En busca de la naturaleza holandesa

Disfrutar de espacios deshabitados donde la naturaleza se abre camino sin cortapisas no es tarea fácil en Holanda. Pero estos rincones verdes existen por todo el país y desde hace un par de décadas se cuidan y respetan con gran mimo. El pasado mes de octubre el Gobierno lanzó la primera encuesta nacional para determinar cuáles eran los más apreciados por los holandeses. Cuestionables para algunos amantes del aire puro y un pulmón extraordinario para otros, estos pedazos de naturaleza son sin duda una sorpresa en uno de los países más densamente poblados del planeta. Estos son los espacios verdes que merece la pena visitar

  1. Hollandse Duinen

Impulsada por el ex secretario de Estado de Economía, Martijn van Dam y con Pieter van Vollenhoven, el marido de la princesa Margarita, como padrino, en la encuesta participaron cerca de 90.000 votantes y los ganadores se dieron a conocer en el programa De Wereld Draait Door. No hubo sorpresas para el primer y segundo puesto: las islas Frisias (Waddengebied) en el norte y el parque nacional De Veluwe, al este, se llevaron la mayor parte de los votos. Pero el tercer puesto fue para las Hollandse Duinen, un espacio protegido en la costa de La Haya que desde hace años pelea por formar parte de la red de parques nacionales del país. Con sus 43 kilómetros de largo y apenas ocho de ancho, el territorio que separa La Haya del mar representa casi un cuarto del total de la superficie de dunas que tiene el país.

Además de los largos paseos que se pueden dar junto al mar, sus caminos por bosque y matorral bajo están bien señalizados y son aptos para adultos y niños. Para los amantes de la historia, este parque cuenta además con restos de la Muralla Atlántica (Atlantikwall), una línea defensiva que fue construida por el ejército alemán en la Segunda Guerra Mundial para prevenir ataques de las fuerzas aliadas por la costa. Se pueden disfrutar de esta y otras muchas curiosidades en los paseos que la red estatal de gestión de los espacios verdes ofrece en su página web.

2. De Biesbosch

Este parque natural es un ejemplo de la tenacidad neerlandesa por recuperar espacios naturales. Al igual que en muchas otras áreas del interior del país, el Biesbosch, cerca de Dordrecht, fue durante décadas terreno de cultivo agrícola hasta que los trabajos del Deltawerk provocaron crecidas de agua que inhabilitaron la zona, declarándola parque nacional en 1994. Años despúes se volvió a introducir en el parque el castor, una especie autóctona de la zona que se extinguió a principios del siglo XIX. Hoy, este mamífero de más de un metro de largo se ha convertido en el emblema del parque que ya cuenta con una comunidad de más de 80 ejemplares. Este amplio espacio de humedales, ríos y canales forman un delta donde confluye el agua dulce de los ríos Boven-Merwede y Amer con la salada del mar del Norte. Desde paseos a pie, en bici o en barco hasta una amplia oferta de actividades deportivas, el parque es un extenso lugar de recreo para los habitantes del área de Róterdam. Ofrece alojamientos tan originales como el Ecolodge, con pequeñas cabañas sobre el agua, y propuestas diferentes como un paseo nocturno en barco durante los meses de julio y agosto o una visita con guía particular a bordo de un antiguo barco pesquero. En la encuesta realizada el pasado año, De Biesbosch quedó en cuarto lugar en la lista de los lugares más votados.

Paseo por el parque a bordo del barco típico utilizado para la pesca del salmón en agua dulce © Debiesbosch.net

3. Oosterschelde

El mayor parque nacional de los Países Bajos, esta zona del sur del país alberga una riqueza de fauna marina inigualable después de que la construcción del gran dique aislara sus lenguas de agua del mar. Por esta peculiaridad, desde hace décadas, este enorme bajío de agua salada se ha convertido en el lugar preferido de muchas especies para el desove y en el hogar de más de 85 tipos de aves migratorias, un espectáculo que atrae cada año a numerosos buceadores y observadores de aves. Además de pasear por su costa, se puede visitar el centro de visitantes Neeltje Jans, que alberga un museo sobre la historia del gran dique y cuenta también con un parque acuático y exhibiciones de animales marinos.

La lengua de arena y agua de mar que conforma el Oosterschelde © Edwin Paree

4. Grenspark

El menos deshabitado de los rincones naturales votados por los holandeses, y en sexto lugar en la lista definitva, este parque reparte sus zonas verdes entre las localidades neerlandesas de Roermond y Venlo y las alemanas de Wassenberg y Brüggen, en el extremo oriental de los Países Bajos. Aunque haya que proponerse esquivar la civilización, una vez dentro de las áreas del parque, el esfuerzo habrá merecido la pena. El paisaje de colinas y brezales típico de esta región se alterna con llanuras áridas y humedales, una buena escapada en la que poder hacer todo tipo de actividades, desde paseos en canoa hasta talleres de fotografía. Y con el atractivo añadido de cruzar de un país a otro sin percatarse.

La región fronteriza de Limburgo se caracteriza por el paisaje de colinas y brezo. © Oficina de Turismo de Zuid Limburg

 

5. Weerribben–Wieden

Libreta en mano para no olvidar su nombre impronunciable, la visita a este parque puede realizarse desde la pintoresca ciudad de Giethoorn. Se trata del área pantanosa más grande de Europa Occidental en la cual gran parte del terreno agrícola es hoy, sólo cinco años después, agua y pantano. Especies como la nutria y el fumarel común se pueden observar desde los muchos paseos en barco que la organización Natuurmonumenten organiza en la zona sur del parque, entre ellos, uno exclusivamente pensado para familias con niños.

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