Anja Noorlander, molinera en Kinderdijk

“La vida en un molino Patrimonio de la Humanidad no es tan romántica como parece”

Anja Noorlander está reconocida por la UNESCO por partida doble. Por un lado, por ser una de las pocas molineras tradicionales que todavía quedan en Holanda, una labor que en 2017 pasó a la lista del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad; y por otro, por vivir en uno de los 19 molinos centenarios que salpican el Kinderdijk, una de las ocho maravillas holandesas reconocidas por esta organización. La pasión de Anja por los molinos de viento le llevó a instalarse en uno de ellos hace veinte años, y desde su hogar de aspas confiesa que es un trabajo duro y que el aumento desmedido de los turistas afecta cada vez más a su día a día. En él vive con su hija después de que este desaforado gigante se llevara la vida de su marido por delante. Pero su voz se atempera cuando menciona los privilegios de este lugar único: separado del resto del mundo por dos kilómetros inaccesibles en coche, en una casa que tiene más de 250 años de historia y en contacto directo con una naturaleza de gran belleza. Reconoce que ha encontrado su lugar en el mundo.

¿Por qué vinieron a vivir aquí?
Ni mi marido ni yo éramos molineros, no teníamos ninguna relación con este mundo. Sencillamente nos apasionaba

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