Currantes con “ñ”: así es el trabajo de los hispanohablantes en Holanda

Desde que el pasado mes de febrero la prensa holandesa y española se hiciera eco de la situación laboral de miles de españoles que vienen a trabajar de forma temporal a Holanda, Gaceta Holandesa ha investigado las motivaciones que llevan a españoles y latinoamericanos a trasladarse a este país y el perfil laboral de la mayoría de ellos. Mientras las llamadas nóminas negativas y los contratos de cero horas siguen siendo un grave problema derivado de la flexibilidad laboral, el déficit de personal en algunos sectores como el de la salud, está provocando la llegada de cientos de enfermeros y dentistas españoles, reclutados por empresas holandesas en España. En otras circunstancias muy distintas se encuentran los residentes latinoamericanos, quienes dependen de un visado de trabajo y cuyo perfil laboral oscila entre la alta cualificación y la inmigración ilegal. Hablamos de casi 150.000 hispanohablantes en total, según suman los datos facilitados por el Centro Nacional de Estadística (CBS) y el Consulado de España en Ámsterdam, gran parte de los cuales es población activa que aporta su conocimiento y experiencia laboral a la economía holandesa, una cifra que podría duplicarse en 2050, si los pronósticos del CBS se cumplen.

“Nos dijeron que íbamos a cobrar 1.500 euros al mes, que trabajaríamos ocho horas al día de lunes a viernes, que viviríamos en una casa decente y que la comida sería más o menos igual que la de España” relata Antonio Asensio, quien fue jefe de producción de una empresa de envasado de zumos en la región de Zeeland. Promesas incumplidas, ilusiones rotas, decisiones que hubiese sido mejor no tomar, son el bagaje con el que se vuelven un buen número de los inmigrantes hispanohablantes que llegan a Holanda animados por la imagen de un país que funciona y que a menudo se torna más bucólica gracias a las redes sociales. Otros logran quedarse y, tras un largo período de adaptación, consiguen establecerse en el país, hablar el idioma y desarrollarse profesionalmente. Todos ellos son trabajadores que han probado suerte en un mercado laboral que se flexibiliza cada vez más, donde el 40 por ciento de los empleados no cuenta con un contrato fijo, el número de profesionales autónomos se dispara y la escasez de personal crece en sectores como el comercial, el de la salud o la construcción, tal y como se desprende del último informe publicado por el CBS.

Cien murcianos en el sur de Holanda

El pasado mes de mayo, el periódico De Volkskrant publicó un reportaje sobre los trabajadores contratados por empresas de empleo temporal (ETT) que trabajaban en distintas fábricas del país y se alojaban en bungalós de parques vacacionales o apartamentos en mal estado. Según destacó uno de los portavoces de la embajada de España a este diario, unos cinco mil españoles podrían estar viviendo en estas circunstancias precarias, sin lograr trabajar las 40 horas prometidas, por lo que el sueldo no les da para cubrir los gastos mensuales de alquiler, manutención y transporte. Generan así una nómina negativa, es decir, ingresan menos de lo que gastan, tras firmar un contrato de cero horas por el cual el empleador solo paga las horas trabajadas. La publicación en los medios de comunicación y la labor de información que han hecho las distintas embajadas en Países Bajos, tanto de Polonia como de España, así como el Gobierno holandés, para alertar de la situación, ha logrado disminuir el número de personas que caen en la trampa, si bien todavía son 85.000 las camas que cada seis meses se ocupan con recién llegados, registradas por la asociación SNF encargada de monitorizar los alojamientos en el empleo temporal. En su último informe se detallan los mínimos que estos alojamientos deben cumplir por ley, entre ellos, disponer de una superficie habitable de 10 metros cuadrados por persona y de un retrete y una ducha para cada 8 personas.

Imágenes del bungaló en un parque vacacional que muestra la ETT Pran en su página web. El alojamiento en este tipo de casas vacacionales sigue generando debate en Holanda.

Según Erik Pentenga y Jessica de Klerk, portavoces del FNV, el mayor sindicato de Holanda, “llevamos un tiempo viendo menos españoles viviendo en estos alojamientos, seguramente porque la situación ha mejorado en España y porque las expectativas son muy diferentes respecto de los trabajadores que vienen de Polonia o Bulgaria: ellos aceptan vivir seis meses en un bungaló porque ganan el doble que en su país, mientras que los españoles proceden de una sociedad más parecida a la holandesa y estas condiciones ya no las aceptan”.

