HOLANDA INTERIOR

Cómo convivir con la incertidumbre: cultivando el no saber

El cambio es la única constante”, dijo Jon Kabat-Zinn en una de las últimas meditaciones que, diariamente, está guiando vía Zoom ante más de dos mil personas desde que comenzó el confinamiento. Y aunque esa frase es y ha sido cierta siempre, en estos tiempos parece que lo es más que nunca. Somos personas migrantes que se interesan y leen las noticias tanto de nuestro país de origen como las del país en que vivimos. Desafortunadamente las medidas que se toman durante esta crisis difieren, a veces de forma abismal, entre países. No sabemos en quién confiar, qué estudio creer, a quién escuchar, mientras que nuestro cerebro lo que nos pide es precisamente información y seguridad. Pero esto no es raro. Así funciona nuestro cerebro y así hemos conseguido sobrevivir como especie: a base de certidumbres, cuando las ha habido. El fuego quema, es peligroso cruzar la autopista, un león hambriento frente a ti significa peligro. Esas son certezas. Por eso, cuando ese aspecto está ausente comenzamos a sentir malestar, inseguridad. No en vano, como expresa Judson Brewer, neuropsicólogo de la universidad de Brown, el miedo unido a la incertidumbre da como resultado ansiedad. Sin embargo, el cambio y por consiguiente la incertidumbre, siempre ha estado presente en nuestras vidas. ¿Cómo podemos convivir con la incertidumbre si nunca nos han enseñado que era posible?

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