Desmontando la cultura de la bici en Holanda

Dos ruedas y un par de pedales bastan para describir la esencia de la cultura neerlandesa, que cada habitante customiza según sus necesidades: con cajón de madera para las familias; a prueba de robos para los millennials de Ámsterdam; sin pedales para los niños de dos años que se inician o a punto de romperse en pedazos para los estudiantes que no conocen otro medio de transporte. Así son las más de 22 millones de bicicletas que pueblan los Países Bajos, un país en el que hay más bicis que gente y donde cada habitante recorre una media de mil kilómetros al año. Pero mientras Holanda ha dejado claro su liderazgo mundial en la Cumbre Internacional del Ciclismo celebrada el pasado mes de junio en Arnhem, las cifras del número de heridos graves por accidente de bici no dejan de aumentar. El uso del móvil, la irrupción de nuevas versiones súper rápidas y el envejecimiento de una población que se resiste a bajarse del sillín, obligan a replantear esta tradición ciclista cargada de orgullo patrio.

​Son las ocho y cuarto de la mañana de un lunes cualquiera. Hordas de estudiantes cargados con sus mochilas a la espalda toman las estrechas calles de Leiden camino del instituto. Aprovechan el rato de pedaleo para ponerse al día mientras avanzan en grupo ajenos a los coches que les siguen lentamente. Al otro lado de la calle, una madre lleva a sus hijos al colegio: la mayor ya va en bici sola y los dos pequeños se acurrucan en el cajón de madera de la bici de su madre, botando al unísono con sus impermeables de colores. Esta es una estampa típica holandesa, al igual que muchas otras, en las que la bici es la protagonista indiscutible de la vida diaria. Y es que según establece la Oficina Nacional de Estadística (CBS), los jóvenes de entre 12 y 18 años realizan una media de seis kilómetros en bici al día, tres veces más que la distancia habitual que recorren los mayores de 18 años, de dos kilómetros y medio.

Orgullosos de su tradición ciclista, que hoy en día además de barata y saludable se presenta como sostenible y respetuosa con el medio ambiente, no hay holandés que no monte en bici, un hábito que no se considera una actividad deportiva sino una forma rápida y gratuita de moverse de un lado a otro. Para el profesor americano de diseño y planificación urbanística Kevin Krizec, “la bici en Holanda está vinculada a todos los aspectos de la vida de una persona y eso es único en el mundo. Holanda está a años luz por delante del resto”, contaba en una entrevista al periódico De Volkskrant tras haber pasado una estancia tres años como profesor invitado en la universidad de Nimega. Esta relación tan estrecha por la que un holandés ya no distingue entre caminar o pedalear provoca que los jóvenes no suelten el móvil mientras van en la bici, que los niños no se pongan un casco de protección y que los mayores sientan las dos ruedas como sus propios pies. En consecuencia, de los fallecidos por accidente de tráfico en 2016, 231 iban en coche y 189 en bicicleta. De estos últimos, más de la mitad eran personas mayores de setenta años. En cuanto a los heridos graves, casi dos tercios eran ciclistas. “La mayor parte de los accidentes ocurren en el carril bici, no suele ser por un choque contra un vehículo. Y hay más porque también hay cada vez más ciclistas y los carriles se llenan de gente con todo tipo de bicis, desde eléctricas a otras que van demasiado rápido” argumenta Wim Bot, portavoz del sindicato nacional de ciclistas de Holanda, Fietsersbond.

Cientos de ciclistas durante la hora punta de entrada al colegio © Fernández Solla Fotografie
Cientos de ciclistas durante la hora punta de entrada al colegio
© Fernández Solla Fotografie

Sin móvil y sin casco
Este mes entra en vigor la nueva ley que impedirá a las bicis súper rápidas circular por el carril bici. Se trata de un modelo equipado con un motor que le permite alcanzar velocidades de hasta 50 kilómetros por hora, muy por encima de los 25 de máxima permitidos en el carril bici, y una opción preferida por muchos holandeses para desplazarse de una ciudad a otra. Pero la medida ha suscitado polémica por el peligro que conlleva para estos ciclistas el circular entre los vehículos por la carretera. “Todos abogamos porque se prohíban en el centro de la ciudad pero no nos parece mal que estas bicis circulen por el carril bici entre una ciudad y otra” explica Wim Bot, una opinión que comparte la asociación automovilística ANWB quien ha criticado duramente la nueva ley. Se trata de la primera de una serie de normativas que el Gobierno pretende poner en marcha para intentar reducir el número de accidentes de bici. La segunda, pendiente de ser aprobada, prohibirá a los ciclistas utilizar el móvil. Según defiende el Gobierno, el 55 por ciento de los ciclistas jóvenes manda emails o whatsapp mientras pedalea, lo que aumenta 25 veces el riesgo de un accidente.