Antonio Asensio no comparte esta idea de que la situación en España haya mejorado tanto, a pesar de que él es uno de los que decidió volver después de vivir cinco años en Holanda. “Trabajar en Holanda me ha hecho querer el doble mi tierra” afirma. Y es que si bien la suya no es una historia que arranque con una ETT que le contacta, ni la de una nómina negativa, sí es la de uno de los muchos españoles que hizo la maleta en plena crisis para probar suerte en una fábrica en el sur de Holanda tras quedarse en paro en Murcia, su ciudad natal. “La empresa de envasado de zumos AMC Group nos dijo que buscaban gente para su nueva fábrica en Holanda así que me animé y nos fuimos cuatro para allá. Llegamos en 2013 y éramos los primeros en la fábrica, que está cerca de Vlissingen. Estuvimos el primer mes y medio trabajando sin contrato y echando jornadas de doce horas de lunes a sábado” explica. Si bien su contrato también era de cero horas, el problema, en su caso, era el opuesto al de las denuncias anteriores. Antonio trabajó durante cinco años sumando horas extras a diario. “Los primeros meses cobramos menos de la mitad de lo que esperábamos y vivíamos en una casa con agujeros por todos lados, tuberías a la vista, colchones viejos sin una manta y una moqueta antigua medio quemada” relata. Cuenta que por la fábrica pasaron tanto representantes del sindicato como el cónsul español, “pero no nos hicieron ni caso, nuestra situación no mejoró nada”. Pasados cinco años, eran un centenar los murcianos contratados que tuvieron que pasar por esta situación de explotación laboral hasta lograr un contrato fijo. Lo que iba a ser una estancia temporal se convirtió en una experiencia vital que duró años, de los cuales Antonio prefiere no recordar el primero y quedarse con el buen sabor que le dejaron los siguientes. “Si llego a saberlo no me hubiese ido a Holanda: los últimos años fueron buenos porque yo me lo curré para que lo fueran, porque trabajar doce horas de lunes a sábado y lejos de tu familia no le hace gracia a nadie” sentencia.

La historia de Antonio recuerda a la de los trabajadores españoles que llegaron en los años sesenta y setenta, a iniciar una nueva etapa en ciudades como Eindhoven. “Los trabajadores huéspedes españoles eran personas con un nivel bajo de estudios que solían venir en grupo y que encontraban aquí una comunidad española bien definida, algo que no ocurre en la actualidad porque la mayoría tiene más formación y suele venir solo. Pero la precariedad laboral se podría decir que es comparable: si antes les requisaban el pasaporte al llegar, algo impensable hoy en día, y no había tantas posibilidades de volverse a España, hoy en día la inseguridad laboral parece que es mayor” detalla María Bruquetas, miembro del Consejo de Residentes Españoles (CRE) en los Países Bajos. Sobre la situación laboral que sufren los españoles como Antonio, Bruquetas recalca que “si bien el contrato de cero horas no beneficia a ningún trabajador, sea holandés o extranjero, los que vienen de fuera se encuentran en una situación de vulnerabilidad mayor, porque pueden quedarse en la calle en cualquier momento y no cuentan con la red social y familiar que tienen los trabajadores que son de aquí. Hay personas que se han dejado los ahorros para venir a trabajar a Holanda y que cuando les despiden no han ganado suficiente ni para pagarse el billete de avión de vuelta. Nos han contactado varias veces españoles que se han quedado en esta situación de un día para otro”.

Antonio Asensio en la playa de Vlissingen, ciudad en la que ha vivido cinco años.

Enfermeros y dentistas de importación

El envejecimiento de la población y el crecimiento demográfico están dando lugar a una escasez de personal en el sector sanitario holandés, no sólo en hospitales y clínicas sino en residencias de mayores donde se necesitan auxiliares de enfermería y asistentes sociales. En total, en el segundo semestre de 2018 faltaban por cubrir 31.100 plazas en todo el sector, 8.000 de ellas en hospitales, según el informe redactado por la comisión Trabajar en la Salud, del ministerio de Sanidad, Bienestar y Deporte. Si no se toman medidas urgentes para atajar el problema, el informe advierte de que en 2022, faltarán entre 100.000 y 125.000 empleados, lo que pondrá en peligro la calidad de los servicios sanitarios. Mientras crecen las plazas sin cubrir, dos de cada diez trabajadores en este sector abandonó su empleo en 2017 argumentando demasiada carga laboral, falta de desarrollo profesional y de flexibilidad: “A veces tenemos que mover a los pacientes de un lugar a otro durante la noche para que todos puedan recibir la atención que necesitan porque faltan enfermeras” relata al periódico NU una enfermera de un hospital de Ámsterdam. Mientras los centros de formación están suprimiendo los numerus clausus de estudiantes admitidos para estudiar enfermería, otros han encontrado en esta escasez una oportunidad de negocio.

