La monarquía holandesa, al descubierto

Aunque la opinión pública holandesa es mayoritariamente favorable a su familia real, no todo los vientos le soplan a favor: su limitado poder político se ha visto recortado en los últimos años mientras aumentaban las críticas sobre su elevado coste para el Estado. Poco antes de que Holanda se vista de naranja para celebrar el 50 aniversario de su rey, radiografiamos la salud de la monarquía holandesa y nos preguntamos: ¿es realmente tan popular como parece?

​Más de 800.000 personas abarrotarán este jueves las calles de Ámsterdam para celebrar el cumpleaños del rey. Según cifras de la compañía de ferrocarriles NS, alrededor de un cuarto de millón se desplazarán a la capital desde otras ciudades y, pese a ello, todos los centros urbanos del país seguirán teñidos de naranja —el color que identifica a la familia real, Orange-Nassau— gracias a los atuendos de los miles de ciudadanos que saldrán a la calle a celebrar, como cada año, el cumpleaños de su rey. En esta ocasión, la efeméride es especial: Guillermo Alejandro de Holanda cumple 50 años y lo hace la misma semana en que se conmemoran los primeros cuatro años de su reinado.

​Según la encuesta de popularidad de la monarquía holandesa de 2016 realizada por Ipsos para la cadena pública NOS, los holandeses valoran con un notable alto a los tres miembros visibles y activos con los que cuenta actualmente la institución: el rey Guillermo Alejandro (7,3), su madre la princesa Beatriz (7,4) y la reina Máxima, quien obtuvo la mejor nota (7,7). Según el mismo estudio, los holandeses están satisfechos con la labor del rey, y dos de cada tres aseguran confiar en Guillermo Alejandro como monarca. Pese a ello, dicho porcentaje se ha reducido en ocho puntos desde su primer año de reinado, descendiendo del 74% al 66%. También la monarquía, tradicionalmente considerada un símbolo nacional, ha ido perdiendo fuelle. Mientras el republicanismo en los Países Bajos se mantiene estable desde hace una década, con un apoyo del 17% de la población, sólo seis de cada diez encuestados en 2016 afirmaron querer que Holanda continuara siendo una monarquía, frente a los ocho de cada diez de 2013. Entonces, tres cuartas partes de los ciudadanos aseguraban preferir la monarquía frente a la república. Ahora, son solo dos de cada tres.

 

Un gobernante sin poder político

Los Países Bajos se fundaron en el siglo XVI sobre la figura del rey Guillermo de Orange y desde entonces, la Corona ha sido considerada símbolo de estabilidad e identidad nacional. Según la Constitución holandesa, “el rey es el cabeza de Estado y forma, junto a los ministros, el Gobierno de la nación”. Pero, en la práctica, el soberano carece de poder político y su participación en la gobernanza del país se limita principalmente a la firma de las leyes promulgadas por el Gobierno y a la lectura del discurso de apertura del curso político, en Prinsjesdag. Su principal labor como monarca son las tareas de representación dentro y fuera de las fronteras de Holanda, estableciendo y manteniendo contactos con agentes que puedan beneficiar a los intereses del país.

Antes de 2012, el soberano también ejercía de interlocutor entre los partidos para lograr la formación de Gobierno tras las elecciones pero, en marzo de aquel año, una iniciativa liderada por D66 alcanzó en la Segunda Cámara la mayoría suficiente para forzar el cambio del reglamento del Parlamento y, de esta forma, traspasar esa tarea a los diputados electos. De este modo, el monarca quedó fuera del juego político definitivamente.

El primer varón tras 127 años de reinas

Desde que en 1890 muriera el rey Guillermo III y, tres años después, el derecho al trono de mujeres y hombres en los Países Bajos fuera equiparado, cuatro mujeres han pasado reinado en el país: la regente Emma, la reina Wilhelmina, la reina Juliana y la reina Beatriz. Holanda es la única monarquía europea que ha sido gobernada ininterrumpidamente por reinas durante más de 100 años y eso, irremediablemente, imprime al reinado de Guillermo Alejandro un nuevo estilo.