Aunque resulte una regulación lógica a tenor del tráfico holandés de bicicletas, para el sindicato de ciclistas, cuantas menos normas mejor: “Si las reglas se endurecen, menos personas se subirán a la bici. A los holandeses la bici nos aporta una sensación de libertad, de poder movernos sin dificultad de un sitio a otro”. Por este motivo consideran que cuando la bicicleta es la reina del asfalto, el casco ya no es necesario. En contra de la normativa que impera en otros países europeos, en Holanda éste no es obligatorio: “El casco no sirve de nada porque sólo protege en velocidades de hasta 20 kilómetros por hora. Contra un coche no tiene ningún efecto, sólo podría proteger ante posibles caídas en las que la cabeza se dé contra el suelo, algo que apenas sucede gracias a la infraestructura de carriles que tenemos. Lo que sí pedimos es que los coches lleven instalados un airbag en la parte frontal externa para que si choca contra una bici, el accidente no sea fatal para el ciclista” explica. En definitiva, la solución para adaptarse a los nuevos tiempos pasa por darle todavía más protagonismo a las dos ruedas. Porque si hay más bicis, habrá que darles más espacio. Y si los coches van demasiado rápido, habrá que limitarlos a una velocidad máxima de 30 kilómetros por hora. Por muy idealistas que suenen estas propuestas, la hegemonía de la bici no se cuestiona y los nuevos vientos en favor de ciudades sostenibles soplan a favor del uso de este transporte libre de humos. En Holanda, además, la bici soluciona el problema de la movilidad en zonas tan densamente pobladas como el Randstad, algo que los países invitados a la Cumbre Internacional del Ciclismo el pasado mes de junio admiraban con envidia. La pregunta es ¿se puede replicar el modelo holandés en otras partes del mundo?

La mayor parte de los ciudadanos de Ámsterdam no tienen coche. La bicicleta es el transporte más rápido y cómodo para moverse por la capital holandesa. Foto: Pixabay
La mayor parte de los ciudadanos de Ámsterdam no tienen coche. La bicicleta es el transporte más rápido y cómodo para moverse por la capital holandesa. Foto: Pixabay

Un rey en bici

“En Holanda, la bici forma parte de la cultura, está sumamente arraigada, y eso es algo que no se puede exportar. Los holandeses aprenden al mismo tiempo a caminar, a ir en bici y después a conducir un coche y por eso, a pesar de circular todos muy juntos, apenas hay accidentes. Todos saben cómo funciona. Además, en otros países, la gente tiene una bici porque no puede pagar un coche y aquí la tienen porque es el mejor medio de transporte” explicaba Kevin Krizec al Volkskrant. Si bien nadie discute que la bici forma parte de la cultura neerlandesa, para otros como Wim Bot, esto también se construye: “no es una cuestión de hacer corta y pega. Cada país debería construir su propia cultura en torno a la bici, pero invertir en una buena infraestructura para las bicis, ¡eso se puede hacer en todas las partes el mundo! Es sólo cuestión de proponérselo. En nuestro país gran parte del éxito viene por la voluntad política de invertir para hacer de la bici un medio de transporte seguro, después de un movimiento social enorme que hubo en los setenta. El clima, la orografía, la cercanía entre las ciudades y una cultura democrática bastante igualitaria hizo que tuviera tanto éxito. Aquí hasta el rey va en bici, y eso creo que no pasa en muchos otros sitios”.

Tráiler del documental presentado en la Cumbre Internacional de Ciclismo sobre la cultura de la bici en Utrecht.

Un país tan pequeño como los Países Bajos cuenta con cerca de 35.000 kilómetros de carril bici, una cifra que se ha duplicado desde 1996. Junto a esta inversión, la educación vial para niños menores de 12 años se imparte en todos los colegios del país, donde los niños pasan un examen a nivel estatal sobre las normas para circular en bici. A partir de esa edad, la mayoría de ellos se desplazarán solos al colegio, recorriendo distancias que a menudo suponen ir de una punta a otra de la ciudad. Para los padres, pasar a secundaria supone también que sus hijos ganen en autonomía, independencia y responsabilidad al tener que moverse en bici a diario y a pesar del mal tiempo. Para rematar este sentimiento de orgullo nacional, el sindicato de ciclistas ha propuesto a la UNESCO que esta figura del escolar ciclista sea considerada como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, “porque además de todo lo positivo que tiene para su educación, que muchos chavales vayan en grupo charlando es algo muy propio de nuestra cultura. En Dinamarca, por ejemplo, todo el mundo circula en línea, aquí no. A los holandeses nos encanta socializar en bici” concluye Wim Bot.

Los setenta, el renacer de las bicicletas en Holanda

Holanda ya era en 1910 el país del mundo en el que más se usaba la bicicleta. La asociación automovilística ANWB fue una de las promotoras de este nuevo medio de transporte con medidas tan originales como patrones de costura para que las mujeres pudieran adaptar sus faldas y poder montar solas en bici. Fue en esta época, a finales del siglo XIX, cuando también surgieron los fabricantes de bici holandeses. Gazelle o Batavus, hoy dos marcas emblemáticas, arrancaron su producción hace más de un siglo. Pero el estallido de la Primera y posteriormente, la Segunda Guerra Mundial frenaron esta evolución, algo que empeoraría en la década de los sesenta con la irrupción masiva del automóvil gracias al enriquecimiento de la clase media holandesa.​

A comienzos de los años setenta, el parque automovílistico había crecido tan rápido que las ciudades, en su mayoría con cascos antiguos de díficil acceso por los canales y las callejuelas, estaban mal adaptadas y se volvieron peligrosas para los ciclistas. El número de accidentes se disparó y la sociedad se levantó en un movimiento en defensa de la bicicleta sin precedentes. La presión social hizo que el Gobierno implementara medidas de seguridad vial, invirtiera en carriles bici independientes por todo el país y fomentara el uso de la bici. Renació así esta tradición centenaria, algo que sigue vigente hoy en día. El Gobierno continúa ofreciendo ventajas fiscales para la compra de la bicicleta, a través de ayudas a empresas para favorecer la movilidad en bici de sus trabajadores.

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