Desmontando la cultura de la bici en Holanda

Dos ruedas y un par de pedales bastan para describir la esencia de la cultura neerlandesa, que cada habitante customiza según sus necesidades: con cajón de madera para las familias; a prueba de robos para los millennials de Ámsterdam; sin pedales para los niños de dos años que se inician o a punto de romperse en pedazos para los estudiantes que no conocen otro medio de transporte. Así son las más de 22 millones de bicicletas que pueblan los Países Bajos, un país en el que hay más bicis que gente y donde cada habitante recorre una media de mil kilómetros al año. Pero mientras Holanda ha dejado claro su liderazgo mundial en la Cumbre Internacional del Ciclismo celebrada el pasado mes de junio en Arnhem, las cifras del número de heridos graves por accidente de bici no dejan de aumentar. El uso del móvil, la irrupción de nuevas versiones súper rápidas y el envejecimiento de una población que se resiste a bajarse del sillín, obligan a replantear esta tradición ciclista cargada de orgullo patrio.

​Son las ocho y cuarto de la mañana de un lunes cualquiera. Hordas de estudiantes cargados con sus mochilas a la espalda toman las estrechas calles de Leiden camino del instituto. Aprovechan el rato de pedaleo para ponerse al

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