El nuevo rey “es, a primera vista más jovial, más deportivo y más popular incluso que su madre”. Así lo definía días antes de su coronación el periodista holandés experto en realeza Piet van Asseldonk. Desde que la corona pasara a sus manos, el título de “majestad” —de uso obligatorio durante el reinado de Beatriz por expreso deseo de la reina— ha quedado en desuso. El propio rey afirmó que no se consideraba “un fetichista del protocolo” y, durante una entrevista televisada la víspera de su coronación, aseguró que prefería que la gente estuviera “a gusto cuando estoy con ellos y no que, por miedo a equivocarse con las palabras, no se atrevan a decir nada”. Un enfoque que los ciudadanos aprecian. Además, según la citada encuesta de opinión, valoran su neutralidad política, su cercanía y su jovialidad. Las palabras que los ciudadanos usaron más para definirlo fueron “humano” e “implicado, comprometido”. Y sólo uno de cada diez afirmó echar de menos a la reina emérita.

La familia real holandesa transmite una naturalidad que gusta a los holandeses. Fotos: RVD
La familia real holandesa transmite una naturalidad que gusta a los holandeses. Fotos: RVD

 

Gaceta Holandesa ha consultado a una experta española en casas reales que ha preferido no identificarse, pero que ha querido apuntar otros motivos para explicar este cambio de estilo. “Las monarquías actuales no se pueden comparar con los reinados anteriores porque el mundo es distinto. Ahora mismo, la visualización de las familias reales, en tiempo real y a nivel mundial a través de las redes sociales, es única en la historia”. Eso, según ella, no sólo determina la manera de comportarse de los monarcas, sino que puede influir en los comportamientos de consumo de los ciudadanos. “Máxima tiene, por ejemplo, una influencia tremenda sobre la ropa que se va a poner al día siguiente la ciudadana de a pie”.

Carisma latino y lengua española en la Corte

El interés que despierta Máxima entre los holandeses es innegable. Habitual en las portadas de las revistas femeninas, el “Max-factor”, como ya lo han apodado algunos medios, tiene su traducción en números: 8 de cada 10 mujeres holandesas afirman aprobar su reinado. “Máxima es un activo para la monarquía. Es una persona que ha sido educada en una buena universidad, que ha vivido años en Nueva York, que conoce el mercado laboral. Su presencia refuerza la postura y el reinado de Guillermo y, además, le aporta alegría. El suyo es el reinado de la sonrisa”, asegura la experta española consultada por este medio.

El incuestionable carisma de la reina ha jugado un papel fundamental en la gestión de la mayor crisis que se ha vivido en el seno de la institución: el descubrimiento por parte de la opinión pública de los vínculos de su padre con la dictadura militar argentina de Videla. Este hecho, que obligó a los entonces príncipes a dejar fuera de su enlace al padre de la novia, podría haber marcado para siempre su reputación y su reinado. No lo hizo. ¿Por qué? “Porque Máxima lo aceptó y lo resolvió sin rencor, conciliando su nueva vida con los ciudadanos, sin hacerlos responsables de todo aquello”, asegura la experta en familias reales. “Y también por el esfuerzo tan grande de Máxima por acoplarse a la vida holandesa, a su comida, a su idioma…hay que recordar que en menos de un año ¡ya hablaba neerlandés!” apostilla.

Aunque el neerlandés no es el único idioma que se habla en palacio. Según afirmaba Francisco Javier Vallaure, embajador de España en los Países Bajos entre 2011 y 2014, en una entrevista al Diario de Mallorca, las princesas “hablan español perfectamente” porque han contado con “una nanny argentina, una abogada que Máxima se trajo de Buenos Aires”. En la misma entrevista, el diplomático afirmó que, en un encuentro con motivo de la fiesta navideña de San Nicolás, la reina bromeó con él respecto de la princesa Amalia y le dijo: “¿Has visto que bien habla español? Por la cuenta que le trae, que en Argentina tiene que hablarlo”. Fuentes consultadas por este medio han confirmado que tanto la heredera de la Corona holandesa como sus dos hermanas hablan español de forma fluida.

Las tres hijas de los reyes hablan en español con la familia materna. Fotos: RVD
Las tres hijas de los reyes hablan en español con la familia materna. Fotos: RVD

 

Las polémicas en torno a la familia Orange

La principal crítica de los ciudadanos a la Corona es su coste. Más de la mitad de los holandeses consideran que la remuneración que recibe la pareja real, a pesar de considerar que “ostentan unas tareas pesadas”, es demasiado alta. El sueldo del rey Guillermo en 2017 será de 888.000 euros, un 2,5% mayor que el año anterior. También aumentarán los ingresos de la princesa y reina emérita Beatriz, que este año percibirá 502.000 euros, y de la reina Máxima, que recibirá 352.000 euros, cantidades libres de impuestos según marca el artículo 40 de la Constitución del país. En total, el Estado destinará este año 41,4 millones de euros a la Casa Real.