Enfermeros españoles y de otras nacionalidades cubren gran parte de las vacantes en el sector del salud. En la imagen, la enfermera de urgencias Lucía San Miguel (a la derecha) trabajando en Holanda.

Lucía San Miguel es una de las diez enfermeras que llegó a Holanda con la ETT T&S Flexwerk tras ser reclutada en España. En el punto de mira por las numerosas denuncias que ha recibido de españoles que vinieron a trabajar al sector de la logística, esta ETT comenzó hace años a atraer a enfermeros y otros profesionales de la salud. Era finales de 2012 cuando Lucía pasó la prueba en Madrid. Antes de salir para Holanda debían aprender neerlandés, requisito indispensable para ser contratado en cualquier clínica u hospital y que desde 2017 se ha impuesto por ley. Lucía y el resto de compañeros vivieron seis meses en Madrid mientras estudiaban el idioma y vivían en un piso compartido. “La ETT nos pagaba 300 euros al mes para los gastos y no tuvimos que adelantar nada de dinero, ellos nos financiaban el curso de holandés y el registro BIG para poder trabajar en Holanda” relata. Tras alcanzar un nivel medio, la empresa les informó de que la demanda de enfermeros había bajado y de que no podían asegurarles que vendrían a Holanda. “En ese momento dijimos todos que nos íbamos sí o sí, después del esfuerzo que habíamos hecho para aprender holandés” asegura Lucía. T&S finalmente les financió el viaje a Holanda y a mediados de 2013 empezaron a trabajar en una residencia de mayores mientras se alojaban en un antiguo hotel que había adquirido la compañía. “Firmamos un contrato de prácticas y cobrábamos 800 euros al mes por 40 horas de trabajo, mientras vivíamos en un hotel que estaba bien, donde también estaban los trabajadores de las fábricas que venían con T&S”. Lucía compartía la habitación con otra persona y contaban con baño propio. A los seis meses logró un contrato fijo y, tras trabajar unos años más en la residencia de ancianos, cambió de trabajo y hoy en día es enfermera de urgencias en el hospital de Tilburg. “De los que vinimos ocho se volvieron, bien porque las condiciones no eran lo que nos habían prometido o porque no les renovaron en la residencia. Yo decidí aguantar y echar para adelante y hoy por fin, seis años después, tengo la situación laboral por la que creo que uno se va al extranjero, con un buen contrato y un trabajo que me gusta” resume Lucía. Mientras asegura haber tenido una buena experiencia y haber recibido una atención óptima por parte de la ETT, Lucía reconoce que no habría abandonado España si hubiese sabido las condiciones que le esperaban: “Nosotros aceptamos porque ya estábamos en Holanda, si lo llego a saber antes de hacer el curso de holandés en España seguramente no me habría venido, porque esos 800 euros ya los ganaba de telefonista, que era el trabajo que tenía en ese momento”.

Grupo de enfermeros de urgencias del Hospital de Tilburg. En el centro, la española Lucía San Miguel.

Arquitectos, diseñadores, ingenieros, el caso de Lucía se asemeja al de muchos otros jóvenes profesionales que acceden a trabajar en estudios y starts-up con un contrato en prácticas a pesar de tener experiencia laboral. El Gobierno holandés deja bien claro que este tipo de contratos son ilegales si el objetivo principal no es el aprendizaje y la formación. “Estos contratos en prácticas están aumentando, sobre todo en personal de alta cualificación, y mucha gente acepta porque se cree la promesa de que después les harán un contrato laboral de verdad” explica Erik Petenga desde el sindicato FNV.

