Holanda, el país de la “buena” comida

Tras el inevitable atracón navideño y los festejos del fin de año, me ha venido a la mente la noticia aparecida hace un par de meses, en la que se calificaba a Holanda como el mejor país del mundo para comer. Confieso que mi primera reacción cuando vi semejante titular fue pensar que el autor nunca había puesto sus pies por estas tierras… Porque aunque la oferta alimenticia ha mejorado mucho en las últimas décadas, Holanda no es un país de gourmets, ni su gastronomía es particularmente innovadora. Y pese a los esfuerzos loables de un puñado de chefs, la realidad es que en este país, el bocadillo de queso sigue siendo el rey.

De la oficina a la biblioteca pública, pasando por el tren, o el evento social más convencional, el pan de molde, en sus diversas tonalidades y texturas, triunfa -acompañado de quesos o embutidos- como la manera más práctica y económica de saciar el hambre. Holanda cuenta también con una gama más industrializada de comida rápida, a base de patatas fritas bañadas en un arco iris de salsas, o productos cárnicos de contenido difícilmente identificable, que se exponen a través de un muro de vidrio que permite acceder al producto deseado, a cualquier hora, y sin necesidad de interacción humana. Y salvo contadas excepciones, sigue resultando difícil encontrar restaurantes

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Patricia Narváez es asesora jurídica, escritora y colaboradora de Gaceta Holandesa

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