Mar Pérez Pujazón, trabajadora social

“En nuestro trabajo analizamos el entorno social de la persona que sufre un problema, nos enfocamos en todos los aspectos de su vida”

Tras veinte años ejerciendo en finanza y auditoria interna, en multinacionales y grandes empresas, Mar Pérez Pujazón decidió estudiar su vocación pendiente, trabajo social, que desde hace siete años ha convertido en su trabajo. Desde el gabinete Corunum, que ha fundado con otras cuatro especialistas en Madrid, Mar asiste a personas víctimas de acoso, abusos y violencia de género en el ámbito forense, mientras construye puentes entre el mundo de la empresa y de la asistencia social gracias a una novedosa manera de entender la Responsabilidad Social Corporativa. Lleva tres años en La Haya y desde Holanda trabaja con la misma dedicación para lo que ella denomina su “pequeño grano de arena” al mundo.

¿Cómo se convirtió en trabajadora social?

Llevaba muchos años trabajando en grandes empresas, en el sector financiero, cuando decidí estudiar de nuevo una carrera, la de Trabajo Social, porque sentía que era algo que tenía pendiente. Tras licenciarme y empezar a ejercer en el ámbito de la familiar, civil y penal, vi la oportunidad de enlazar mis dos mundos, el empresarial y el social, a través de la Responsabilidad Social Corporativa (RSC). Esto es algo que las empresas suelen decir que hacen porque está bien visto, pero no invierten lo necesario, y no se dan cuenta de las grandes ventajas que ofrece el contratar a los profesionales correspondientes a este ámbito, como es sin duda el Trabajador Social. Así que me embarqué en esto cuando estaba en España y al llegar a Holanda continué haciéndolo aquí, formando a grupos de jóvenes, en su mayoría inmigrantes, para que puedan trabajar en diferentes multinacionales del sector de servicios.

¿Cómo es el proceso?

El proceso trata de integrar en el mundo laboral a personas en riesgo de exclusión social, pudiendo darles la formación adecuada para que dicha integración se produzca. Para lograrlo es necesario que las empresas sean dirigidas correctamente y apoyadas, bajo la financiación y beneficios fiscales que diferentes organismos proporcionan.

Solemos contactar con oenegés y otros organismos para dar con el grupo de personas que podrían formarse, y a aquellos que vemos posible que trabajen en este sector, les ofrecemos una formación de entre tres y cuatro meses en la empresa, un proceso que financiamos a través de otra empresa que a su vez obtiene beneficios fiscales por favorecer la integración laboral. En Holanda el proceso se complica un poco más que en España porque legalizar su situación es más difícil y porque en ocasiones no hablan neerlandés. Nosotras les acompañamos en todo el recorrido, para que aprendan lo que es la logística, que es más que transportar cajas de un lado a otro, y ayudamos a que aprendan una tarea específica, que puede ser desde ejercer como mozo de almacén hasta gestionar incidencias. Ellos quedan muy satisfechos, porque sienten que se especializan en algo, y la empresa les conoce y está tranquila porque nosotras estamos detrás para asegurarnos de que siguen adelante con la formación.

No debemos olvidar que son personas que lo han tenido difícil, que por problemas familiares han dejado de estudiar y se ponen a trabajar, así que entre la empresa y nosotros vamos comprobando cómo va todo y en qué sección encajarían mejor. En Holanda lo hemos hecho con alguna ONG y a través de ellos hemos formado a un grupo de jóvenes para trabajar en una gran empresa de logística. Solemos obtener muy buenos resultados, tanto en Holanda como en España, sobre todo porque nosotras supervisamos todo, los jóvenes están tutorizados en todo momento y la empresa está comprometida. En Holanda además, tanto en igualdad como en RSC, las empresas están más concienciadas que en España.

¿Qué puede ofrecer su gabinete psicosocial a los hispanohablantes residentes en Holanda?

Como colegiada en España, mi trabajo lo ejerzo desde allí aunque viva en La Haya. Una vez al mes sigo yendo a Madrid para trabajar en las peritaciones judiciales que llevamos en casos de violencia de género, abuso de menores o bullying. Aquí, si bien no puedo realizar mi trabajo de manera oficial – no puedo emitir un dictamen que sirva de prueba para un juez holandés- sí puedo llevar a cabo un estudio de la situación y elaborar un informe en castellano que ayude al que lo solicita a iniciar mejor un proceso judicial. Por ejemplo, si una persona española vive en Holanda y ha sufrido un accidente que le incapacita para seguir trabajando, nosotras podemos, desde aquí, elaborar un informe de incapacidad laboral que ella pueda tramitar directamente en España. O si se trata de un accidente de tráfico, también desde aquí, podemos evaluar el daño moral que este accidente le va a suponer en un futuro, y de esta forma presentarlo en el juicio en España e intentar que se perciba una indemnización por ello. En otro ámbito, si una familia percibe que su hijo está siendo víctima de acoso escolar, nosotras podemos investigar lo que ocurre, hablando con las personas de su entorno y redactando un informe que les ayude a conocer la situación y a actuar de acuerdo a él. En caso de divorcio entre dos españoles, si este se ha producido en Holanda pero se casaron en España, nosotras podemos iniciar ya los trámites para solicitar la custodia compartida, sin necesidad de tener que ir allí para hacerlo. Y en un sistema como el español, que está saturado y la lista de espera para esto puede ser de hasta un año, poder iniciarlo desde aquí es una ventaja. Además, hemos realizado diferentes talleres de igualdad y sensibilización en distintas empresas.