Si bien para el colectivo de enfermeros se desconoce el número de españoles que cada año llegan a Holanda, para el de los dentistas y odontólogos, la cifra sorprende. Según datos del Colegio de Dentistas y Odontólogos de Holanda (KNMT), los españoles se sitúan en tercer lugar por detrás de los alemanes y los belgas, con 168 especialistas el pasado año, un centenar más que los portugueses, en cuarto lugar. Y es que cada año se gradúan menos dentistas que vacantes por cubrir, un fenómeno que empezará a ser dramático dentro de una década, cuando uno de cada tres dentistas se jubile, según advierte el KNMT. El relevo de estos especialistas lo están tomando, entre otros, los que llegan de fuera y hoy ya son el 17 por ciento los dentistas procedentes de distintos países europeos que atienden sobre todo en las clínicas de fuera del Randstad. De nuevo, la oportunidad de negocio aparece.

Henk van Soest es el cofundador de Trabajar en Holanda, una empresa de reclutamiento que opera desde España y que desde hace cuatro años se ha especializado en dentistas y odontólogos recién licenciados. “Cada año, en España sobran mil profesionales, en Portugal se licencian 400 cuando se necesitan unos 200 y en Holanda faltan 250” argumenta, mientras explica que ellos acuden a las universidades al término del último curso para informar a los estudiantes de la posibilidad de trabajar en Holanda y ofrecerles sus servicios. El que decide seguir adelante debe pagar 2.000 euros por adelantado y comprometerse a realizar un curso intensivo de neerlandés que suele durar entre 6 y 9 meses. Tras alcanzar el nivel B2, exigido para ejercer la profesión en Holanda, pagan otros 2.000 euros y firman un compromiso de tres años: “Pueden pedir la subvención del programa europeo EURES que les devuelve los 2.000 euros del curso y nosotros devolvemos los otros 2.000 cuando pasan el examen de holandés. Las clínicas cubren todos los gastos: si el candidato no cumple el compromiso de quedarse tres años, debe pagarles lo que han invertido por él, unos 14.000 euros al año” explica Van Soest, quien asegura que cada año son contratados entre 30 y 40 españoles a través de ellos. En su web destacan los salarios que se cobran en Holanda, alrededor de 3.500 y 4.000 euros brutos mensuales para un dentista recién licenciado y hasta 150.000 euros al año en el caso de los odontólogos. El KNMT está al corriente de este tipo de reclutamiento y mientras agradece que especialistas españoles y portugueses se trasladen a Holanda, se muestra crítico ya que este fenómeno “no es una solución estructural para el problema que tiene el país” porque el 40 por ciento de los dentistas extranjeros se quedan menos de cinco años en Holanda. El sistema holandés de cuidado dental se centra en la prevención, y en él el paciente cuenta con un dentista para toda la vida al que acude regularmente para chequeos anuales. Por esta diferencia cultural, desde el Colegio de Dentistas consideran que el aprendizaje del idioma no es suficiente y están ofreciendo cursos de formación con el fin de lograr que los que lleguen se integren mejor y se queden más tiempo. Esta manera de moldear al recién licenciado a la forma de trabajar holandesa impide, según María Quirós, odontóloga española con más de 12 años de experiencia, que profesionales veteranos entren en las clínicas dentales holandesas: “Yo pasé por el proceso de reclutamiento de una empresa tipo ETT que buscaba odontólogos, pero al no haber trabajado los últimos tres años y tener un título que no era reciente, me pedían hacer un curso de formación además del de holandés. El sistema está pensado sobre todo para recién licenciados sin experiencia laboral ni cargas familiares”.

Tanto profesionales con estudios como aquellos de menor cualificación, los jóvenes que hacen la maleta para venirse a Holanda corren el riesgo de estar desinformados y desprotegidos, tal y como advierte María Bruquetas, portavoz del CRE, cuya web ofrece enlaces con información sobre este tema. La promesa de un futuro laboral prometedor y la experiencia vital de vivir en Holanda, uno de los países más atractivos de la Unión Europea para los jóvenes profesionales, hace que a menudo se desatiendan las advertencias que desde los Gobiernos holandés y español se publican en internet. “La coordinación entre las instancias españolas y holandesas está mejorando pero todavía no se han eliminado las trabas burocráticas para que el que quiera pueda denunciar su situación laboral” concluye María.

A diez mil kilómetros de casa

Daniana Barreto es venezolana y vive en Ámsterdam desde 2014. Su experiencia laboral como experta en Recursos Humanos en multinacionales norteamericanas comenzó en 2006 en su Caracas natal y poco despúes le llevó a Inglaterra y posteriormente a Holanda. Casada con un holandés, confiesa no hablar bien el idioma ya que tanto en su entorno laboral como personal está rodeada de extranjeros con los que comparte el inglés como idioma común. Ella es una de las 38.445 personas que se benefician de la exención fiscal sobre el 30 por ciento de su salario durante los primeros cinco años, una medida que Holanda puso en marcha en los años sesenta para atraer especialistas de alta cualificación, entre ellos muchos españoles y latinoamericanos. Son empleados en su mayoría de universidades y de grandes compañías, principalmente del sector tecnológico y financiero, que viven en ciudades del Randstad como Ámsterdam o La Haya y llevan una vida de “expatriado internacional”, tal y como se desprende del estudio elaborado por el Gobierno.

