Del gris al naranja

Holanda es un país curioso que combina prodigiosas obras de ingeniería civil con casas que parecen de muñecas y paisajes bucólicos que se resisten a desaparecer pese a la presión humana.

En mi primera visita me mostró su cara más gélida. Llegué en autobús con un grupo de compañeros de la universidad dispuestos a descubrir las maravillas del norte de Europa. En esa época pre internet en la que los móviles todavía eran cuestión de ciencia ficción, la climatología era mucho menos predecible y, francamente, tampoco era algo que nos preocupara demasiado, acostumbrados a las bondades del clima mediterráneo. Quizás por eso, el temporal con el que nos recibió la Venecia del norte, no sólo nos tomó por sorpresa, sino que también tuvo un impacto perdurable en nuestras memorias. Durante los cuatros días que pasamos en Amsterdam, un frío intenso se coló por cada fibra de nuestros abrigos made in Spain, la lluvia, en sus mil modalidades, nos atacó sin piedad, y un viento huracanado nos zarandeó a su antojo mientras recorríamos la ciudad de museo en museo o buscábamos refugio en los bares del Rembrandt Plein.

A pesar de las inclemencias meteorológicas, un par de imágenes más amables me llamaron la atención: el

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Patricia Narváez es asesora jurídica, escritora y colaboradora de Gaceta Holandesa

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