Minke van Wingerden, co-fundadora de la primera granja flotante del mundo

“Si el 70 por ciento de la Tierra es agua, ¿por qué no aprovechar su superficie para producir alimento?”

Minke van Wingerden creció en Friesland, una región del norte del país principalmente agrícola. Desde pequeña, conoció cómo era una granja de vacas, la leche que producían y la importancia que tenían para Holanda. Hoy, décadas después, es la co-fundadora de la primera granja flotante del mundo, Floating Farm, situada en el entorno menos rural imaginable, en pleno puerto de Róterdam. Este proyecto puramente altruista es su aportación a la economía circular del futuro, en la que se pueda seguir produciendo alimento para un mayor número de personas en menos espacio. Lo que ella y sus socios llaman “urban transfarming” tiene como protagonistas a decenas de vacas holandesas, que se alimentan de deshechos alimenticios de la ciudad y viven sobre el agua en una granja autosuficiente desde el punto de vista energético.

Su granja ¿podría reproducirse a gran escala?

Sí, este prototipo podría reproducirse a gran escala. Si miramos por ejemplo a Singapur, es un país que importa el 95 por ciento de los alimentos que consume, ¡casi todo! Y están rodeados de agua. Ahora están planteándose producir para su propio mercado, pero sin apenas tierra en la que cultivar, su solución pasa por hacerlo sobre el agua. La mayor parte de las grandes ciudades, en el mundo entero, se encuentran en deltas o cerca del agua y para todas ellas, no depender de la importación y que la producción del alimento se encuentre cerca de donde se consume es importante.

¿Qué opina de la idea de que, si queremos ser realmente sostenibles, el modelo de alimentación actual no funciona, que debemos comer menos carne?

Estoy de acuerdo. Pero a la hora de pensar en una mejor dieta para todos, tal y como se desprende de varios estudios muy interesantes de la universidad de Wageningen, los animales deben seguir formando parte de la cadena alimenticia. Porque necesitamos el estiércol de las vacas, por ejemplo, para el cultivo de otros alimentos, y porque si pensamos en la leche que consumimos, debemos tener en cuenta todo, también lo que contamina que importemos leche de otro tipo, como la de soja, a un país como el nuestro que no la produce. Yo abogo por pensar que el ganado nunca debe desaparecer pero que tenemos que tratarlo de otra forma, más sostenible, y eso es lo que intentamos hacer y mostrar al resto.

Su ganado de vacas, ¿no sufre el vaivén de la granja sobre el agua?

No, para nada, no se marean ni notan que no están en tierra firme. Hace unos meses salieron fuera por primera vez y todos estábamos expectantes de ver cómo responderían, pero ¡no querían salir! (ríe). Salen fuera de vez en cuando pero no sería del todo necesario. De nuevo, expertos de Wageningen realizaron un estudio en el que especificaban qué necesita una vaca para su bienestar vital: suficiente agua y alimento, espacio, y un suelo flexible y limpio. Sobre estar al aire libre, por ejemplo, no decían nada. Además nuestras vacas son de una raza típica holandesa, Maas Rijn, especialmente tranquilas, algo que para nosotros era importante porque solemos tenemos muchas visitas. Si bien dan leche que vendemos también aquí, para nosotros este es un proyecto de sensibilización, no es fundamental que produzcan mucha leche porque lo que verdaderamente queremos es mostrar que una granja de ganado sobre el agua es factible.

¿De qué se alimentan?

Obtenemos el forraje de Róterdam, de empresas que quieren colaborar con nosotros y nos mandan sus restos, como la piel de patata o el grano sobrante de una que produce cerveza artesana y la hierba del campo de fútbol del Feyenoord. Todos salimos ganando con esta colaboración, porque ellos usan sus deshechos para una buena iniciativa como esta. Aunque el proceso de aprendizaje es constante para todos. Por ejemplo, estas empresas han tenido que adaptarse y entender que a las vacas no les gusta comer la hierba o las zanahorias de hace una semana, sino que el alimento tiene que estar todo lo fresco posible. Para nuestras vacas lo ideal es que nos lo suministren un par de veces por semana o incluso cada dos días. Y esto además se hace con un camión eléctrico que las transporta hasta aquí. Si queremos apostar por una economía circular como esta todos debemos aprender sobre la marcha. Contamos con 40 socios y si bien al comienzo fue difícil encontrarles, ahora vienen solos, porque quieren formar parte de esto.