En el apoyo psicosocial, ¿qué diferencia hay entre un psicólogo y un trabajador social?

Nuestro trabajo siempre se suele asociar al del cuidado o la asistencia de personas en situación de pobreza, casi como si de un voluntariado funcionarial se tratase. Pero es mucho más que eso. Y es que el trabajador social es el encargado de investigar el entorno de la víctima, así como el papel que juegan las distintas personas que le rodean: en definitiva, se centra en todas sus relaciones sociales y busca los recursos que ofrece la sociedad para solventar sus problemas, promoviendo los cambios que incrementen y fortalezcan su bienestar. El psicólogo está enfocado en el aspecto central del individuo. Nosotros, como la propia palabra indica, nos dedicamos al ámbito social. Los dos nos complementamos, y en nuestro gabinete casi todos nuestros informes van unidos, pero la labor es muy diferente. Con el porcentaje de acoso escolar que existe actualmente, si hubiera un trabajador social en cada colegio que pudiera detectarlo a tiempo, el número sería mucho menor. Y lo mismo para la empresa. Según un estudio que realizó un organismo sueco en distintas empresas en España, si estas contaran con un trabajador social en su departamento de Recursos Humanos al que los empleados pudieran acudir para solicitar ayudas o buscar apoyo psicosocial, las bajas o ausencias se reducirían notablemente.

¿Puede contarnos un ejemplo de un caso en el que usted, como trabajadora social, haya tenido un impacto determinante?

Sí, acabo de terminar un caso que tiene que ver con el daño moral, algo que hasta ahora los jueces no tenían tan en cuenta. Cuando hablamos de daño moral nos referimos a la calidad de vida que la víctima pierde tras un hecho, por ejemplo, a cómo debe afrontar su día a día y en qué medida le afecta estar en una silla de ruedas tras haber sufrido un accidente. En nuestro gabinete acabamos de cerrar un caso de una mujer inmigrante que dio a luz a su segunda hija en España y que por complicaciones con la anestesia, se quedó en coma. El médico forense ha evaluado la situación, la paciente ha despertado del coma y aunque está consciente, no come, ni habla, ni puede moverse. Nosotras hemos sido las encargadas de peritar los daños morales de lo que ha sucedido, algo que hasta ahora el juez no podía valorar por no tener los datos, y ahí quedaba, pendiente de indemnización. En nuestro informe especificamos diferentes puntos como la pérdida de calidad de vida de toda la familia, de ella por supuesto, pero también del recién nacido y de su hermana que se han quedado sin su madre, así como del cónyuge que ha tenido que dejar de trabajar para ocuparse de una mujer dependiente y de dos menores a su cargo. Casos como este, relacionados con los efectos adversos de ciertos medicamentos, solemos tratarlos con frecuencia.

Usted cambió el mundo de las finanzas por un trabajo tan intenso y duro como este, ¿cómo vive su día a día?

Como decía al comienzo de la entrevista, mi motivación principal es la de poder ayudar y aportar mi grano de arena. En este caso que comentaba, a pesar de la dureza de ver a la madre postrada en la cama y de conocer a las niñas, me quedo con poder hacer todo lo que está en mi mano para que el daño moral les repercuta lo menos posible a lo largo del resto de su vida. Porque el daño físico ya está hecho y no se puede cambiar, así que solo queda esperar que esto, al menos, sí se pueda.

Mar Pérez Pujazón ejerce como trabajadora social tanto en Madrid como en La Haya.
Cuenta con un gabinete para asistencia exclusivamente forense en Madrid, junto a su socia Patricia Vaca, también trabajadora social. Para consultas sobre asistencia individual sin intervención en un proceso judicial, los interesados pueden contactarla llamando al +34 605 799 296 o por email a
mar@gabinetecorunum.es. Más información en su página web www.gabinetecorunum.es

Este espacio publicitario ha sido patrocinado por el entrevistado y elaborado en exclusiva por Gaceta Holandesa

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