Holanda sobre Plano Urbanismo

Los millenials, protagonistas del nuevo auge urbano

Las ciudades viven un nuevo auge después de décadas de suburbanización: la llamada “Generación Y” o “Millennials” ya no desea vivir en una casa con jardín en las afueras, sino que elije el centro mismo de la urbe. Nuevos espacios que reflejan esta revitalización de la ciudad conviven hoy, no sin conflictos, con fenómenos como el turismo masivo, la gentrificación y la flexibilización del trabajo. Todo esto sucede dentro de un contexto que no es nuevo pero parece haberse acelerado tras la crisis económica del 2008: el desmantelamiento del Estado de Bienestar y el haberse librado las ciudades (y la vida misma) a la “mano invisible del mercado”.

El acceso a la vivienda se ha vuelto un dolor de cabeza tanto para los habitantes como para los ayuntamientos que ven marcharse de la ciudad a las familias cuando éstas comienzan a tener estabilidad económica. Una de las razones es que el precio del metro cuadrado de la vivienda se ha disparado y los alquileres, trastocados por la modalidad de poder ofrecerlo por día y por internet a los insaciables turistas, se han vuelto imposibles para quienes necesitan un techo en la ciudad.

Habitantes solos

En el nuevo distrito Overhoeks en Amsterdam Norte se está construyendo una torre de viviendas que albergará 48 unidades “Friends concept”. Son apartamentos para ser compartidos por dos personas que no son ni pareja, ni familia. Cuentan con dos habitaciones iguales en tamaño, y luego salón, baño y cocina común. El concepto de compartir vivienda no es nuevo en Ámsterdam, pero casi siempre estuvo ligado a la precariedad y a la dificultad para conseguirla. Hoy se reedita de la mano del mercado y hay empresas que han visto en esto un gran negocio para los próximos años.

Otro tipo de desarrollo, que hoy se reproduce como un hongo en las grandes ciudades, son los complejos de micro viviendas o viviendas estudio de alquiler. Se trata de unidades de unos 30m2 que se ofrecen desde unos 600 euros al mes más los costos de escalera y paquetes de servicios (internet, Tv, etc.) los cuales pueden contratarse de forma opcional. También en el mismo edificio hay espacios para trabajar, reunirse, hacer gimnasia, etc. North Orleans, Change=, Little Manhattan, Villa Mokum, De Lofts son algunas de las empresas que los ofrecen, y ya hay largas listas de espera para conseguir una de ellas.

Estas particulares propuestas apuntan a un solo tipo de habitante que nos da la pauta de una tendencia que se verifica en las grandes ciudades: la mayoría de ellos viven solos. (60% en Groninga, 55% en Amsterdam y 50% en Róterdam). Y mientras que otras zonas del país y ciudades mas pequeñas se van despoblando y su población envejeciendo, en el Randstad, que contiene a las ciudades mas importantes de Holanda, no deja de crecer la necesidad de vivienda mientras su precio se eleva lejos del alcance de la mayoría. Algunos ya hablan de la suburbanización de la pobreza.

Una cafetería de oficina

Estos habitantes son en su mayoría jóvenes y trabajan de manera independiente como “freelancers”, o trabajadores sin contrato fijo. Esta forma de trabajo es una tendencia que ha venido creciendo especialmente después de la crisis económica. Aproximadamente un cuarto de la población ocupada trabaja bajo esta modalidad en Holanda. La tecnología, por su parte, permite que el lugar de trabajo sea móvil: un portátil y un smartphone son suficientes. Así han surgido y se reproducen hoy por las ciudades los “Sitios flexibles de trabajo” (Flexwerkplekken) y las oficinas compartidas o “Co-Working”. Estos lugares se apropian de una zona de un café, el lobby de un hotel, una planta de un museo o de un edificio completo. Mientras tengan WiFi y un enchufe disponible, allí entra y sale gente todo el día para trabajar, reunirse, socializarse o hacer deporte.

Empresas como WeWork o Spaces que ofrecen estos espacios de trabajo flexibles están instaladas en todo el mundo, como también hay otras alternativas regionales (HNK) y locales que apuestan por propuestas híbridas combinando vivienda, trabajo y también diversión, deporte, ocio y relax. Entre estas últimas podemos nombrar a Zoku en Ámsterdam: se trata de un hotel que ofrece la posibilidad de alquilar mini “lofts” como vivienda fija o también espacios de trabajo flexible. El Volkshotel, con una propuesta similar, incluye todo tipo de funciones dentro del viejo edificio de oficinas de un periódico rehabilitado. Sus propietarios lo definen como una micro sociedad de 24 horas al día. Con cultura, comida, fiestas y tragos, el hotel no está dirigido solo al turismo sino también a los ciudadanos a los que ofrece además espacios de trabajo flexibles.

Islas de elitismo

No faltan tampoco los nuevos espacios de ocio y consumo que hagan honor a esta ciudad flexibilizada y temporal. Son los que ocupan espacios olvidados, como viejas zonas industriales o portuarias, destinados a próximas renovaciones urbanas. Es una estrategia conocida. Los habitantes y los artistas se apropian del lugar con bajo presupuesto y alguna ayuda del ayuntamiento, y después de algunos años, cuando la zona adquiere nombre y popularidad, los usuarios deben luchar para que se mantenga y no sea reemplazado por un nuevo proyecto especulativo. Son islas de elitismo en una ciudad convulsa y acelerada.

En muchos de estos nuevos espacios se combinan armoniosamente diseño avanzados con materiales reutilizados que no esconden su procedencia y su desgaste, como si se tratase de un collage surgido por la mera necesidad. Sin embargo son sitios bien pensados y prediseñados: cada color, cartel o mobiliario ha sido elegido a plena conciencia, y los espacios se han diseñado atentos a la dura normativa de los Países Bajos.

Por todo esto, nos da la sensación de estar viviendo hoy en una especie de escenografía de teatro que se desmonta cada vez que termina la obra. Pero la ciudad sólida sigue ahí, y no deja de avanzar mientras los problemas no dejan de acumularse: gentrificación, reducción de viviendas sociales, privatización del espacio público, subida descontrolada del valor de alquileres, precariedad del trabajo y cada vez menos posibilidad de acceder a una vivienda. Y ni que hablar de las migraciones humanas desde afuera e internas dentro del país, sumado esto a los refugiados que llegan a la ciudad como desde hace siglos buscando una vida mas digna.

Estos son los nuevos espacios que hoy se ven en las ciudades holandesas, estéticamente seductores y hasta divertidos. Resuelven sin dudas necesidades reales, pero no dejan de contener, en el trasfondo, las contradicciones que hoy afrontan nuestras ciudades de cara hacia el futuro. No podemos dejar de preguntarnos ¿se trata de un proyecto con futuro, o es solo un tinglado de fugacidad precarizada?

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