El neerlandés ¿una asignatura hueso para los hispanohablantes?

Con casi el doble de fonemas que el castellano y una estructura gramatical que nada recuerda a la de las lenguas romances, el neerlandés es un idioma difícil de aprender para cualquier hispanohablante. Que además lo hablen unos veinte millones de personas en el mundo, frente a los quinientos millones de nuestra lengua, no hace sino contribuir al desaliento. Aun así, para muchos expertos lingüistas se trata de una de las lenguas germánicas más sencillas: a caballo entre el inglés y el alemán, el neerlandés es un idioma poco contaminado por otros y más internacional de lo que se cree. Agudizando el oído, uno se da cuenta de que esta sopa de letras en la que sobran las jotas y faltan vocales contiene todos los ingredientes de un idioma con historia, con un pasado que ha dejado su huella en cuatro continentes.

Por trabajo o por amor, al neerlandés no se llega por casualidad. Son muchos los que lo intentan y se desaniman a medio camino porque no tienen ocasión de practicarlo. Y aquellos que perseveran descubren que no sabían nada cuando la gramática se complica y los sonidos vocálicos se multiplican. Lo que parece cierto es que lo que hace al neerlandés un idioma difícil para los hispanohablantes no es la lengua misma sino la escasa exposición. Tal y como

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