HOLANDA INTERIOR

¿Cómo cambia nuestro cerebro cuando emigramos?

Comer a las doce. Eso que hace tiempo se dio en llamar brunch y que se puso de moda para definir la mezcla de breakfast y lunch, resulta que en Holanda es simplemente la hora de la comida. Esto es algo que muchos, en nuestros países de origen, solíamos hacer a las dos o a las tres (o a las cuatro incluso, si es verano). Y ¿qué se come? Algo sencillo: un sándwich (sí, de pan de molde) con una loncha de queso. Si hay suerte, tal vez algo de lechuga y/o tomate. Cenar a las seis. La que escribe esto ha llegado a cenar muchos días a las once, cuando vivía en Madrid. Vivir con la agenda como una extensión de la propia mano, y que casi ninguna cita se pueda establecer dentro de una semana, sino como mínimo, dos. Sí, también con los amigos hay que hacer citas, preferiblemente a partir de las siete de la tarde si no es para cenar.

Posiblemente estas sean algunas de las diferencias más peculiares con las que nos encontramos las personas que decidimos emigrar a los Países Bajos. Nos guste o no, al final acabamos aceptándolo y adaptándonos a los horarios y los usos generales del país. Y lo que puede parecer anecdótico, puede también resultar muy difícil cuando estás lejos de tu familia, tus amigos y tus costumbres. No en vano, las personas migrantes pueden sufrir un mayor grado de alteración psicopatológica.

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