Holanda sobre Plano Ordenamiento Territorial

Grandes superficies en Holanda o cómo meter cuatro elefantes en un seiscientos

Muy sencillo, dos adelante y dos detrás, responde el viejo chiste. La broma nos viene a la cabeza cada vez que se contrasta la pequeña superficie de los Países Bajos y sus grandes logros y proezas, como la de haberle ganado tierra al mar, que no es poca cosa.

Cuando en este juego de palabras metemos metros cuadrados y números concretos el chiste parece hacerse realidad. No es de extrañar que entonces la densidad habitacional en Holanda sea de las más altas de Europa con unos 411 habitantes por km2, en un territorio con un total de 41.543 km². Si a esto le agregamos que un 18% del país es agua, pareciera que no queda mucho por hacer. “Vol is vol” (si está lleno, está lleno) decía un político de derechas contra la inmigración hace no mucho tiempo atrás, y no lo decía por nada. Esta idea está impregnada en muchos holandeses: el país está lleno, completo, terminado, no hay más lugar para nada.

Los que vivimos en Holanda lo percibimos día a día. El espacio de las viviendas es mínimo, y el de las habitaciones dentro de ellas más aún. Reducido es el espacio para aparcar el coche en las estrechas calles de las viejas ciudades de origen medieval, y transitar por ellas entre peatones, bicicletas, carritos y otros artefactos es una tarea intrincada. ¡Hasta poder encontrar algún hueco donde dejar la bicicleta cuesta trabajo!

Pero hablemos de cuatro elefantes, los de Holanda, porque a pesar de la pequeñez de casi todo en este país hay cosas que son enormes, y que parecieran no corresponderse con esta realidad en miniatura que vivimos día a día los habitantes de este país.

Primer elefante: el cultivo en invernaderos

Holanda suma una superficie de invernaderos igual a la de diez mil campos de fútbol. Este elefante genera unos 150.000 puestos de trabajo y es uno de los motores de la economía holandesa ya que un 80% de lo que produce se exporta. Los invernaderos llegaron a Holanda en el siglo XIX. En 1850 ya se cultivaban uvas bajo un techo de cristal, pero fue en 1940 cuando comenzaron a construirse grandes complejos de invernaderos, especialmente en la zona de Westland, en Zuid Holland, que todavía hoy es una zona importante de cultivo cubierto de verduras como pimientos, pepinos y tomates. Otra zona que se desarrolló al mismo tiempo es la de Aalsmeer, donde se producen principalmente flores y plantas decorativas. Venlo y Drenthe son otras dos grandes áreas de invernaderos.

Claro que no todas son buenas noticias. Una de las consecuencias de este tipo de negocio es que para ser rentable ha exigido un crecimiento de escala y una concentración en cada vez menos empresas, que exige además automatización y alto consumo de energía. La utilización de pesticidas y fertilizantes es otro de los problemas a los que se enfrentan las zonas con mayor concentración de invernaderos. Y aunque mediante avances tecnológicos o sencillas soluciones, como la de poner tejidos especiales para que no pasen los insectos, se haya reducido el impacto en el medio ambiente, el Gobierno sigue constatando grandes concentraciones de sustancias químicas en el agua residual. Además dentro de los invernaderos se libra otra batalla para aumentar la productividad en el espacio disponible.

Segundo elefante: los centros de distribución

Están allí, enormes cajas metálicas plantadas en medio del verde, nos acompañan cuando viajamos por las rutas holandesas. En el último año aumentaron alcanzando un récord de dos millones de nuevos metros cuadrados y se espera que en los próximos años sigan extendiéndose sobre las principales autovías del país. Se trata de los centros de distribución que pertenecen principalmente a empresas internacionales que se instalan en Holanda para abastecer a toda Europa.

En una década el sector ha crecido un 40% alcanzando los 30 millones de metros cuadrados. La mayor parte se encuentra en el norte de Brabant, pero también en Limburg comienzan a adquirir prominencia.

