HOLANDA INTERIOR

Cuando veranear es vivir de recuerdos

La escritura de este artículo despertó un interesante debate entre amigas para tratar de contestar a una pregunta aparentemente simple: ¿qué sentimos cuando volvemos a nuestro país de origen durante las vacaciones de verano?

Hacer las maletas, sacar cierta ropa del fondo del armario, prendas que huelen a cerrado, a una limpieza ya lejana. Tienen el aroma del abandono, de la espera, de la ilusión. Ese vestido que no nos hemos podido poner más que un día aquí, en Holanda, aquel día en que los termómetros marcaron cuarenta grados. Pulseras, pendientes, collares, accesorios que ni tan siquiera tenemos tiempo de ponernos aquí porque vamos corriendo a todos lados y al final casi todo se nos hace prescindible. Es lo que tiene la prisa, que borra los detalles que la lentitud nos regala de forma inesperada. Esa lentitud ansiada de las vacaciones, ¿a ella tenemos acceso los que migramos cuando volvemos a casa por vacaciones?

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