Museos que dejan con la boca abierta a cualquier niño

En Holanda, hablar de museos para los más pequeños es hablar de todos ellos. Desde las pinacotecas más ilustres como la Mauritshuis o el Rijksmuseum hasta los centros de peregrinación de millones de turistas como la casa de Anne Frank, la mayoría de los museos holandeses dedican un espacio para los niños. Pero además existe una larga lista de museos exclusivamente infantiles que abarcan todas las disciplinas. Gaceta Holandesa ha seleccionado aquellos que ofrecen una experiencia cultural única y cuyo nombre no suele aparecer en las guías: citas alternativas en las que pasar un día en familia evitando largas colas y con la diversión asegurada.​

Para jóvenes lectores

Desde que reabrió sus puertas en 2009 tras una profunda renovación, el Kinderboekenmuseum o Museo del Libro de La Haya pretende sumergir a los niños en el mundo de la literatura a través de los sentidos. Juegos visuales, escondites y pruebas de destreza les ayudarán a conocer la historia del libro de una manera didáctica y divertida. El museo rinde homenaje a los personajes más conocidos de la literatura infantil holandesa como Kikker, Nintje o Jip en Janneke recreando su mundo en distintas salas que los niños pueden explorar libremente.

Una de las salas interactivas del museo ©Kinderboekmuseum

El mundo a sus pies

El Tropenmuseum Junior es el museo para niños más antiguo de Holanda, con más de 40 años de historia. Anexo a su hermano mayor, ambas colecciones conforman el museo etnográfico más conocido del país, cuyo emblemático edificio en el centro de Ámsterdam albergó durante décadas el Museo Tropical o de la Historia Colonial. Desde el año pasado, la versión Junior ofrece una exposición sobre Marruecos, Ziezo Marokko, una inmensa instalación donde se recrean los lugares más representativos de la cultura marroquí y en la que los niños pueden desde construir un mosaico hasta pasear por la medina. Las visitas son programadas y la edad recomendada es entre 6 y 12 años.  Se puede reservar a través de la página web de la exposición.

Fachada del Tropenmuseum en Ámsterdam ©Tropenmuseum archivo

Educación medioambiental

Aprender sobre el mundo que nos rodea puede ser un reto divertido si se piensa como un niño. Eso han hecho los fundadores de Geofort, galardonado el pasado mes de septiembre con el premio al mejor museo para niños del mundo. Enclavado en uno de los fuertes que conforman la línea defensiva Waterlinie, fue construido hace más de un siglo para proteger militarmente al país con el agua como principal arma de guerra. Hoy en día, Geofort es un centro de interpretación de la Tierra con actividades de interior y exterior que introducen a los niños en la geofísica. Juegos de ordenador como Minecraft o talleres de construcción de todo tipo pretenden ofrecer una experiencia interactiva en un entorno muy peculiar.

Vista aérea del fuerte convertido en museo de divulgación científica © Geofort

Arte por las cuatro esquinas

A medio camino entre un museo y un laboratorio de ideas, Villa Zebra sorprende desde el instante en el que se divisa la cebra con cuello de jirafa sobre su tejado. A orillas del Mosa, este museo en Róterdam es una cita obligada para aquellos que quieran devolverles la pregunta a sus hijos. En lugar de ser los más pequeños los que cuestionen la realidad que les rodea, Villa Zebra les pone a prueba y les pide respuestas. En un entorno original, irreverente y divertido, los niños se acercarán al concepto de la creación artística desde la premisa de que todo es posible. Desde hace quince años, sus fundadores organizan talleres, exposiciones y actividades para niños de entre 3 y 12 años y su éxito hace que sea necesario reservar con antelación para asistir a uno de ellos.

Una de las instalaciones de la exposición actual Welkom Thuis © Villa Zebra

Locos por las ruedas

Grandes, pequeñas, sobre raíles o en el tren de aterrizaje: no hay niño que no se fascine por un par de ruedas. De los múltiples museos dedicados a distintos medios de transporte, estos cuatro son los que superan todas las expectativas y logran dejar con la boca abierta a adultos y niños.

Aviodrome– Para los amantes de los altos vuelos, el Aviodrome en Lelystad cuenta con simuladores de vuelo, una sala de radio control y la colección más grande del país de aviones de todo tipo, entre los cuales se encuentra el primer avión con motor que sobrevoló Holanda en 1909.

Un Boeing 747 de KLM en el Aviodrome

Louwman Museum– La colección privada de coches más antigua del mundo está en Holanda. Entre sus más de 250 vehículos se encuentran algunos como el último Jaguar que ganó en el circuito de Le Mans en 1956, el Aston Martin de una de las películas de James Bond o el Cadillac de Elvis Presley. El restaurante que recrea una plaza mayor de principios del siglo XX es otro de los atractivos para los niños.

La colección de Bubble Cars en el Louwman Museum © Louwman Museum

Spoorwegmuseum– Si bien la colección de coches está pensada para niños algo más mayores, el Museo del Ferrocarril en Utrecht reúne todas las cualidades para ser una visita divertida a cualquier edad. Mientras los más pequeños disfrutarán al subirse a un tren que les pasea por el exterior del museo, los más mayores lo pasarán en grande en la montaña rusa a oscuras o subiéndose a los vagones de época expuestos. Figuras de Lego para construir trenes durante horas y varias tiendas de las que no se podrá escapar indemne completan la visita.

Scheepvaartmuseum– Por último, no se puede hablar del transporte en Holanda sin referirse a su tradición marinera. El museo naval de Ámsterdam, ubicado en un edificio del siglo XVI que sirvió como almacén del almirantazgo holandés, es una cita imprescindible. Una de las plantas está dedicada en exclusiva a los niños con viajes virtuales por el mar, historias de piratas y películas que recrean la vida de los marineros holandeses. En el exterior puede visitarse una réplica del “Ámsterdam”,  la goleta de la Compañía de las Indias Orientales que naufragó en el Canal de la Mancha en 1749.

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