Bob Crébas, empresario y fundador de Marktplaats

“Para ganar dinero no hay que buscarlo: solo así nos esforzamos más en lo que hacemos”

Cuando en los años ochenta Bob Crébas abrió su primera tienda de segunda mano en Emmeloord, no podía imaginar que dos décadas después se convertiría en uno de los hombres más ricos del país y gracias al éxito de un negocio virtual. El fundador y ex propietario de Marktplaats, la web de venta de segunda mano más conocida de Holanda, con dos millones de visitas diarias, es un emprendedor nato, comprometido con el medio ambiente y con la región que le vio nacer. En 2004, después de vender la web a Ebay por 224 millones de euros, volvió a retomar las riendas de su kringloopwinkel y compró un terreno que hoy alberga un espacio de recreo al aire libre donde se vive más despacio, se come sano y se disfruta de la naturaleza.

​¿Qué lugar ocupa Markplaats en su vida de hoy en día?
Ninguno, absolutamente ninguno. No está en ninguna parcela de mi vida, ni siquiera compro en Marktplaats. Se vendió hace diez años y ese dinero nos dio la oportunidad de emprender otras cosas que queríamos hacer desde hacía tiempo. Además muy poco después nacieron mis dos nietos, fue una bonita coincidencia que realmente nos ayudó a no pensar en la web en ningún momento.

​Cuéntenos como empieza su historia con Marktplaats…
Yo vengo de esta región de Holanda, el Noordoostpolder, que se creó de la nada, y mis padres fueron una de las familias de granjeros seleccionados para vivir aquí. Eran trabajadores, iban a la iglesia…cumplían los criterios. Y sus hijos como yo fuimos a la escuela agrícola. Allí me enseñaron lo orgullosos que teníamos que estar de que nuestros cultivos alimentaran a millones de personas en el mundo entero y también de lo importante que es cuidar nuestros recursos naturales y el medio ambiente. Eran los años sesenta, y yo fui uno de los jóvenes hippies activistas de la época. Todos nosotros veníamos de familias de granjeros que trabajaron muy duro, después de la guerra, y esa idea del esfuerzo la llevábamos en los genes. Así que aunque se tratara de protestar contra las centrales nucleares, por ejemplo, lo hacíamos muy en serio, bien organizados. Entonces mi mujer y yo sentimos que debíamos ser activistas desde un punto constructivo, no solamente protestando, sino fundando algo que diera trabajo y ayudara al medio ambiente. Y así fue como decidimos montar esta kringloopwinkel (tienda de segunda mano) a principios de los años ochenta. Poco a poco, con muy pocos trabajadores y mucho trabajo logramos sacar adelante esta tienda, rentabilizarla y abrir 24 más por todo el país. Era finales de los años noventa y en Holanda empezaba la venta por internet. Entonces pensamos que sería una buena idea tener una plataforma online en la que vender los productos que teníamos en todas nuestras tiendas, siempre pensando en facilitarles las cosas a nuestros clientes. Así que nos pusimos a buscar webs de este tipo que estuvieran en venta y nos encontramos con una que había desarrollado un chaval de 17 años y que nos pareció la mejor. Era Marktplaats. Todavía no estaba activa. Y él la vendía por 600.000 florines (273.000 euros).

A la izquierda, Bob Crébas en el almacén de su kringloopwinkel. A la derecha, la mesa donde se reparan los muebles y objetos que reciben © Fernández Solla Fotografie

Se la compraron y empezó una etapa muy distinta ¿cómo fueron los inicios?
Fue una época muy dura porque no estábamos acostumbrados a trabajar delante de una pantalla, en el mundo virtual. Somos personas de estar fuera y encerrarnos con los ordenadores fue un paso difícil. Además, tuvimos que hacer frente a todos los asuntos legales y económicos que supuso contratar a 115 personas casi de golpe, técnicos informáticos que controlaran la web en todo momento. A partir de ahí, llegaron momentos en lo que hubo que tomar decisiones arriesgadas, como no publicar anuncios con contenido sexual, algo que nos habría reportado muchas visitas. Pero esa decisión, a la larga, en lugar de perjudicarnos nos favoreció, porque la gente empezó a visitar Marktplaats porque era de las pocas que no tenía estos anuncios. Así que creo que si he ganado tanto dinero en mi vida ha sido gracias a que no he tenido miedo de perderlo.