Con esta granja ustedes también quieren hacer ver que ser granjero puede ser un trabajo muy atractivo, ¿por qué?

Porque desde hace tiempo la imagen del granjero se ha devaluado mucho, y a nosotros nos gustaría que la gente joven volviera a mirar al sector agrario como una oportunidad interesante, como un sector donde también se innova. En nuestro caso, hemos apostado por un diseño que entre por los ojos: por ejemplo, en el tejado podríamos haber puesto los paneles solares, en lugar de a un lado, pero preferimos no hacerlo únicamente para que fuera una granja más icónica. Y al mismo tiempo, la empresa que ha instalado los paneles sobre el agua (en forma de recipiente de leche antiguo) está lanzando el mensaje de que la energía solar no necesita tierra firme. La imagen que tenemos de la vida rural alejada de la ciudad no tiene por qué ser así. Nuestro granjero, Albert, es un joven que proviene de una familia de granjeros, estudió para ser técnico agrícola y ha hecho una tesis sobre granjas urbanas. Vive en Róterdam y viene a la granja en bici todos lo días. Por la noche puede ver en su teléfono como va la granja a través de las cámaras que tenemos en el establo. Es una vida muy parecida al del resto de jóvenes que trabajan en la ciudad.


¿Cree que la sociedad está preparada para aceptar esta idea de que se puede granjero y vivir una vida moderna en una gran ciudad?

Es una pregunta interesante porque a menudo vienen aquí jóvenes granjeros que se preguntan lo mismo. Y solemos decirles que esta es una solución muy factible a un problema que sólo irá a más, porque cada vez seremos más personas a las que alimentar y dispondremos de menos terreno cultivable y para pasto. Esto es así, y tenemos que darnos cuenta de ello. Si el 70 por ciento de nuestro planeta es agua, ¿por qué no usar todo ese espacio? Hemos estado en China donde hay muchas ciudades cuyo subsuelo se ha visto muy afectado por la actividad minera, y ahora son grandes marismas en las que una granja así funcionaría estupendamente. En Holanda, el grave problema del hundimiento del suelo se podría también evitar con este avance.

¿No obtienen financiación pública?

Ni un duro, nada. Es alucinante pero así es. Lo hemos intentado concienzudamente pero no ha funcionado, los dos millones de euros que ha costado el proyecto proceden de créditos y de capital privado. Sigo preguntándome cómo es posible que una iniciativa tan sostenible y novedosa como la nuestra no haya obtenido subsidios estatales, no me lo explico. Pero bueno, lo hemos hecho con nuestros ahorros, el de otros dos co-fundadores y con el apoyo de 40 socios. Y nos sentimos muy orgullosos.

¿Y beneficio económico?

No, tampoco. Esta granja es un prototipo para dar a conocer a la gente que algo así funcionaría, pero no tenemos la patente ni nada parecido. Todos tenemos que ganarnos el pan, y nosotros también, claro, pero si podemos hacerlo, queremos aportar nuestro grano de arena para mejorar un poco el mundo que nos rodea y en algo que nos beneficie a todos en un futuro. Por eso vendemos la leche a un precio normal, a pesar del coste que supone producirla aquí y de manera totalmente ecológica. Eso no quita que necesitamos a los visitantes para mantenerlo, y por eso tenemos que cobrar 4,50 euros la entrada, porque como dice Albert, nuestro granjero, a él le cuesta bastante tiempo prepararlo todo para recibir a los visitantes el viernes y el sábado, un tiempo que se quita de hacer su trabajo habitual.

Minke van Wingerden, en un momento de la entrevista, dentro de la granja flotante. Foto: Alicia Fernández Solla

¿En qué momento se dieron cuenta de que el proyecto, por fin, saldría adelante?

Fue realmente cuando obtuvimos el permiso para construirla, años más tarde de que nos lo planteáramos, en 2012. Todo tardó más de lo previsto pero si miro para atrás, ahora me doy cuenta de que todo fue bastante rápido.

¿Tienen visitas de colegios?

A principios del año que viene esperamos tener niños que vengan con su clase y les enseñaremos todo el proceso, desde cómo se mezclan abajo todos los restos que recibimos para producir el forraje, hasta como viven las vacas arriba y la producción que hacemos de leche.

