Doce faros holandeses por los que perderse (o reorientarse)

Se avecina un otoño confuso e incierto en el que, de manera metafórica, todos buscaremos faros que nos guíen en forma de datos estadísticos, previsiones de evolución de la pandemia y nuevas conclusiones sobre una posible vacuna. En Gaceta Holandesa no nos hemos querido olvidar de los faros de verdad, los que un día orientaron a marineros holandeses en su vuelta a casa, al lugar seguro del que tiempo atrás partieron. Más de 140 faros se suceden a lo largo de la costa neerlandesa, algunos quedan hoy en el interior, en el Ijsselmeer, antes abierto al Mar del Norte. Desde los clásicos en forma cónica, blancos y rojos, hasta las torres centenarias de ladrillo o aquellos que se alzan como un sencillo esqueleto de madera o hierro fundido, varios han cambiado de función para convertirse en un hotel o un restaurante, mientras otros permanecen como museos del patrimonio náutico de Holanda, enclavados en entornos privilegiados de la costa. Descubrimos doce de ellos, imprescindibles por su relevancia histórica o por su peculiar función actual, que no pasan desaparcibidos ni para los inquietos de tierra firme en busca de una luz que les reoriente cuando se anuncia tormenta, sea cual sea. 

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