Comerse Holanda Gastrotips

Cinema Culinair, lo que ves es lo que comes

La gastronomía ha sido un tema muy recurrente en el mundo del cine. Existen muchas películas donde la comida es tan protagonista como el personaje principal. ¿A quien no se le ha caído la baba al ver a Jon Favreau en su papel del chef Carl Casper, en la película Chef, mientras prepara ese sándwich de queso fundido perfecto? ¿O quien no ha tenido ganas de meterse entre pecho y espalda un buen plato de ternera a la borgoña (beef bourguignon) mientras ve a Amy Adams interpretando a la joven aspirante a blogger culinaria, Julie Powell, cocinar este maravilloso plato de la cocina francesa?

Si te han rugido las tripas más de una vez viendo escenas así, puede que Cinema Culinair sea una experiencia para ti.

Lo que ves es lo que comes

Ese es el eslogan de Cinema Culinair, un concepto que pretende que podamos experimentar lo mismo que experimentan los personajes en la pantalla grande: los aromas, las texturas, los sabores, los contrastes.  Durante las proyecciones de las películas de Cinema Culinair y con una sincronización exquisita, unos instantes antes de que los personajes vayan a llevarse el primer bocado a la boca, un ejército de camareros se coloca en las esquinas de las alargadas mesas y comienzan a distribuir los platos a los comensales.

Todo esto ocurre en menos de un minuto, mientras en la esquina superior derecha de la pantalla aparece un reloj que empieza con la cuenta atrás. En el momento en que llega a cero, vemos cómo el personaje en cuestión se lleva el primer bocado a la boca y todos los comensales, sin excepción, imitan el gesto. De repente, te sientes parte de la historia que se desarrolla en la gran pantalla.

La historia de Cinema Culinair

La idea de unir cine con gastronomía surgió de Harold Smits y Wies Sanders, quienes comenzaron esto como un pasatiempo y se les fue de las manos. Corría el año 2013 cuando desde Floriscoop, el club de cine de la asociación cultural Graaf Floristraat (Rotterdam), decidieron proyectar la película Sideways (Entre Copas). En aquella primera ocasión, y con la idea de hacer algo diferente y atraer a más gente, se les ocurrió servir a los espectadores los vinos que los protagonistas iban probando en su recorrido por California, junto con los aperitivos que también comían los personajes. El evento tuvo tal éxito que decidieron repetir con otras películas y fue así como surgió Cinema Culinair. Desde entonces llevan ya 82 pases de películas y la publicación de un libro con todos los consejos y recetas para repetir la experiencia en casa (en holandés)

He estado persiguiendo la idea de asistir a uno de los eventos de Cinema Culinair desde que me trasladé a vivir a Rotterdam, en 2014. La simple idea de unir cine y cocina me parecía genial y no quería dejar pasar la oportunidad de vivir la experiencia, aunque fuese una vez. Mi principal freno ha sido siempre el económico, pues no se trata de un pasatiempo barato: el evento cuesta 69,95€, bebidas a parte. Aún así, y por la experiencia vivida, no lo veo caro. El coste de la infraestructura, la cantidad de personal involucrado para que todo salga a la perfección, la materia prima, los derechos de emisión de las películas… todo suma si vas a disfrutar de una experiencia distinta y novedosa. Y os diré una cosa, casi siempre se agotan las entradas.

Backstage del Cinema Culinair organizado en Róterdam. Foto: Ossip van Duivenbode

Cenar con Julie & Julia

Me decidí ir a mi primer Cinema Culinair hace unos meses, para el pase de la película Julie & Julia. Para quien no sepa de qué va la película, cuenta dos historias en paralelo: los primeros años de Julia Child en su carrera culinaria, allá en los años cincuenta y la de Julie Powell en 2002, una joven que se propone cocinar en un año todas las recetas del famoso libro de Child, El Arte de la Cocina Francesa, y documentarlo en un blog (el libro tiene 524 recetas en total, ahí es nada).

La película se proyectó en el Zaal Staal de Rotterdam. La sala, rectangular y con altos techos, tenía dispuestas 5 mesas alargadas donde se sentaban 22 comensales en cada una y dos pantallas de cine en cada extremo. Al lado de una de las pantallas se encontraba el bar, que conectaba con la cocina, y donde los camareros iban pasando las comandas de las bebidas.

Los asientos estaban asignados, así que no sentamos en nuestro lugar y esperamos a que comenzara la película mientras disfrutamos de la conversación, una copa de vino y pan con mantequilla. Puntuales, atenuaron las luces para dar paso a Smits y Sanders, quienes explicaron en qué consistía Cinema Culinair y las normas para la degustación de los platos. Tras la explicación, y sin más dilación, las luces se apagaron y comenzó la película.

El primer plato del menú, lenguado meuniere, llegó a nuestras mesas rápidamente y al poco de comenzar el film, cuando vemos a Julia Child disfrutar de la cocina francesa con su marido en un restaurante de París. Los platos se fueron sucediendo a medida que avanzaba la película hasta que a la mitad hicieron un descanso de unos 15-20 minutos para recogerlos y llenar las copas. A partir da ahí, continuamos con el resto del menú hasta llegar a la famosa ternera a la borgoña, receta con la que la película alcanza el clímax.

La experiencia fue muy divertida. La sincronización de la cocina con la película es espectacular y no me quiero imaginar el tinglado que deben tener montado ahí dentro para que, en un momento determinado, más de 100 personas degusten a la vez el mismo plato que están viendo en una pantalla de cine. Para mí el valor de esta experiencia reside ahí, más que en la propia comida, la cual fue correcta, aunque reconozco que fui con las expectativas demasiado altas y le encontré algunos fallos en los puntos de cocción de la carne y el pescado, pero eso ya son manías mías.


Pistas:

  • Si vas a ir acompañado, mejor que compres todas las entradas a la vez, porque así os sentarán juntos. Si alguien se apunta a última hora, avisad de que vais juntos para que no os pongan en mesas separadas.

  • Las bebidas no están incluidas, así que ojo porque como te animes te sale la noche por la torta un pan. Al llegar te dan una copa de vino espumoso de cortesía, pero las bebidas las debes pedir antes de que comience la película o durante el descanso. Esto, que al principio no me gustó porque “qué drama quedarse sin bebida a mitad de la cena”, lo comprendí y agradecí enormemente cuando entendí la dinámica del evento: no es buena idea tener a los camareros atendiendo la sed de los comensales durante la proyección porque distraería la atención de la película. Puedes pedir varias botellas de agua o vino, según los que seáis, antes de que empiece la película y así os aseguráis de que no os quedáis secos.

  • Si tienes alguna alergia o intolerancia alimentaria, deberás revisar el menú y, ante la duda, ponerte en contacto con los organizadores. El lema es “lo que ves es lo que comes” con lo que no hacen adaptaciones del menú. Si tienes algún problema con algún ingrediente puedes cambiarlo por alguno de tus acompañantes, como hice yo, que pude disfrutar de una ostra extra.

Artículos relacionados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *