Granjeros y supermercados holandeses montan el pollo

El 80 por ciento de los holandeses come carne cinco veces por semana. Pero en el país de las barbacoas, los grupos de presión para la protección de los animales acumulan logros que resultan impensables en otros países europeos. Desde principios de este año, tres supermercados líderes han dejado de vender la carne de pollo de crecimiento rápido, el llamado pollo “plof”, como resultado de la campaña de la ONG Wakker Dier. Mientras los consumidores se suman a esta tendencia, los granjeros deben adaptarse al nuevo estándar a marchas forzadas, ampliando sus explotaciones avícolas en un país donde el espacio disponible es el bien más preciado.  ​

En la sección de carne de pollo de un supermercado en Holanda, las pechugas se bautizan de tantas maneras que resulta imposible elegir sin pensar. Desde el más barato, hasta el ecológico, tres veces más caro, se suceden seis variedades diferentes según el tipo de vida que disfrutó el pollo antes de ser sacrificado. El primero de ellos es el plofkip o pollo “plof”, la variedad más vendida en el mundo y cuyo crecimiento rápido hace que engorde de 50 gramos a dos kilos en seis semanas. El siguiente lugar lo ocupan los pollos con estrella, cuyo certificado Beter Leven asegura que viven en espacios menos concentrados, pueden salir al exterior y son de una raza de crecimiento más lento. Según la calidad de estos tres criterios, el paquete de carne muestra una, dos o tres estrellas, con la diferencia de precio correspondiente. Por último, se encuentra el pollo ecológico, la variedad más cara, que además de garantizar el bienestar del animal certifica que la explotación avícola es sostenible y respeta el medio ambiente. Desde el comienzo de 2016, a estas cinco variedades se suma una más, el llamado “pollo del mañana”, una iniciativa del sector para ofrecer carne de pollo a bajo precio pero asegurando el bienestar del animal. “La protección animal es un asunto crucial en la producción y la venta de carne en Holanda. Los grupos activistas, al contrario que en Alemania o en España, tienen un poder enorme para influir en los consumidores. No van al Gobierno a exigir medidas sino que prefieren ir a los supermercados y hacer ruido para que la gente se conciencie” argumenta Peter van Horne, economista avícola de la universidad de Wageningen.

Foto: Fernández Solla Fotografie
Foto: Fernández Solla Fotografie

¿Quién es quién?

Izquierda: Pollo estándar o plofkip
Centro: Pollo con una estrella Beter Leven
Derecha: Pollo ecológico
El primero de ellos procede de una raza diferente de los otros dos. No existe evidencia científica de que su textura, sabor y propiedades varíe. Sí está demostrado que una mejor calidad de vida favorece un menor uso de antibióticos.

La campaña del pollo “plof”

Una de las organizaciones con más peso en la lucha por la protección animal es Wakker Dier, quien en 2013 comenzó una campaña para acabar con el consumo de lo que ellos bautizaron como pollo “plof”, en alusión a su engorde “explosivo”. En tan sólo tres años han logrado que tres supermercados líderes, Albert Heijn, Jumbo y Lidl, lo retiren de sus estanterías y lo sustituyan por el nuevo “pollo del mañana” (Kip Van Morgen), algo a lo que se sumarán el resto de supermercados en 2017. La diferencia entre ambos sólo tiene que ver con el bienestar del animal: esta variedad no puede engordar más de 50 gramos al día; conviven una media de 17 pollos por metro cuadrado y deben recibir luz del día, aunque no es obligatorio que salgan al exterior. Además, la raza crece más lentamente por lo que suelen necesitar menos antibióticos y su cuidado es más agradable para el granjero. “Cada supermercado podía poner sus reglas y acordar lo que quisiera con sus proveedores y se hizo de tal forma que los granjeros no perdieran dinero, que se adaptaran a las exigencias de cambiar de raza y de tener menos aves a cambio de subir el precio del kilo de carne, algo que repercute en el consumidor. De cara al año que viene cuando toda la producción deba cambiar, esperamos que estos acuerdos se mantengan” afirma Hennie de Haan, presidenta del sindicato holandés de productores avícolas (NVP).

Si bien no existe evidencia científica de que el sabor de los distintos tipos de carne pollo sea mejor o peor en función de su vida anterior, según Linda Bakker, portavoz de la organización Dierenbescherming, “cuando alguien compra una pechuga más cara asume que está comprando un producto que sabe mejor, aunque en realidad el sabor no tiene por qué variar. Lo que sí sabemos es que los pollos de producción intensiva contienen más agua que aquellos con certificado de Beter Leven”. Si las previsiones se cumplen y a partir de 2017 Holanda deja de vender la carne estándar de pollo, será el primer país del mundo que logre garantizar el bienestar animal en todas las variedades de este tipo de carne, algo que para Peter van Horne, “es perfectamente posible porque los supermercados reaccionan a la competencia y si Albert Heijn y Jumbo ya lo han hecho, el resto les seguirá. De eso no hay duda”. En la actualidad, la mitad del consumo de pollo en Holanda procede de granjas con certificado de protección animal, lo que le convierte en líder mundial. Únicamente Alemania e Inglaterra cuentan con un certificado equivalente al de Beter Leven, a medio camino entre el ecológico y el estándar, pero ninguno dispone de la alternativa más económica o “pollo del mañana”.

Mientras el país presume de un merecido liderazgo en este sentido, surge un nuevo problema de sostenibilidad, algo que sólo sufren los granjeros y para lo que no hay solución aparente: ¿Cómo se le puede dar más espacio y más calidad de vida a los animales sin quitársela a las personas?

A la izquierda, actual campaña de Wakker Dier contra la carne de pollo de McDonald’s.

A la derecha, vídeo de un granjero productor de carne con una estrella Beter Leven, de la organización Dierenbescherming.

 

El valor del metro cuadrado

En Holanda, más de 200.000 personas viven a menos de un kilómetro de 15 o más granjas. Exceptuando las regiones del Randstad, la superficie del resto del país sigue estando dominada por la producción agrícola, avícola y ganadera. Según datos del Centro Nacional de Estadística (CBS), en Holanda viven 48 millones de pollos destinados a la producción de carne, una cifra que va en aumento a pesar de que el número de explotaciones avícolas se ha reducido a la mitad desde el año 2000. Si bien dos tercios de esta producción se exportan a los países vecinos, para el consumo interno, los granjeros tienen que adaptarse a las nuevas medidas de protección animal sin recibir subsidio alguno. “El granjero recibe presión por todas partes: por un lado la sociedad holandesa y los supermercados le piden proteger a los animales; por otro lado, desde Bruselas y también nuestro gobierno, como anunció hace unos días, les exige que implementen medidas sostenibles para el medio ambiente. Son dos demandas que chocan entre sí y el sector se encuentra con el dilema de tener que elegir” explica Peter van Horne.

Cuando el año que viene “los pollos del mañana” se conviertan en la norma, las granjas deberán ampliar en cerca de un 20 por ciento su superficie. “Y entonces habremos logrado algo único en el mundo desde el punto de vista de la carne que consumimos, pero estaremos perjudicando al medio ambiente mucho más que antes” detalla De Haan, quien advierte que “estos pollos que viven más y necesitan más espacio, consumen más energía, generan más polvo alrededor y necesitan más alimento”. Según un estudio que ha realizado la universidad de Wageningen en 36 granjas donde se crían aves de corral, el número de casos de pulmonía de habitantes cercanos a éstas es mayor que en el resto de la región, debido al polvo que los animales generan cuando salen al exterior. Un polvo que contiene partículas de estiércol, pienso y plumaje perjudiciales para la salud. “Si protegemos el bienestar de las aves, perjudicamos la salud de los granjeros. Tenemos que buscar una solución integral al problema para que no pase esto” defiende De Haan. Mientras el debate se mantiene abierto, tanto los activistas como el sindicato de productores avícolas coinciden en la misma conclusión que ofrece Van Horne: “En un futuro muy próximo está claro que no se podrá producir tanta carne como ahora porque entonces tendremos un serio problema de espacio. Por el bien de los granjeros, de los animales y de los consumidores, no queda otra que comer menos carne de pollo. Así de fácil”.

Seis vidas tiene un pollo

¿En qué se diferencian los seis tipos de carne de pollo a la venta en Holanda? Esta es la vida del pollo en cada caso:

Plofkip o pollo estándar

Entre 18 y 20 pollos por metro cuadrado

Engorde de 85 gramos al día

Entre 5 y seis semanas

No salen al exterior no reciben luz de día

Pollo del mañana (De Nieuwe Albert Heijn kip)

Entre 16 y 17 pollos por metro cuadrado

Engorde máximo de 50 gramos al día

Seis semanas aproximadamente

No salen al exterior pero reciben luz de día

 

Pollos con estrella Beter Leven

1 estrella

2 estrellas

3 estrellas

Pollo ecológico

Máximo 10 pollos por metro cuadrado

Engorde entre 30-40 gramos al día

Entre 11 y 12 semanas

Luz de día y salida al exterior

Además, deben cumplir la normativa de respeto al medio ambiente

 

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