Holanda sobre Plano Urbanismo

Costumbres urbanas en Holanda

Mas allá de los antiguos centros históricos, las ciudades holandesas presentan una gran homogeneidad arquitectónica y urbanística en sus barrios. Ya sean de 1920, de los años cincuenta, sesenta, setenta o del siglo XXI las largas hileras de viviendas iguales son una constante por todo el país y apenas se distinguen en contadas ocasiones. Esto se debe a que las llamadas “rijtjeshuizen” o “casas en hileras” han sido la tipología mas popular en Holanda durante los últimos cien años. Tanto es así que más del 40 por ciento de las viviendas existentes en el país son de este tipo.

En este parejo paisaje urbano donde además se ve poca gente por las calles, ya sea por el mal clima o porque generalmente no hay comercios ni servicios cerca de las viviendas, es tradición holandesa contarle al barrio lo que pasa en la casa. Nos llama la atención la expresividad de los habitantes cuando se trata de algunas fechas clave familiares: en ocasiones utilizan jardines delanteros, ventanas o artefactos como mástiles para banderas; en otras otras se apropian sin complejos del espacio público, hasta el punto de obstruir completamente el paso en una acera, o incluso la misma calle. Al barrio se le cuenta todo tipo de acontecimientos, desde el nacimiento de un bebé, la finalización de la escuela secundaria del hijo o los 50 cumpleaños. Al menos estos tres eventos, se exponen públicamente a los vecinos y a los paseantes.

Una cigüeña empotrada

Un nacimiento se anuncia con banderines, con un peluche de una cigüeña empotrada o con algún cartel que además anuncia el sexo del nuevo habitante en los manidos rosa o celeste o con un texto como “¡Es una niña!”. Al finalizar el último año del ciclo escolar y tras haberlo aprobado exitosamente, la familia pondrá la bandera holandesa a flamear en la fachada de la casa, y de la punta del mástil colgará la mochila del futuro universitario. La tradición parece que ya era conocida en los sesenta, aunque solo se trataba de sacar la bandera, lo que ocasionó discusiones de sobre si era realmente un tema importante como para utilizar este símbolo nacional. En los setenta aparecieron las mochilas colgadas y luego otras decoraciones expresando la alegría del momento. La tercera ocasión es quizás la más divertida que hace referencia al 50 cumpleaños de uno de los vecinos. Hoy se han puesto de moda los muñecos inflables en la puerta de la casa que representan o a Abraham, si quien cumple años es un varón, o a Sarah, si se trata de una mujer. La tradición, según pudimos rastrear, viene de lejos, y guarda relación con un pasaje bíblico. Lo que se conmemora es el “haber visto a Abraham” o “haber visto a Sarah”, una expresión basada en el pasaje de la Biblia, Juan 8: 56-58:

​Jesús está involucrado en una discusión en el templo.

56 Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.
57 Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?
58 Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.

Sus oyentes se sorprenden de que Jesús sepa sobre Abraham, quien murió mucho antes del nacimiento de Jesús.​

Mas allá de esta relación bíblica, parece ser que un 30 de Abril de 1959 un panadero le regaló una Sarah de pan de grandes dimensiones a la reina Juliana en el día de su 50 aniversario y fue ahí que tradición, ya entonces conocida, cobró rango popular.

Estas tradiciones populares descontracturan la sobriedad urbana holandesa, como también lo hacen el uso que dan los vecinos a la calle, apropiándose del espacio público delante de las casas como si fuera propio con plantas, mesas y sillas, decoraciones navideñas e incluso piscinas hinchables en verano. La tradicional relación de las viviendas con la calle se mantuvo en Holanda como en muy otros pocos países durante todo el siglo XX, cuando en casi todo el mundo las ciudades crecieron en altura. Todavía hoy sigue esta forma de vida sigue estando presente en la construcción de las urbes del nuevo siglo, a pesar de la falta de espacio y de la necesidad, cada vez más imperiosa, de nuevas viviendas.

 

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