Viendo esto resulta fácil imaginar el reto que es hacer una granja de esta manera, bastaría con comprar el forraje envasado y listo…

Sí, así es, todo en este proyecto ha sido un reto, la financiación y el permiso los dos más complicados. Es un concepto que está tan fuera de la forma de pensar de la gente, que cuando llegas al puerto de Róterdam diciendo que quieres permiso para montar una granja flotante con vacas…debes convencer a todos y cada uno de ellos de que merece la pena. Cuando empezamos a conseguirlo, entonces vino un proceso de papeleo muy largo para lograr los certificados para todo, como el medioambiental, por ejemplo. Y el problema de estos permisos es el mismo que el de los subsidios, que se basan en lo que ya existe. Y nosotros, por una razón o por otra, nunca cumplíamos todas las condiciones. Por eso estamos ahora tan orgullosos de haberlo logrado, porque no ha sido nada fácil.

Y ahora se van a animar con los pollos…

Sí así es, estamos desarrollando un proyecto para una granja de aves y además estamos inmersos en otra iniciativa sobre agricultura vertical. Pero si algo he aprendido con esta de vacas es que nunca voy a hacer más planes de nada, porque no se cumplen. Así que sólo puedo decir que estamos en ello, pero no sé para cuando estará. En todo caso, la de pollos será una granja para producir sólo huevos, no pensamos producir carne. Y la haremos pensando en el bienestar animal, dándoles el espacio vital que necesitan, tal y como hemos hecho con esta. Es algo tan importante para nosotros que a veces olvido mencionarlo como prioridad número uno, porque lo doy por hecho.

A través de las visitas que ha recibido la granja, ¿qué más ha aprendido de la gente que viene a verla?

Quizás lo más importante es la lección de que en ocasiones no debemos dar por hecho que todo el mundo en la ciudad conoce o entiende cómo funciona una granja. Por ejemplo, cuando empezamos a vender la leche, esta era pasteurizada y nada más. Eso hacía que se formara una capa de nata en la parte superior y muchos pensaban que la leche estaba en mal estado, cuando no es así, ¡es perfecta para su consumo! Sencillamente no la hemos homogeneizado (el proceso adicional que siguen las que se venden en el supermercado). Así que tuvimos que hacerlo y dar un paso hacia atrás, asumiendo que el consumidor conoce menos de lo que creemos sobre el origen de lo que consume.

Vista exterior de la granja. Foto: Alicia Fernández Solla

Usted ha crecido en Friesland, una región rural del norte, ¿conocía usted este mundo mejor?

Sí claro, yo crecí rodeada de granjas de vacas y para mí esto es algo muy natural, muy básico de la vida. Llevo ya 26 años viviendo en la ciudad y en ella han crecido mis dos hijos, lo que me ha permitido darme cuenta de lo complicado que es acercar la naturaleza a la ciudad. Con nuestra granja, de alguna manera queremos, no solo contar cómo la leche viene de la vaca, sino también dejar que la gente experimente la cercanía a un animal, algo que a mí me produce mucho sosiego. Creo que nos ayuda a relativizar muchos aspectos de la vida y favorece la convivencia. Los viernes y sábados, cuando nos visitan, es muy agradable comprobar cómo les aportamos algo bueno.

¿Qué le ha aportado a usted este proyecto?

Para mí esto es mi manera de transmitir que, si bien hay muchas cosas que no van bien en nuestro planeta, hay mucha gente dispuesta a cambiarlas, y todos juntos tenemos la fuerza que hace falta para llevar a cabo esta revolución silenciosa. Tenemos muchas personas que nos apoyan, que nos envían emails muy cariñosos, pero también hay otros tantos, sobre todo veganos, que son muy críticos con nuestro proyecto. Creo que los que se muestran tan negativos sencillamente no hacen el esfuerzo por salirse de esa manera pesimista de pensar, que no quieren ver que, para los que consumen carne y lácteos, esta forma de producirla es mejor que la actual. Cuando uno tiene la energía y el positivismo necesario, atrae a otros que también lo tienen, y así va creciendo un proyecto. Ahora por ejemplo estamos pensando utilizar la parte sumergida de la granja para mejorar la biodiversidad del agua, y quizás cultivar mejillones. Es una iniciativa viva, la más arriesgada que hemos iniciado mi marido y yo, pero la que más satisfacción nos está reportando.

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