Rebelión en las aulas: se resiente la enseñanza en Holanda

El próximo 5 de octubre, cientos de colegios en los Países Bajos cerrarán sus puertas en protesta por la situación laboral de los profesores de primaria. Es la huelga convocada por los principales sindicatos del sector a la que se sumarán, según confirma el Consejo Nacional de Educación Primaria (PO Raad), la mayor parte de los centros escolares, que piden más inversión en educación. A pesar de seguir encabezando listas como la del informe PISA sobre la calidad de su sistema educativo, el panorama en las aulas es bien distinto: profesores estresados, clases con más niños que hace unos años y una diversidad cultural que no deja de crecer y que plantea retos demasiado ambiciosos para un profesorado que dice estar al límite.

​Con un salario mensual de 3.000 euros brutos, el profesor de primaria en Holanda ingresa casi el doble del sueldo mínimo interprofesional. Pero según un informe publicado por la Plataforma de Trabajadores de Educación Primaria, en comparación con lo que perciben los profesionales de la misma categoría en otros sectores, los maestros cobran un 12 por ciento menos, es decir, unos cuatro euros menos por hora, una diferencia que aumenta a partir de los 35 años de edad. “Con esta huelga pedimos, sobre todo, que nuestro salario se equipare al de los profesores de secundaria, que además de cobrar más, no hacen tantas horas extras como nosotros” argumenta Selma Gallaher, maestra del primer grado de primaria de un colegio de pedagogía Montessori en la localidad de Leiderdorp. Para Selma, el principal problema es la falta de profesores: salarios menos atractivos desaniman a muchos jóvenes que se decantan por especialidades más seguras, mientras el personal docente envejece y trabaja más horas que nunca. “Trabajamos casi el doble de lo que nos pagan, es una locura, antes no era así. Desde que empecé en 1998, cada año ha ido aumentando: esto que lo hagan los profesores, y esto, y esto… y al final no tenemos tiempo para preparar nuestras clases. Queremos hacerlo bien pero cuántas más tareas nos caen encima, menos tiempo tenemos para dedicarnos a enseñar bien” protesta Selma. Según detalla el Consejo Nacional de Educación Primaria (PO Raad), un cuarto del profesorado tiene más de 55 años. A esto se añade la bajada, cada año, del número de profesores jóvenes que empiezan, por lo que se estima que en tres años el país sufra una escasez de 4.000 maestros para cubrir las necesidades de sus más de 6.300 escuelas de primaria.

Reportaje sobre el éxito de la educación primaria en Holanda, emitido por Euronews en 2016.

Diversidad, el término estrella

En su página web del ministerio de Educación, el Gobierno holandés deja bien claro que todo el que lo desee puede fundar un colegio. Debe cumplir los dos criterios básicos de poder ofrecer educación de calidad dentro de las exigencias del currículum nacional y contar con el apoyo suficiente de un determinado número de interesados. A partir de ahí, casi todo es posible. En consecuencia, el país cuenta con 6.347 colegios de primaria de pedagogías e ideologías muy diferentes, todos ellos subvencionados por el Gobierno. Mientras un tercio son de denominación “pública”, seis de cada diez son confesionales, siendo los católicos y los protestantes los más numerosos; y el resto ofrecen un método pedagógico específico, desde tradicionales como Montessori o Waldorf hasta otras más novedosas como Natuurlijk Leren, aprendiendo a través de las experiencias empíricas de cada uno. Para este grupo de “escuelas especiales generalistas”, que apenas representan un 8 por ciento del total, a la escasez general de profesorado se suma la condición de contratar a personal formado en este tipo de método pedagógico. Además de la gran diversidad en las formas de enseñanza, ésta también se ha colado en las aulas, donde el aumento de los alumnos de más de una nacionalidad provoca, en muchos casos, que el aprendizaje de la lengua y la cultura neerlandesa empiece en el colegio. Según Maurice Crul, profesor experto en Diversidad, Inclusión e Integración de la Vrije Universiteit de Amsterdam, “en muchas escuelas públicas de Ámsterdam los niños de origen neerlandés son una minoría, por lo que ya no tendríamos que hablar de integrar a la otra parte, sino de ver qué tipos de sistemas educativos ayudan a que esta diversidad se canalice bien. Los sistemas que empiezan a mezclar a los niños desde las guarderías, algo que aquí no pasa, suelen obtener mejores resultados”.

Distribución de la educación primaria por tipos de enseñanza, entre públicos, católicos, protestantes y el resto de la educación especial. Fuente: DUO
Distribución de la educación primaria por tipos de enseñanza, entre públicos, católicos, protestantes y el resto de la educación especial. Fuente: DUO

Aunque las horas extras y la carga laboral es un problema sufrido por todos, son estos colegios, situados en los barrios más pobres de las ciudades del Randstad, los que se llevan la peor parte. Tal y como publicaba el diario AD en relación a la falta de maestros, existe la paradoja de que los colegios que reciben más subvenciones del Gobierno y pueden contar con más asistentes no cubren sus vacantes porque muchos profesores evitan trabajar en estas escuelas conflictivas. Actualmente se les denominan “mixtas” (gemengd) pero durante décadas eran las llamadas “escuelas negras” (zwarte scholen): aquellas en las que más de dos tercios de los alumnos provenían de familias de origen marroquí y turco, que llegaban para instalarse a las afueras de ciudades como Ámsterdam y Róterdam. Como si de una telaraña se tratara, los holandeses hacen lo posible por limpiar su lengua de términos como éste, pero tal y como ocurre con el vocablo alóctono, todavía suenan en la calle para referirse a los holandeses con más de un origen.

