Tiempo de festivales

La reina de la salsa, Celia Cruz, solía cantar que “La vida es un carnaval” mientras meneaba sus portentosas caderas al son del ritmo cubano y hacía bailar a millones de personas a ambos lados del Atlántico. Sospecho que si doña Celia hubiera vivido en Holanda, en lugar de Cuba o Miami, el título del que fuera uno de sus mayores éxitos, podría haber sido “La vida es un gran festival”. Según un estudio de la agencia de investigación Respons, en 2016 se celebraron más de 900 festivales en Holanda, de los cuales 639 eran de música y congregaron a 16,9 millones de asistentes. Esta cifras, sorprendentes para un país tan pequeño como éste, evidencian la magnitud de un fenómeno que, a juzgar por la oferta actual, sigue al alza.

Tan populares son los festivales, que el holandés ha acuñado sus propios términos tanto para los asistentes, “festivalgangers”, como para el fenómeno de expansión de los mismos, “festivalisering”. Pero no todo son noticias felices en Festival land y ya hay voces que cuestionan si no habría que limitar el número de eventos de este tipo. Un debate que se centra sobre todo en la creciente utilización los parques y núcleos urbanos como sedes de estos espectáculos. Algo que aparte de causar contaminación acústica, limita significativamente el uso del espacio

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Patricia Narváez es asesora jurídica, escritora y colaboradora de Gaceta Holandesa

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