El que no arriesga no gana, pero ¿dónde está el límite en el que dice usted: me planto?
Nuestra familia también se dedica al negocio de la compra venta de caballos. Quizás con este ejemplo se entienda más fácil. Cuando tenemos un caballo al que apreciamos, sabemos que vale mucho y no se nos pasa por la cabeza venderlo por un precio que no creemos justo. La clave está en valorar tu negocio: sólo así eres capaz de esperar hasta que llegue la mejor oferta. En nuestro caso, la mejor oferta fue aquella en la que nos ofrecían tanto por nuestra web que haciendo cuentas vimos que con ese dinero teníamos la vida resuelta, podíamos emprender nuevos negocios y estábamos asegurados para siempre. Cada uno tiene su límite, el nuestro, con la vida que llevamos, era ése, los 224 millones de euros que nos ofreció Ebay. Nos pareció más que suficiente. Para mi hijo fue más difícil vender Marktplaats que para mi mujer y para mí porque para él supuso llegar al pico de su carrera profesional con 26 años y después tuvo que reinventarse.

​¿Por qué logró tanto éxito Marktplaats desde el principio?
En primer lugar queríamos hacer una web que fuera muy sencilla, para vender y comprar productos. Además, hicimos una página totalmente neutral en cuanto a las creencias o las tendencias políticas de la gente. Todo el mundo debía sentirse como en su casa al entrar en nuestra web. Solo nos salimos de esta neutralidad cuando asesinaron a Pim Fortuyn y sentimos que debíamos poner una frase en defensa de la libertad de expresión. Y por último, queríamos que tuviera ese carácter social de los mercados de verdad, donde la gente pudiera intercambiar cosas pero también palabras. Por eso al principio teníamos una sección que se llamaba Gedichten en Gedachten (poemas y pensamientos), que ya no sé si existe, pero que servía para que los que la visitaban tuvieran algún tipo de contacto social. Y creo que conseguimos desterrar la idea de que las tiendas de segunda mano son para la gente pobre que no puede comprar los productos nuevos. Al principio empezó así pero en seguida empezaron a vender sus cosas todo tipo de gente de cualquier medio social, desde los granjeros hasta el alcalde del pueblo.

Según Crébas, desde que existe Marktplaats, la calidad de los objetos que llegan a la kringloopwinkel es menor. Además, los productos de antaño son de mejor calidad que los de ahora, debido a marcas de bajo coste como Primark. Su tienda de segunda mano factura 18.000 euros brutos semanales. Están abiertos a diario.© Fernández Solla Fotografie

Y curiosamente, después de esta aventura volvieron a su lugar de origen…
Sí, cuando compramos Marktplaats vendimos el resto de las tiendas Het Goed que teníamos por todo el país así que cuando nos quedamos sin la web volvimos a nuestro negocio de siempre, a esta tienda, que son nuestros inicios y nuestras raíces. Además aquí sentimos que llevamos a cabo nuestros principios sobre el respeto al medio ambiente: concienciar acerca de la cantidad de cosas que tenemos y que tiramos y que muchas pueden volver a usarse. Y junto a esta forma de pensar, también queríamos invertir y darle un buen trabajo a la gente que lleva con nosotros tanto tiempo. Contratamos a 29 personas, 17 de ellas a tiempo completo.