Las calles comerciales de París a Londres son provistas desde estos enormes depósitos del sur de Holanda. La ubicación geográfica, la buena infraestructura vial por tierra y agua, y las políticas, tanto impositivas como laborales, favorables a la instalación de estos gigantes están detrás del rápido desarrollo en el país. Pero el crecimiento también encuentra sus límites y ya escasea la mano de obra. El año pasado había más de 50.000 vacantes de trabajo y actualmente se busca mano de obra fuera de Holanda para poder cubrirlas. En este segundo elefante, el suelo tampoco abunda. Y aunque el sur de Holanda es la zona preferida parece que la frontera se va corriendo poco a poco hacia el norte. Así es como Zara acaba de instalar en Lelystad un centro de distribución de 170.000 metros cuadrados sobre un terreno de 35 hectáreas: “porque allí todavía hay personal y suelo disponible” declaraba un directivo a la cadena NOS en una entrevista.

Tercer elefante: la industria avícola y ganadera

Una investigación realizada en el 2015 por la Universidad de Wageningen hizo visible el enorme crecimiento de los llamados “mega establos o granjas”. El sector pasó, en solo diez años, de 300 empresas a más de 850. Un tercio de ellos se ubican en el norte de Brabant. Estos megaedificios alojan a unos 106 millones de pollos, 12 millones de cerdos y 4,3 millones de vacas.

La enorme producción de estiércol es uno de los problemas a los que estas empresas se enfrentan. Hace unas semanas Holanda recibía una extensión del permiso de la Unión Europea para sobrepasar el límite en la cantidad de estiércol que se puede dispersar sobre el campo, a condición de que la calidad del agua no se vea perjudicada

En el norte del país, en Meedhuizen, viven más pollos que personas. En este pueblo de 400 habitantes se acaban de instalar cuatro modernas naves que dan techo a unos 100.000 pollos. La empresa es de las mayores contaminantes del campo holandés. Una investigación de 2015 llegó a la conclusión de que las 49 empresas ganaderas en Holanda generaban tanto amoniaco que, al igual que las industrias tradicionales, debían reportar la contaminación que producen a la Comisión Europea.

La contaminación del aire y el suelo junto a la presión constante sobre el maltrato animal por su producción a gran escala de estas grandes infraestructuras es parte del debate habitual en un país que cada vez apuesta más por las soluciones ecológicas y sostenibles.

Granja de pollos en Brabant. Foto: Hollandse Hoogte
Granja de pollos en Brabant. Foto: Hollandse Hoogte

Cuarto elefante: el asfalto

Y el cuarto elefante sería un gran paquidermo si lo moldeáramos con la cantidad de asfalto que cubre la superficie del pequeño territorio holandés. Porque para conectar a los anteriores tres elefantes con el mundo y la densa e inquieta población local hacen falta carreteras, y muchas. Para desilusión de los propulsores del mito de la Holanda en bicicleta, lamentamos decir que Holanda se encuentra entre los países con mayor densidad de carreteras del mundo y es el número uno de la Unión Europea con unos 144 kilómetros de carreteras por millón de habitantes. Miles de kilómetros bien mantenidos y perfectamente señalizados que recorren todo un país donde los dos puntos más distantes se encuentran a 350 kilómetros el uno del otro.

La densidad de población y la gran movilidad de los habitantes hacen que, a pesar de la gran cantidad de asfalto, se produzcan diariamente cientos de kilómetros de atascos a lo largo y ancho del país, especialmente en las horas pico.

Siglos poniendo las cosas en su sitio

La clave de cómo Holanda resuelve la broma del comienzo de este artículo es un ordenamiento territorial con una historia secular que es envidia y ejemplo en todo el mundo. Es con experiencia y profesionalismo que en este país queda demostrada la importancia y la necesidad cada vez más imperiosa en el mundo de ordenar el territorio. Hay y habrá siempre problemas, ya que nada es tan complejo como lidiar con el espacio y todo lo que este contiene, los contratiempos, y también intereses contrapuestos de todos los actores. Pero la experiencia se sigue ampliando y finalmente da sus frutos para poder aprovechar al máximo las bondades del suelo que habitamos, sin poner en peligro su propia sostenibilidad ni la del ser humano que lo habita.

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