La holandesa es la segunda monarquía más cara de Europa, sólo superada por la británica, que en este ejercicio alcanza los 53 millones de euros. La más barata es la española, con 7,82 millones de euros presupuestados para 2017. Además, los Orange-Nassau acumulan un patrimonio personal de 330 millones de euros en forma de bienes, inmuebles y otros negocios, como el 3,5 por ciento de las acciones que ostentan de la petrolera holandesa Shell, lo que los convierte en la cuarta familia real más rica del continente.

Precisamente la gestión y procedencia de este cuantioso patrimonio ha sido la causa de varias de las polémicas que han protagonizado. La última, tras la venta en secreto de dos obras de arte de su colección privada que no fueron ofrecidas en primera instancia a los museos holandeses, y que podrían haber reportado varios millones de euros de ingresos. También se les ha criticado la presunta “compensación económica secreta” que recibe la Casa Real como devolución por los impuestos que pagan por sus gastos privados y que destapó la cadena RTL Nieuws; los 1,5 millones de euros anuales presupuestados para la princesa Amalia cuando alcance la mayoría de edad y que han puesto en guardia a la oposición; o el excesivo coste de manutención del lujoso yate de Beatriz de Holanda, El Dragón Verde. En 2007, antes de convertirse en reyes, la pareja real ya protagonizó una polémica económica al adquirir una villa de veraneo en Mozambique, tan lujosa, que le valió a Guillermo Alejandro los apodos en la prensa de “príncipe jet-set” o “el príncipe de los bienes inmuebles”. Ambos acabaron vendiendo la villa en 2009 y pidiendo disculpas públicamente.

A pesar de todo esto, y además de la reciente publicación de un libro que relata la infeliz vida de la emérita reina Juliana, o la recurrente polémica sobre la doble nacionalidad de la reina Máxima, que, pese a la presión de algunos partidos, no puede renunciar a la ciudadanía argentina porque las leyes de su país lo prohíben, la monarquía holandesa sigue gozando de buena salud. Las multitudinarias celebraciones que se esperan mañana son la mejor prueba de ello.

“No me gusta la monarquía pero celebro el Día del Rey”

Este año, el monarca celebrará su aniversario con una cena oficial en el Palacio de la plaza Dam de Ámsterdam a la que ha invitado a 150 holandeses que cumplen años el mismo día que él. ¿Cómo lo celebrarán el resto  de ciudadanos?

“Me iré a entrenar con mi equipo ciclista y quizás me pase por el vrijmarkt de Utrecht y me tome unas cervezas. ¡Y si encuentro mi camiseta naranja, me la pondré!” asegura Mark, un freelance de 32 años que no le ve ninguna ventaja a tener una familia real. “Cuesta mucho dinero”, afirma. Lo mismo piensa Heiko, de 33 años, responsable de cuentas de una empresa tecnológica. “La monarquía está obsoleta. Está bien tener unas cuantas caras familiares para rellenar las ceremonias, pero no por 40 millones al año”. Él suele tomarse la jornada para quedar con los amigos, pasear por el mercadillo improvisado de los vecinos o descansar. Pero también hay quien aprovecha para irse de la ciudad, como Elsbeth, una profesora de inglés de 55 años que cree que la monarquía es “un sistema obsoleto y poco democrático”, pero se muestra favorable a la familia real holandesa porque “tampoco hacen daño, ya que no tienen poder real”. Su favorita: Máxima. “Le gusta a casi todos los holandeses”, asegura.

​Caron (24 años, científica) espera con ganas la jornada porque “es un día muy festivo, en el que todo el mundo se viste de naranja y está contento”. La joven se muestra muy satisfecha con la familia real holandesa “porque son abiertos y parecen muy interesados en la gente del país”. Le parecen “muy divertidos” y le gusta que siempre apoyen a los equipos holandeses en las competiciones deportivas. En cambio, para Brigitta, secretaria de 57 años, lo mejor de la familia real holandesa es que “representa a Holanda tanto en el país como fuera y hace muy bien su trabajo, a pesar de las restricciones y de que todo el mundo les está siempre observando”. Ella también tiene planeado celebrar el Día del Rey paseando por las calles de De Bilt. El resto de ciudadanos del país, a favor o en contra de la monarquía, buscará su propia forma y motivación para hacerlo.

 

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