Pero no sólo el esfuerzo es la clave del éxito porque con su marca de ropa sostenible NetL no les ha ido bien, ¿por qué?
No funcionó porque a la gente no le interesó. No había necesidad de un producto así y creo que es porque el mercado todavía está muy poco maduro para este tipo de iniciativas. Por un lado, la fibra de ortiga, con la hacíamos nuestra ropa, no gustaba. Muchos pensaban que no podía ser un tejido agradable, al fin y al cabo la ortiga no es una planta bonita y encima pica. Por otro, creo que estos negocios no prosperan porque cuando alguien va de compras no quiere que le suelten el discurso sobre proteger la Tierra. En las calles de tiendas de París, por ejemplo, se ve claramente como las personas rehúyen entrar en la tienda de comercio sostenible y se van a la siguiente. Eso es así. Ser consecuente en todos los aspectos de la vida, comer sano, menos carne, reciclar, tiene un límite. Y con la ropa la gente prefiere no saber, porque ya están suficientemente bombardeados. En Holanda es todavía peor porque los holandeses hemos vivido siempre de espaldas a la amenaza del agua. Si realmente fuésemos conscientes del peligro de vivir aquí, el Randstad se vaciaría. Aquí nadie quiere saber y como resultado, casi nadie se preocupa por el cambio climático ni por nada que tenga que ver con nuestro entorno.

Hippie y empresario, en paro y millonario, son muchas vidas en una. ¿Satisfecho?
Siempre he sido una persona feliz, cuando me iban mal las cosas y cuando me fueron muy bien. La esencia de cada uno es muy compleja pero creo que, en mi caso, no hacer nada para que las cosas ocurran, sencillamente dejar que pasen, es lo que ha marcado mi vida. Y cuando se presenta una oportunidad, me tomo mi tiempo. Las decisiones más importantes las hemos tomado mi mujer y yo en la bici, mientras paseábamos una tarde cualquiera por aquí.

¿Qué lecciones ha aprendido de todos estos años?
Lo principal es que para ganar dinero, no debemos buscarlo. Cuando el dinero no es lo más importante, nos esforzamos más en lo que hacemos y lo hacemos mejor. Además al valorar nuestro trabajo somos capaces de esperar pacientemente hasta que llega la mejor oferta, como nos pasó a nosotros con Marktplaats. Es fundamental que lo que emprendamos tenga un significado, para nosotros y para los clientes a los que nos dirigimos. Y la última lección es no dedicar toda la vida al trabajo. Tener tiempo para las aficiones y para nuestra gente. En mi caso, sin mi música yo no estaría aquí sentado ahora mismo y sin mi familia tampoco. Mi mujer y yo siempre nos hemos entendido y hemos hecho las cosas juntos, y nuestros hijos han participado activamente. Lo considero muy importante. A mis nietos les vemos mucho, viven aquí cerca y necesito tener contacto permanente con ellos. Uno se pierde un poco cuando se aleja de su sitio.

Dos imágenes del Wildste Tuin, la última iniciativa de Bob Crébas y su mujer © Bob Crébas

Y después de Marktplaats, llegó el Wildste Tuin, ¿qué es?
Mi mujer y yo lo pensamos durante otro de nuestros paseos en bici. Queríamos invertir nuestro dinero en un espacio natural donde los adultos y niños pudieran desfogarse y entonces compramos un terreno aquí cerca, al borde de un lago, donde fundamos el Wildste Tuin, que tiene un cámping, un restaurante, un huerto y muchas actividades al aire libre para que todos disfruten. Nos gustan mucho los jardines naturales, salvajes, y con esa idea construimos esto que ahora queremos convertir en una especie de Blue Zone, un lugar donde las personas envejezcan bien, sin estrés pero sin dejar de trabajar, activos para los demás, con una dieta sana a base de frutos secos, verdura…y donde haya oportunidades para reunirse y socializar, como hacéis muy bien en España. Esa es la clave de las “zonas azules” del planeta, donde la gente vive más. Y eso es lo que queremos replicar.

Usted ha publicado un libro que se titula Iedere Dag Vrij, ¿así de libre se siente usted ahora?
Cuando no se tiene dinero, la preocupación por conseguirlo es muy parecida a la que se siente cuando se tiene mucho. En ambos lados se está constantemente pensando en el dinero. Y eso es algo que yo tengo claro que no quiero. Para mí la libertad consiste en dedicar mi tiempo a las aficiones que me llenan, a cuidar del jardín, a mi negocio, a disfrutar de las cosas corrientes del día a día.

 

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