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Las elecciones municipales no suelen desatar pasiones entre el electorado holandés y las últimas, celebradas el pasado 21 de marzo, no han sido una excepción. Y es que resulta difícil perder la cabeza cuando no hay disputas mediáticas entre candidatos a dirigir una alcaldía o grandes debates ideológicos en torno a programas de gobierno rompedores. Solo se elijen concejales entre unas listas en las que, con suerte, podemos reconocer las siglas de los partidos que se presentan. Mientras que los alcaldes hasta ahora, y pendiente de que se concrete el nuevo procedimiento de elección, han sido nombrados por el monarca en base a una recomendación del concejo municipal. Lo que explicaría que pese a ser una de las pocas ocasiones en la que parte de los extranjeros residentes en los Países Bajos también podemos ejercer nuestro derecho al voto, el porcentaje de participación sigue siendo bastante bajo. La confianza en el modelo existente, que no da muchos sobresaltos, podría ser otro de los factores de esta ecuación.

Por lo que respecta a los resultados, tampoco han sido muy llamativos. Si los medios de comunicación internacionales se quedaban con la noticia de la pobre actuación del partido anti-islámico de Wilders, los

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Patricia Narváez es asesora jurídica, escritora y colaboradora de Gaceta Holandesa

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