Selma Gallaher, profesora de primer grado de la escuela Montessori Elckerlyc en Leiderdorp

“Nuestro trabajo ha ido a peor en los últimos años y no puede seguir así”

Selma es profesora de un grupo de 30 niños de entre 4 y 6 años. En los últimos años el número de alumnos ha aumentado y un incremento en los objetivos del plan de estudios general, con un mayor énfasis en nuevas tecnologías, Educación para la Ciudadanía o Inglés, ha resultado en menos tiempo para implementar el tipo de pedagogía que el colegio ofrece. En Holanda existen doce metodologías de enseñanza diferentes dentro de los colegios de Educación General Especial, todos ellos subvencionados por el Gobierno.

¿Ha trabajado siempre como profesora de la pedagogía Montessori?

No, cuando empecé trabajé durante unos años en un colegio público normal. Tenía una clase donde siete de cada diez niños eran de origen marroquí o turco y las diferencias entre ellos eran enormes. Me resultaba imposible dar bien la clase con un sistema educativo que no prestaba atención a estas diferencias, que trataba a todos los niños por igual. No había material para trabajar cada uno por su cuenta ni uno común que se adecuara a todos ellos. La única manera de enseñar era ponerse muy estricta y yo sencillamente no podía comportarme así. No casaba con mis ideales así que decidí especializarme en una pedagogía como la de Montessori cuyo principio básico es que cada niño es diferente al resto y aprende a un ritmo distinto.​

Y los alumnos de hoy en día, ¿se parecen a los de entonces?

No, todo ha cambiado. Ahora tenemos más alumnos que antes y estos son distintos. Son más independientes, están más emancipados desde una edad muy temprana. Los padres educan a los niños de otra manera, alá, allá vas tú solo, con menos límites, más sueltos. Quizás porque los padres también han sido educados con esta libertad. Y la relación con el colegio también ha cambiado. Nos ven como si fuésemos una empresa: pagan cada año para que nosotros prestemos el servicio, como si la educación fuese un producto. Y no es así. Son diferencias muy sutiles pero se nota. No digo que sea peor ni mejor, pero sí distinto. Y en definitiva se traduce en más trabajo para nosotros, porque tenemos que explicar mucho a los padres, las cosas no se dan por sentado como antes y el compromiso no es el mismo que antes, antes tenían más tiempo.

​¿Su trabajo también ha cambiado, o mejor dicho, empeorado con los años?

Sí, absolutamente. Yo trabajo 20 horas, me pagan por eso, pero hago 35. Si pienso en lo que trabajo en comparación con lo que gano, es absurdo, ridículo. Con la nueva ley sobre la educación adaptada, por la que todos los niños son aceptados, también los que tienen alguna discapacidad, se suma otro reto más. Nuestro trabajo es tremendamente satisfactorio, y debe seguir siéndolo. Si a un joven profesor que empieza le quedan treinta años por delante de trabajo duro, estoy segura de que no aguanta, porque además de enriquecedor debe ser saludable, y ahora no lo es. La imagen de nuestra profesión ya no es tan buena y yo lo entiendo perfectamente.

Aun así, el currículum holandés deja mucho espacio para que cada colegio implemente las asignaturas a su manera, en ese sentido la presión no es tan fuerte, ¿no le parece?

Es cierto que tenemos mucho margen para adaptar el plan de estudios, pero aún así tenemos que cumplir los objetivos, que cada vez son más, por lo que muchas veces no podemos incorporarlo al método Montessori. Por ejemplo en la matemática realista, nosotros no trabajamos con la resolución de problemas de la vida cotidiana como una madre que va al mercado y compra tantas verduras. Pero si el test que les van a hacer a los niños es sobre eso, tenemos que adaptarnos y dejar de darlo como nos gustaría.

La Educación para la Ciudadanía es otra de las asignaturas en las que el Gobierno quiere hacer hincapié, con la idea de favorecer la integración desde pequeños, ¿funciona?

En el primer grado nosotros tratamos esto desde el desarrollo emocional y social del niño. Y lo trabajamos constantemente. Cada vez tenemos más niños que tienen más de un idioma en casa, y que en ocasiones no hablan holandés con la familia. Un tercio de los alumnos que tengo en clase son bilingües, la norma ahora es esta. A mí me parece muy positivo pero el plan de estudios no está suficientemente adaptado a esta nueva realidad. Así que hemos tenido que incorporar por nuestra cuenta ejercicios, que hacemos cada día con toda la clase, para insistir en el aprendizaje de la lengua. Es un ejercicio bueno para todos, también para los que hablan sólo holandés, porque el vocabulario a esta edad es fundamental para su desarrollo, pero no deja de ser un tiempo extra que quitamos de otras tareas más propias de Montessori. Pero la integración no es solamente la lengua, y si los políticos no ven que se trata también de trabajar en las diferencias culturales, el problema no se resolverá nunca. Hace falta otro sistema educativo, quizás como el nuestro, que se base en la idea de que cada niño se desarrolle a su manera, y de que está bien ser diferente.

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