“Tuve mucha suerte porque yo salí de Venezuela antes de que la situación empeorara y hoy en día trabajo en mi sector, con posibilidades de desarrollarme profesionalmente y con las facilidades que brinda el inglés” explica. Daniana cuenta cómo, entre los que han abandonado recientemente Venezuela, ya sea con estudios o sin ellos, se encuentran muchos españoles o italianos de segunda y tercera generación que han viajado a Europa a probar suerte. Este mismo dato lo confirma la directora de Casa Migrante, Toos Beentjes, quien asegura que gran parte de los que acuden a pedirles ayuda y asesoramiento son personas latinoamericanas que llegan a Holanda tras pasar por España. “A diario atendemos a personas que vienen con un permiso laboral español pensando que pueden trabajar aquí en Holanda, pero para los que llevan menos de 10 años residiendo en España, el Estado holandés no acepta este permiso y si es de más de 10, deben demostrar que no hay un holandés que pueda hacer el mismo trabajo que él” resume Toos, quien está al frente de Casa Migrante desde 1996.

Trabajo en un laboratorio en Holanda. Fotos: Alicia Fernández Solla.

Respecto de los tipos de trabajo que suelen realizar los latinoamericanos que no vienen con un contrato de trabajo, la restauración, el cuidado de niños y la limpieza son los más habituales. En los dos primeros casos, la ilegalidad está a la orden del día. “Aunque la normativa para los bares y restaurantes se ha endurecido mucho, es habitual encontrar personas españolas, tanto de España como de Latinoamérica con pasaporte español, que firman un contrato de cero horas. Su empleador declara diez o doce horas trabajadas mientras el resto las cobran en negro. Esto les pone en una situación de vulnerabilidad enorme porque además, en Ámsterdam, el alojamiento es carísimo y a menudo no cobran el total de lo que han trabajado y no les llega para pagar el alquiler” denuncia Toos. Si bien desde Casa Migrante aseguran que el sector de la limpieza está más regulado y que no hay tantos casos de explotación laboral, según una investigación de la universidad Radboud, que analiza el trabajo de un grupo de mujeres de origen dominicano, cubano y colombiano en este sector, la situación de exclusión laboral es algo habitual ya que “su falta de conocimiento del idioma neerlandés es utilizado por las agencias de empleo temporal y organizaciones de trabajos de baja cualificación para hacerles trabajar en condiciones de soledad y aislamiento” concluye el estudio.

No saber hablar neerlandés es otro factor determinante para encontrar un empleo en el sector servicios, de atención al público o a la hora de iniciar un negocio por cuenta propia. Y es que entre los freelance (en Holanda, “zzp”) o autónomos, el número de emprendedores que no es de origen holandés ha seguido creciendo en las últimas décadas y hoy ya son dos de cada diez. Tal y como señala el CBS, la mayor parte de ellos tienen entre 45 y 75 años y llevan al menos cinco años trabajando por su cuenta. Este es el caso de muchos españoles y latinoamericanos que ejercen como profesores de español en Holanda. Y también el de Paula Juan Lima, directora y profesora de teatro, que hace diez años cambió Argentina por Holanda. Desde Haarlem, compagina la interpretación con la organización de talleres de teatro, dos tareas que ejerce principalmente en inglés y neerlandés. “El inglés me ayudó mucho a empezar a trabajar pero después me di cuenta de que tenía que aprender holandés” relata, mientras critica que “el examen de Estado que te hacen pasar es un filtro más para impedir que la gente se quede a vivir aquí”. En 2017, sólo un tercio de los que se presentaban lo aprobaban. A pesar de las trabas para aprender el idioma, a Paula Juan la opción de trabajar por su cuenta le ha funcionado ya que como ella misma asegura “he podido ejercer mi profesión desde que llegué, y siendo actriz no tenía nada claro que pudiera lograrlo, pero nunca me ha faltado trabajo”.

Enlaces de interés con información oficial sobre el trabajo en Holanda:

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