bach, Beethoven o Mozart, ¿no hubo nadie mejor que ellos ni antes ni después? ¿por qué existe este consenso?

¿Por qué siguen en pie las grandes catedrales en las ciudades? Todos queremos preservar este patrimonio que consideramos esencial. La importancia de Bach es tal que su música es el fundamento de toda la que conocemos hoy en día: no hace falta que sea música clásica, el jazz, por ejemplo, está claramente influenciado por la obra de Bach. Sencillamente no hay otro igual.

 

Arriba, folletos del próximo concierto de uno de los coros que dirige Van der Meel, en la ventana de su casa. © Fernández Solla Fotografie

¿Cómo fueron sus comienzos en el mundo de la música?

Mi padre daba clases de piano así que empezó a enseñarme cuando tenía cuatro años. Y como yo padecía muchas infecciones de oído todavía no iba a la escuela, por lo que me pasaba el día escuchando música en la radio de casa. Más tarde empecé a formar parte de coros y a seguir con mi formación musical. Pero mi comienzo en serio llegó relativamente tarde, cuando tenía 24 años, porque antes estudié la carrera de matemáticas, aquí en la universidad de Leiden. Dando clases de canto fuera de mis estudios fue cuando me di cuenta de que quería dedicarme a esto, a pesar de haber elegido una carrera muy diferente. Y entonces empecé a estudiar para ser director de coro en el conservatorio. Y a través de ahí me convertí en tenor, aunque sigo dirigiendo coros. Mi vida entera ha estado y está vinculada a la música.  

¿Cómo cuida su voz?

No me preocupo mucho por cuidarla. Estos hombres que llevan los pañuelos anudados al cuello para cuidar su garganta… ese no soy yo. Lo importante es descansar bien, dormir suficiente antes de un concierto. Soy muy poco cuidadoso con mi voz, la verdad. Vivimos en un lugar húmedo y seguro que eso influye, pero no soy consciente. Supongo que no sonará igual una voz cantada a dos mil metros de altura que al nivel del mar, o en un lugar muy caluroso o muy frío. Pero hay que adaptarse a lo que hay. Lo que sí nos afecta a todos los cantantes es el paso de los años. Nuestra voz está en constante cambio. Mis registros ya no son los mismos que cuando era joven, eso sí que lo noto, ahora es más grave que hace diez años. Por ejemplo, a mi edad prefiero no cantar la Pasión según San Mateo de Bach si se toca con instrumentos modernos, porque su sonoridad es mayor que la de los instrumentos antiguos. Aunque creo que todavía podría, prefiero no arriesgar y sentirme cómodo mientras lo interpreto. Tengo 61 años y a esta edad hay muchos cantantes que ya lo van dejando, aunque depende de cada uno, la edad pasa factura como a un bailarín. El año pasado me enteré de que el plan de pensiones que había contratado cuando era joven terminaba a los sesenta años. Supongo que entonces creí que esa sería mi fecha de jubilación, pero aquí sigo. La vida ha cambiado mucho, hoy en día, ¿quién dice a qué edad es el momento de dejar de trabajar?  

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